El presidente de la Xunta reivindica el Estado de las Autonomías como garantía de la unidad de España y arremete contra quienes tratan de «minar sus bases» y de «imponer rupturas»
30 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Esta vez no estaba el Rey, que encomendó al presidente de la Xunta, Manuel Fraga, la labor de actuar como delegado regio en la ceremonia de conmemoración del traslado de los restos del Apóstol. Pero seguro que don Juan Carlos habría suscrito en buena medida el mensaje del presidente gallego. Y es que, igual que hizo el monarca en su mensaje televisado de Nochebuena, Fraga centró su discurso en la defensa de la Constitución como «máxima garantía de unidad y democracia» y en la defensa de la unidad de España frente a quienes «irresponsablemente, tratan de minar las sólidas bases garantizadas por el Estado de las Autonomías». Como contrapartida, el presidente de la Xunta rogó al Apóstol para que las diferencias y los conflictos se resuelvan «por la vía del diálogo y el entendimiento» y para que «nadie imponga rupturas ni vueltas atrás». En un año como este, en el que el terrorismo se erigió en protagonista de la actualidad, Fraga también tuvo palabras para condenar a quienes recurren a la violencia y a los que «en nombre de cualquier ideología o extremismo religioso se niegan a comprender que la vida es el máximo valor de la Humanidad». Solidaridad Del mismo modo, también hubo espacio en la ofrenda para los damnificados por el maremoto en Asia, por quienes intercedió Fraga ante el Apóstol. Y para los inmigrantes «que buscan honradamente o seu futuro», por quienes el presidente gallego prometió hacer todos los esfuerzos necesarios para acogerlos en Galicia, igual que fueron acogidos los gallegos en tantos países. Ya puestos a pedir, Fraga también se acordó de las gentes del mar y rogó al Apóstol para que Galicia siga siendo «un espazo limpo e saudable» y se libre de la contaminación. Fue, sin duda, un acto especial para Fraga, quizás la última ceremonia de Traslación a la que asiste como presidente de la Xunta y también la culminación de su último año santo al frente del Ejecutivo autonómico. En el horizonte de la ofrenda, leída con notable dificultad, quedó la referencia al próximo Xacobeo, que se celebrará en el 2010, pero del que, según el oferente, «soa xa o esperanzador chamamento». Como herencia destacable de este año que termina, queda para el presidente gallego la «justa concesión» del premio Príncipe de Asturias de la Concordia al Camino de Santiago, que viene a reconocer el significado de esta vía como «encarnación del significado profundo del ser humano». El otro orador de la ceremonia, a la que asistieron más de 2.000 personas en una catedral abarrotada, fue el arzobispo Julián Barrio, quien también aludió en su discurso al terrorismo y a la violencia, «generadores de miedo y angustia en la convivencia». Barrio apeló igualmente al valor moral de los cristianos para asumir su fe, «aunque serán tachados de inflexibles algunas veces, de permisivos otras».