Ni el Apóstol llena el Gaiás

maría cedrón REDACCIÓN / LA VOZ

GALICIA

VÍTOR MEJUTO

La afluencia de visitantes a la exposición «Gallaecia Petrea» es mínima

29 jul 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

-«¡El dinero público se gasta con una alegría!...». La frase sobrevuela el aire que envuelve al complejo del Gaiás, en Santiago. Procede de la conversación que mantienen dos parejas de mediana edad que salen de ver la muestra Gallaecia Petrea, la gran apuesta de la Xunta para inaugurar el Museo de Galicia, uno de los edificios del que, según publicó hace unos meses la revista Time, es uno de los «elefantes blancos» que muestran el despilfarro de dinero público llevado a cabo en España hace unos años.

Estas dos parejas no son las únicas a las que se escucha hablar de cómo invertirían los cerca de 300 millones de euros que se llevan ya dedicados a este complejo del arquitecto norteamericano Peter Eisenman. Incluso dan alguna idea.

Pero para ser un viernes del mes de julio, en plena semana grande de las fiestas del Apóstol, no hay mucha gente admirando las curvas de ese mastodonte o las obras que componen una muestra que tiene un presupuesto de gasto de más de 8.000 euros al día. Solo el montaje, producción, desmontaje y transporte han supuesto al erario 881.781 euros. «Por lo menos no se han gastado el dinero en langostinos», dicen dos amigas que vienen de Andalucía y que parecen poner al despilfarro buena cara. Van apuradas. No se paran. «Es que no pillamos el bus que pasa cada hora», se disculpan.

Escaso público

Entre ese escaso público que se ve paseando por el complejo hay los que no van tampoco al museo (la consellería no quiso dar datos de cuántos lo habían visto). Solo pasean o hacen fotos delante de la escultura de la artista Alicia Martín que hay junto a la cafetería. «Es que cuatro euros... somos dos, cuatro y cuatro. Además me han dicho que no merece la pena», reconoce un reputado artista gallego que justo en ese momento pasa por delante.

Esa sala, la que alberga el bar, es quizá el espacio más concurrido a esas horas en el complejo del Gaiás. Solo en la barra, por ejemplo, hay media docena de obreros tomando el aperitivo frente a tres turistas.

A unos metros está la entrada al museo. Para llegar hay que atravesar una explanada que deja a la vista el edificio paralizado de la que iba a ser la Ópera de Galicia.

-¿Cuánto cuesta la entrada?

La joven que atiende en la recepción del museo responde con suma amabilidad. «Con el carné de estudiante vale dos euros, pero el precio normal... son cuatro euros», dice bajando un poco el tono de voz, como en un intento de disculparse.

Con cuatro euros menos en la cartera las entrañas del museo del Gaiás quedan al descubierto. El monstruo no solo ha hipotecado, como comentan algunos artistas, el futuro de cualquier otro proyecto artístico que pueda surgir en Galicia, también carece de uno de los tres pilares fundamentales que ha de tener una obra arquitectónica, funcionalidad.

No hay que ser experto para ver que las paredes del museo no tienen lugar para poder colgar un cuadro de gran formato.

De hecho la propia Xunta preguntó ya en su momento a Eisenman por qué había utilizado unas estructuras que impiden colgar en las paredes de la sala principal obras de arte obligando a sobreponer placas para poder colgar un cuadro. La respuesta, según el alto cargo que hizo la pregunta, fue «fucking artist» (jodidos artistas).

Dentro de las salas que acogen la historia de Galicia a través de la piedra aún se ve menos público. No sabría decir cuándo hay más gente, quizá el sábado por la mañana, aunque cuando hace sol todos para la playa», comenta uno de los obreros que trabajan en el exterior. Porque dentro del museo los únicos compañeros de recorrido -donde destaca más la madera del montaje que la piedra- son una familia italiana, un hombre mayor que parece admirar cada pieza, y una mujer extranjera que se detiene en cada vídeo. Otra pareja y otra familia entran cuando el resto termina el recorrido de una hora.

Lo hacen justo cuando una de las que salen se acerca al mostrador de entrada para hacer una pregunta: «¿El museo?».