Un vecino de Triacastela fue sorprendido de madrugada por la Guardia Civil cuando estaba aparcando el vehículo en la céntrica calle de los vinos sarriana.
28 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.No suele estar el lunes entre los días señalados por su marcha nocturna en la localidad lucense de Sarria, famosa eso sí por su notable ambiente festivo en los fines de semana. La escasez de ambiente no supuso sin embargo un inconveniente para que el vecino de la próxima localidad de Triacastela M.B.F. decidiera escoger la villa para llenar sus horas de ocio. Con los planes de salida ya decididos -y como carece de vehículo de su propiedad-, el joven no tuvo una idea mejor que la de parar en la aldea de Reiriz (Samos) -a medio camino entre Triacastela y Sarria- para hacerse con un tractor ajeno y acercarse de esta manera con toda comodidad al lugar escogido para disfrutar de una noche divertida. Alrededor de las tres de la madrugada el decidido joven hizo su entrada en el núcleo urbano de Sarria y pocos minutos después se dirigió a la céntrica y, en esta ocasión, poco concurrida calle de los vinos. Una vez que llegó a su lugar de destino y como no era cuestión de que lo fueran a multar por cometer alguna imprudencia procedió a aparcar con sumo cuidado el moderno descapotable que pilotaba. En plena maniobra de aparcamiento, y cuando procuraba por todos los medios no rozar ninguno de los vehículos aparcados en la zona, tuvo la mala fortuna de coincidir con una pareja de la Guardia Civil que realizaba su ronda habitual de patrulla. La avanzada hora, las características del vehículo y el hecho de encontrarse en pleno centro del casco urbano hizo sospechar a los agentes que algo raro estaba sucediendo. Así, decidieron bajarse del automóvil y averiguar la procedencia y el destino del conductor del tractor. Las explicaciones del cuidadoso conductor no convencieron a los guardias, que una vez realizadas las pertinentes comprobaciones detectaron de inmediato que la identidad del conductor de tamaño vehículo agrícola no se correspondía en absoluto con la de su propietario. Al final la escapada nocturna de este vecino de Triacastela concluyó en el cuartelillo en lugar de en uno de los agradables bares de copas de Sarria.