Un euro por un kilo de alga seca

Los sargazos se venden para usos médicos, farmacológicos o cosméticos

El malpicán Javier Freijeiro extiende varios sacos de algas para su secado y posterior venta a un intermediario.
El malpicán Javier Freijeiro extiende varios sacos de algas para su secado y posterior venta a un intermediario.

carballo / la voz

Numerosas familias del litoral gallego se dedican desde tiempos inmemoriales a la recogida y secado de algas que, en la mayoría de los casos, servían de abono para el campo. Sin embargo, la crisis y el paro ha obligado a muchas personas, que habían abandonado este oficio propio de finales del siglo XIX, a retomarlo.

Varias familias de la Costa da Morte utilizan esta materia prima para venderla a un intermediario quien, posteriormente revende a farmacéuticas y empresas del ramo de la cosmética. Por término medio, una persona que se dedica a esta labor gana un euro por cada kilo de alga recogida y secada.

Se trata de un precio que apenas ha subido con respecto a los últimos años. En el 2005, un intermediario abonaba de media 0,75 euros el kilo, según la especie.

Es durante los meses de verano, cuando un puñado de vecinos bajan a las rocas armados con saco y guantes para arrancar algas de las rocas. Después las secan al sol -dicen los expertos en la materia que sobre el asfalto caliente de carreteras poco transitadas el proceso es más rápido- y una vez libres de agua las almacenan. Si no hay una vetusta vía en la que desplegar los vegetales, utilizan las aceras o, el paseo marítimo, como sucede en Camelle, Arou o Santa Mariña (Camariñas) por citar tres ejemplos.

Javier Freijeiro es de Beo, en la parroquia malpicana de Vilanova. A sus 39 años y después más de 20 sin ir a recoger algas, ha vuelto a la playa. Lo hace para sacarse unos eurillos extra. Este desempleado -aunque empieza a trabajar en una empresa el próximo lunes- se saca, según la intensidad de las mareas, entre 300 y 400 euros mensuales.

Según sus palabras, aunque parece un proceso fácil, no lo es en absoluto: «Hai que saber escoller a materia prima e sabela extender. Son moitas horas de esforzo. Catro horas de apaño e outras catro de secado. É un traballo duro para a recompensa obtida».

Javier Freijeiro utiliza la técnica empleada por su madre, ya jubilada. Los nombres de las variedades de algas recolectadas no son muy científicos que se diga: rizo, pata, fideo, trapo negro, trapo fino... Las algas que no valen para su venta son las de la arena.

La crisis azota y de lo lindo. Esta actividad, que empezaba a ser visible en algún libro fotográfico antiguo, ha resurgido de sus cenizas. Solo en Malpica unas veinte personas se dedican a esta actividad en verano.

«Catro horas de apaño e outras catro de secado. É un traballo que require moito esforzo»

Javier Freijeiro

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