La carretera que viene y va

GALICIA

La PO-313 en Marín recuerda al Guadiana. Su señalización horizontal aparece y desaparece en un pulso de pintado y borrado que enfrenta a vecinos y Xunta

28 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Nadie sabe quién fue. O quizás nadie quiere decir quién aplicó la brocha de color negro, pero algo más de un kilómetro de la PO-313, a su paso por la localidad pontevedresa de Marín, perdió en la madrugada de ayer su señalización horizontal. Este suceso tiene precedentes. Se trata de la tercera vez desde que empezó el año. Es un capítulo más de un conflicto por una línea continua que enfrenta a los vecinos con la Xunta, titular de la calzada.

Los conductores que circulan por esta carretera, la principal vía de comunicación entre Marín y Moaña, se han acostumbrado a que, desde febrero, las marcas que señalan los carriles estén o no estén, dependiendo del momento vital del particular pulso con la Administración.

La causa de la discordia data de las últimas semanas del bipartito. Política Territorial acababa de asfaltar la carretera entre el límite del casco urbano, en Coirados, hasta la rotonda de Pardavila, a algo más de dos kilómetros monte arriba. Todos contentos, porque así se esperaba que acabasen los problemas que causaba el resbaladizo firme anterior.

Giros a la izquierda

La conformidad duró poco. A la hora de pintar las marcas de los carriles, los vecinos consideraron que la Xunta se había excedido con la línea continua. Y es que de tener marcas discontinuas en casi todo el trayecto pasaron a no tener casi ninguna.

Nació así la polémica por la falta de giros a la izquierda. La señalización oficial no deja acceder a los usuarios a las empresas ni a los vecinos a sus viviendas como antes. La mayoría, con el diseño propuesto, tienen que dar un recorrido de dos a tres kilómetros para poder entrar en el sentido contrario de la vía.

«Non ten lóxica facer este pintado», indicaba ayer uno de los vecinos de la zona al comentar lo ocurrido desde hace tres meses. «Ao quitarnos os xiros á esquerda, para ir á farmacia hai que percorrer case tres quilómetros, e se queres ir á casa, tamén», señaló otro. «Antes dábanos para entrar directamente», recalcó.

Empresarios y vecinos expusieron sus quejas al alcalde, el socialista Francisco Veiga, que mostró su apoyo público a las reivindicaciones. El malestar se hizo tan profundo que alguien rompió la continuidad de la línea divisoria de los carriles usando pintura negra.

Entretanto, PSOE y BNG perdieron las elecciones y los vecinos esperaron que la nueva Xunta se mostrase más sensible a sus peticiones. En las últimas semanas del bipartito, se produjo el segundo repintado, el 22 de abril. La segunda señalización permitía la reposición de varios giros a la izquierda, aunque no satisfacía las aspiraciones de gran parte del vecindario. El resultado no se hizo esperar, porque a la siguiente madrugada, la del día 23, la brocha borró grandes tramos del trazado.

Las gestiones y quejas ante la nueva Administración autonómica cayeron también en saco roto -el alcalde aún está pendiente de que el delegado territorial de Pontevedra lo reciba-. La Xunta se escuda, tanto antes como ahora, en la normativa de tráfico.

El pasado día 19 la línea continua regresó a más de la mitad de la carretera, para indignación de los afectados. En la madrugada de ayer se repitió la historia y la polémica línea volvió a desaparecer, cual Guadiana. Los vecinos lo tienen claro: «Queremos a liña orixinal», sentenció ayer uno.