Cuando la seguridad de los más pequeños es lo que importa

José Manuel Pan
José Manuel Pan REDACCIÓN/LA VOZ.

GALICIA

Campaña de la DGT para controlar el buen estado de los autobuses escolares

22 oct 2010 . Actualizado a las 03:22 h.

Cinco de la tarde. La explanada interior del colegio Hijas de Cristo Rey, en el municipio coruñés de Oleiros, empieza a llenarse de autobuses azules. Aparcan en batería ante la salida principal. En media hora saldrán a la carretera repletos de escolares. Antes de que eso ocurra, la barrera de la entrada se levanta para permitir el paso de una patrulla de la Guardia Civil de Tráfico. Es día de control. Los autobuses escolares pasan variadas inspecciones a lo largo del año, pero al comienzo del curso la Dirección General de Tráfico (DGT) dedica una semana a la vigilancia específica de este singular servicio de transporte. Los dos agentes de la patrulla encargados de este servicio se dirigen a los conductores para comunicarles que habrá control. No hacía falta, los chóferes (entre ellos hay una mujer) ya tienen los papeles en la mano desde que vieron el coche verde y blanco. Han de mostrar el permiso de circulación, el recibo del seguro, la tarjeta de inspección técnica, la autorización para realizar servicios de transporte escolar y, por supuesto, el carné de conducir. Los agentes también hablan con la directora del centro escolar para utilizar la explanada interior, más cómoda y segura para ejecutar la inspección. Ningún problema. Todos colaboran. Lo que importa es la seguridad, y más cuando se habla de niños. «Hay mucha concienciación en todo lo que rodea al transporte escolar, tanto por parte de las empresas como de los colegios», explica uno de los agentes. «Los niños son imprevisibles» Los autobuses escolares apenas tienen accidentes de consideración. La mayoría ocurren en las subidas y bajadas de los niños, tanto en el centro como en la parada de sus domicilios. Ese es el momento de mayor riesgo. «Los niños son imprevisibles y pueden cruzar de repente una calle y ser atropellados por otros vehículos», advierte un guardia civil. En esa maniobra adquiere especial importancia la figura del acompañante, obligatoria para el transporte en los colegios que tengan al menos una tercera parte del alumnado con menos de 16 años. Su cometido es clave: ordena el traslado de los escolares entre el autobús y el recinto escolar y vigila la subida y bajada de los autobuses. Ya dentro, revisa y comprueba que los menores viajan sentados y cumpliendo las normas de seguridad. Un agente sube al autobús. El examen incluye los cinturones de seguridad (obligatorios en los autobuses fabricados desde octubre del 2007) y la existencia de ventanas de emergencia y de extintores. La inspección continúa cuando los niños ya están subiendo a los autocares. Pasan unos minutos de las cinco y media. Todo está en orden en el interior del vehículo. El otro agente ya ha revisado las ruedas y ha hecho un examen visual desde el exterior. A los chóferes les queda una prueba más, la de alcoholemia. Ni gota de alcohol. «Es lo normal en estos profesionales», asegura un agente.