Si se le pregunta por las cosas que importan en la vida, contesta con una frase del tute y la brisca: «As feitas son as que valen»
09 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Nadie lo diría, pero el refugio de José López Calo (Nebra-Porto do Son, 1922) en la residencia de los jesuitas de Santiago es un hervidero de tecnología punta puesta al servicio de la música. Uno firmaría donde fuera por llegar a sus años con la mitad de su vitalidad. -No parece que lleve diecisiete años jubilado, todo el día produciendo... -Pues mire, sí. [Se ríe] Sin embargo, hubo un momento en mi vida en que sí pretendí aislarme... Quería dejarlo todo y retirarme a una de las casas de oración que tenemos los jesuitas, a prepararme para el encuentro con Cristo. -¿Y? -Pues todos a los que consulté me dijeron que no, que diese mejor un vuelco a mi vida y la llenase de un sentido espiritual. -Y se lo dio a través de las partituras... -Mire, quizás este entusiasmo que tengo, esa vitalidad, si lo prefiere, proviene de una anécdota de mi vida que me impactó profundamente. Sucedió en 1951. Estaba yo en Hiroshima, en Japón, y fui a visitar un colegio de monjas americanas en las afueras. En las aulas, sobre el encerado, tenían una inscripción: Procuremos dejar el mundo, cuando nos vayamos de él, algo mejor de lo que lo encontramos. -Y usted sigue esa pauta ¿En qué anda ahora? -Embarcado en una obra sobre la música en la catedral de Valladolid, espero que sea una de mis grandes obras. -Es un gran estudioso de la obra de un gallego, Juan Montes, del que muchos apenas saben que es el compositor de «Negra Sombra». ¿Qué tiene Montes? -Me decía Joam Trillo que si Montes hubiera nacido en Leipzig o en Berlín, hoy sería un Mendelssohn. ¡Pero nació en Lugo...! [sonríe]. -Un inciso: leo que fue consultor de la Radio Vaticana. ¿Qué tal se llevan los papas y la música? -Pablo VI no escuchaba música. Pero ¿sabe?, Pío XII era un grandísimo violinista y hasta el fin de su vida siguió tocando para distraerse. -No veo al obispo de Roma moviendo el arco... -Ratzinger toca el piano. -En cualquier caso, ahora que está en Galicia, ¿se enseña bien la música aquí? -Yo le respondo: no solamente se está enseñando bien, sino muy bien. En los años que llevo en Galicia, el cambio ha sido total. Hoy no tenemos que importar músicos, los exportamos. Tenemos dos grandes orquestas en Santiago y en A Coruña, y yo defendí que hubiese una tercera en Vigo. La Real Filharmonía y la Sinfónica son de las mejores orquestas, incluso a nivel mundial, en su género. -Creo que está preocupado con la Cidade da Cultura... -Es una pena que se haya paralizado y, por lo que deduzco, se va a tergiversar el gran templo de la música que se iba a construir. Siempre dije que había que hacer un edificio que, como la Ópera de París, fuese para doscientos años. Desgraciadamente, la vida es así y tenemos lo que tenemos. Valencia acaba de hacer un edificio impresionante y no es por ser campanerista, como dicen los italianos, pero, si en Valencia se hace, ¿por qué aquí no? -[Se hace el silencio, así que cambiamos de tercio] ¿Y qué tal anda de cine? ¿Alguna preferencia? -Me gustan las películas románticas, como Lo que el viento se llevó. Y el cine antiguo, incluso el mudo, que tenía un mensaje positivo. No me gustan las películas donde lo primero que salen son escenas de cama y monsergas de esas, como si eso fuera todo. Me gusta mucho el cine bélico y los tiempos de Liz Taylor y compañía; me sé Cleopatra de memoria. ¡Y me gustan los musicales! Cuando voy a Nueva York siempre voy a dar un paseo por la parte de abajo de la Quinta Avenida, me gustan las luces de Broadway y aquellos teatros. -Y es usted un tecnólogo: ordenador Mac, TFT panorámico, DVD portátil... -¡Hay que estar al día! -Vamos a ver qué escucha la gente... [saco la lista de «Los 40 principales»] En el número 1 está Madonna y luego Amaral, Chenoa, Chambao, unos monjes budistas. ¿Qué le parece? -Esas listas están hechas en base a las ventas. Pero, a veces, voy a las tiendas a fijarme en lo que compran los jóvenes y también piden música clásica, y saben lo que piden. -¿Una banda sonora para su vida? -¡Me pone en un brete! Dudaría entre Mozart, Bach, Beethoven, Debussy... Y Montes, que me gusta mucho. -¿Baila? -Nunca, pero sin eso se puede ir al cielo [carcajada].