«Aquí no se sabe cuándo acaba el mes»

GALICIA

Dozón deja escapar la oportunidad de la autopista y explora hasta dónde puede estirar el plus de resistencia

28 dic 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

A Dozón le dieron el último navajazo el año pasado con la apertura del tramo gratuito de la autopista Santiago-Ourense. Ahora, por la antes animada N-525 apenas discurre el tráfico local y, aún encima, el enlace del pueblo con la autovía es solo en un sentido. Los que vienen de Ourense no pueden salir. Así de absurdo. De manera que el progreso en forma de autopista ha tenido una consecuencia perversa: lejos de convertirse en una oportunidad de crecimiento económico, ha ensombrecido los cuatro negocios del pueblo y acercado todavía más a los vecinos de Dozón a Lalín, la villa que ha vampirizado por completo a este concello con la renta familiar más pobre de Galicia.

«Non, non. Equivócaste. O máis pobre é Beade, que está na provincia de Ourense», replica una funcionaria municipal en plena hora del café. Pero el dato es incontestable y, comprobado, provoca reacciones diversas en el escaso microcosmos del bar. La más airada, la del farmacéutico: «Yo he visto muchas cartillas de esta gente y se sorprendería con lo que tienen. Además, puede estar seguro de que aquí no hay ni hipotecas ni crisis. No se conocen embargos y puede poner que estamos orgullosos de que aquí no sabemos ni cuándo empieza ni cuándo acaba el mes». La contundencia del farmacéutico es matizada por otros parroquianos que confirman que hay muchas familias con explotaciones ganaderas muy lejos de tener problemas económicos, aunque también mucha gente mayor con pensiones muy bajas. En cualquier caso, nadie asume el deshonor estadístico, lo cual no oculta que, por ejemplo, en todo el concello no haya ni una oficina bancaria y poco más que una tienda de comestibles.

Sin núcleo

«La peculiaridad de este ayuntamiento es que nunca tuvo un núcleo de referencia, ya ve lo que es este pueblo. Y ha sido fagocitado por Lalín», admite el alcalde, que tampoco ve con buenos ojos («¿Me deja ver esos datos?») la posición municipal en el ránking de renta familiar en Galicia. Se queja de la faena que les ha hecho la Xunta con el acceso a la autopista y vincula la caída del municipio a lo más bajo de la renta gallega a la mala situación por la que atraviesan los ganaderos, muchos en el menguante censo municipal. «Dozón es un espejo de lo que hoy es el interior de Galicia», concluye el alcalde. Y alguna razón tiene, aunque el hermoso concello que gobierna tal vez se ha dejado llevar un poco más de la cuenta por esa tendencia.

En el interior del municipio llama la atención la densidad de granjas intensivas. Muchas de ellas, de aves o cerdos, trabajan para grandes firmas que alquilan las instalaciones y el trabajo del propietario, de manera que ni las mayores explotaciones revierten los beneficios en el concello. Muchos núcleos carecen aún de alcantarillado o traída de aguas municipal y la actividad de recuperación de casas o nuevas construcciones ha bajado mucho menos que en otros sitios por la sencilla razón de que nunca cobró mucha intensidad. Los pocos que preguntan se encuentran ahora con que no hay plan de ordenación.

El colegio, una fiesta

En el centro escolar hay 43 alumnos y ocho profesores, una proporción soñada. Allí, ir al colegio un lunes significa todo lo contrario que en el resto del mundo: «Os nenos veñen encantados -cuenta la directora-, ata o punto que algúns chegan enfermos e, cando avisamos a casa, a nai dinos que non o querían enviar, pero que o cativo montoulle un número para vir».

Para la ayuda a domicilio, el servicio más exigente de la asistencia social, se bastan cuatro auxiliares. Les toca ayudar a algún gran dependiente que hay en el municipio, pero las trabajadoras tampoco entienden muy bien eso de que están en el concello más pobre de Galicia: «Moi pouquiña xente vive soa. Case todos teñen alguén máis na casa e eu non vexo que pasen moita necesidade», explica una de las asistentas.

Es posible que, como decía el ofendido farmacéutico, el fin de mes ahogue más en cualquier ciudad de Galicia que en Dozón. El plus de resistencia se inventó en sitios como este y ahora funciona más que nunca. Sin embargo, el futuro no es un valor que cotice al alza en Dozón. Y ahora, aún menos. Ya casi se han convertido en una extensión de Lalín, donde van a trabajar, a comprar las cosas, a la piscina, al banco, al instituto... Hasta el alcalde vive en Lalín.