La marca Xacobeo se consolida

Cristóbal Ramírez A CORUÑA

GALICIA

Análisis | Doce preguntas sobre el primer año santo del milenio La falta de un gran congreso sobre Santiago y los orígenes de Europa, así como el feísmo en los Caminos, fueron los dos grandes retos que quedaron por cumplir

16 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Adiós al Xacobeo 2004. Hace justo un año, este periódico planteaba doce interrogantes acerca de cómo iba a ser el año santo en su vertiente civil. Otros tantos meses después, es bueno echar una mirada atrás y hacerse las mismas preguntas. ¿Cuántos visitantes recibió Galicia? El alcalde de Santiago comentaba antes del verano que si llegaban a tres millones las pernoctaciones en su ciudad se daba con un canto en los dientes. La Xunta insiste en lo imposible: doce millones de visitantes, lo cual significaría 32.876 personas arribando un día sí y otro también a Galicia, algo fuera de toda lógica. Lo más probable es que se hayan rozado en total los cuatro millones en Compostela, lo cual quiere decir 10.958 al día todos los días del año, una cifra en verdad impresionante. ¿Existió un programa cultural digno de tal nombre para estos doce meses? Sí, lo hubo, pero ya anunciábamos que se trabajaba con «evidente retraso», y así fue. Improvisaciones de última hora condujeron a que en varios actos la afluencia de público dejase mucho que desear. Otras figuras fallaron. Por los Caminos adelante, mucha fiesta en algunos casos casposa. Faltó un gran congreso sobre el fenómeno xacobeo y los orígenes de Europa, justo este año en que se firmó la primera Constitución europea. ¿El Fórum de Barcelona fue competencia para el Xacobeo? En realidad, no. El Fórum se convirtió en una cita discutida en la calle y mal llevada desde el punto de vista de su propia relación con los medios informativos, hasta el punto de que cogió fuerza la imagen de que se trataba tan sólo de una operación inmobiliaria bien maquillada. ¿Estaban los Caminos de Santiago preparados para recibir la avalancha de peregrinos? No, y siguen sin estarlo, más que nada los minoritarios, que son todos menos el Francés (O Cebreiro-Compostela). Poca gente transitó por ellos, excepto por el principal. Las deficiencias no se refieren tanto a la hostelería (a la cual en general hay que calificar de aprobado para arriba) como al feísmo: váteres, colchones y furgonetas abandonadas, establos horrorosos, lavaderos de uralita... causan una lamentable impresión a los que visitan Galicia. ¿Fue posible recorrer los ocho Caminos en su itinerario gallego? Sí, excepto el tramo Feces de Abaixo-Verín (que viene desde Portugal), ya que estuvo cortado puesto que nadie reparó el puente que se llevó una riada. En el Portugués, que en enero se hallaba cerrado poco después de Padrón, la Xunta buscó una alternativa, aunque asfaltada, nada bonita y poco grata para el caminante. ¿Cuándo vuelve a ser año santo? En el 2010. En este 2004 la Iglesia Católica se mantuvo firme en su posición de conceder la compostela sólo a aquellos que cumplían los requisitos que exigía, y rechazó a los que o bien no habían cubierto los kilómetros necesarios o bien manifestaban que eran simples turistas. ¿Hubo que pagar en los albergues? Sí, pero no el usuario sino todos los contribuyentes. Galicia es la única comunidad en la cual los albergues salen gratis para todo el mundo, lo cual ha generado cierta polémica. La Xunta se anotó un tanto al lograr abrir en enero el de Bruma (Mesía, Camino Inglés), cerrado durante dos años. ¿Los voluntarios tuvieron algo que hacer en el Camino? Ese fue otro gran éxito de la Xunta. Organizados en el programa Xacovol, más de mil personas desarrollaron labores de vigilancia medioambiental y ayudaron a hacer el Camino a personas con minusvalías. ¿Se pudieron visitar todas las iglesias y monumentos? Aunque este periódico aventuraba hace un año que sí, fue que no: las capillas pequeñas permanecieron cerradas excepto en los momentos de culto. Sigue haciendo falta un acuerdo al respecto con la Iglesia Católica. ¿Se contó con suficientes establecimientos de turismo rural? Sí, excepto a finales de julio y en agosto. De todas formas, se necesita una marca que las uniformice: el cliente no distingue a priori un establecimiento sencillo de uno de lujo. ¿Fue necesario el Ejército? En ciertos casos, pero su presencia resultó menos llamativa que en los Xacobeos del 93 y 99, quizás porque ya no era nada nuevo. Se colocaron tiendas de campaña en algunos municipios, utilizadas por peregrinos que no encontraban otro lugar mejor para dormir. En resumen, ¿el Xacobeo fue positivo para Galicia desde el punto de vista económico? A pesar de las evidentes exageraciones en las cifras y la incomprensible falta de planificación, el Xacobeo atrajo a cientos de miles de personas que en un año no santo no se hubieran llegado a Galicia. El Xacobeo, así, emerge como una marca vendible que necesita un aire nuevo.