Un calor que nos deja helados

La Voz LUÍS VENTOSO

GALICIA

Tras décadas quemando combustibles a la brava lo estamos consiguiendo: el cambio climático está aquí y no parece que la humanidad vaya a ser capaz de torcerle el brazo. Ya no pasa una semana sin sobresaltos. El lunes, los telediarios contaban que icebergs gigantes navegan en una latitud nunca vista, cerca de Nueva Zelanda. El miércoles Cantabria, paradigma de la España umbría, establecía cortes de agua por una sequía galopante y ante unas temperaturas insólitas para esta época. El jueves, en Santiago se llegó a los 26 grados (¡un 9 de noviembre!). Y ayer, los científicos nos anunciaron que Galicia acabará el siglo con un clima mediterráneo. ¿Solución? Mala. China e India, las naciones más pobladas del mundo, que eran parias industriales, se han incorporado -con todo el derecho- a la carrera del progreso, y no lo hacen precisamente con pulcritud medioambiental. Estados Unidos, el mayor contaminador del planeta, está gobernado por el mejor de los amigos del lobb y petrolero y pasa por completo del problemón. Europa predica y predica, pero practica poco e influye todavía menos. Sobre el futuro de los críos de hoy se ciernen tres amenazas aterradoras: la posibilidad de golpes terroristas nucleares, las catástrofes asociadas al cambio climático y la amenaza de un ataque biológico a gran escala. Quién nos iba a decir que iniciaríamos el siglo XXI añorando los tranquilos días de la Guerra Fría.