En Directo | Una jornada de pesca en un barco artesanal La tripulación del Nuevo Perla desvela al turista todos los secretos de la profesión más peligrosa del mundo. Ha nacido en Lira una nueva forma de turismo de aventura
31 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?Cola-caos, mansanillas ..., ¡pero isto que é! Éche ben certo que xa non quedan mariñeiros», grita fingiendo indignación un pescador curtido en mil lances cuando ve tan exóticas bebidas desplegadas sobre la barra del Pedrapás, uno de los pocos lugares en el que la vida comienza cuando el sol aún está calentando en Australia y parada obligada de los marineros para largarle café y caña antes de salir al mar. Ahí es también donde el patrón del Nuevo Perla , Jesús Caamaño - Chuchú para los lirenses-, conoce a los turistas que ese día formarán parte de su tripulación. Y es que, después de sus roces con Capitanía Marítima, la Cofradía de Lira ha podido sacar adelante su iniciativa de incluir el trabajo marinero en la oferta de turismo de aventura, no en vano la pesca es una de las profesiones más peligrosas del mundo. Claro que en esta época pocos riesgos puede tener navegar en un mar podre , como llaman los marineros de Carnota al mar que está como un plato: «Tiñades que vir en inverno. Na proa non se para», reta Juan Caamaño, coordinador del programa Mar del Lira, a los tres turistas que el miércoles se embarcaron en la peripecia de conocer los secretos de la pesca artesanal. Los turistas del día Pero Jose, Fer y Alberto, los tripulantes del día del Nuevo Perla, no son profanos en esto del mar y su fauna. A los compostelanos Jose y Fer, el vínculo les llega tanto por su afición al surf como porque han crecido viendo bichos iguales a los que llegan en la nasa en la cetárea del abuelo de ambos en Muros. Y Alberto, toledano residente en Madrid, con muescas de decenas de inmersiones submarinas, ya no está para sorprenderse por la morfología del pulpo como un individuo muy de secano cualquiera y a lo más que llega es a maravillarse por la diferencia de aspecto que hay entre un lubrigante de vivero y ese ejemplar de vivos colores que ha caído en la trampa que es la nasa. «Lo peor de todo es el madrugón, menos mal que es sólo un día». Lo dice Fer, al que le ha costado seguir la rutina marinera de levantarse mucho antes de que salga el sol; mejor dicho, pocas horas después de que se lo hubiese tragado el oeste. Alberto ha sido más práctico. Para evitar la tortura del despertador, no ha dormido. Lo malo es que, ya a bordo, la nana del Barreiros de 128 caballos que mueve al Nuevo Perla en la mecedora de las olas tiene los efectos de cantos de sirena y lo tientan continuamente hacia los brazos de Morfeo. Está más dormido que despierto. Detalles técnicos Mientras Chuchú y los dos marineros del Nuevo Perla , José Manuel y José O Rápido , suben a bordo los pertrechos y la carnada, Juan ejerce de perfecto cicerone; no cesa de hablar y dar detalles a los turistas sobre el barco al que acaban de subir: «Catorce metros, un dos máis grandes do porto e un motor de 128 cabalos, pero o mellor de todo son os equipos de comunicacións que leva, que son coma os dun trasatlántico», elogia. «Por equipos de navegación non hai problema, o problema son os peixes», tercia el patrón. Y se cumple su profecía.? Cría en abundancia Aún no han dado las ocho cuando el barco llega a la boya que anuncia que allí quedaron las nasas el día anterior. Es la señal de que comienza la faena. La primera nasa trae un pulpo, pero ni de lejos da la talla: aún tiene mucho que engordar para llegar a los 750 gramos que le otorgarán el pase para la subasta. Juan, que como báscula ha utilizado sus manos, devuelve la pieza al mar, que huye despavorida mostrando su alivio con un negro chorro de tinta. «Ese polbo que agora non da a talla, nuns meses chega a dous kilos. Din que dobla o seu peso cada día», ilustra Juan. Cien nasas más tarde el resultado es desolador: cinco pulpos y seis nécoras. «Sodes gafes. Pois parece que imos pasar así toda a mañán», reprocha el coordinador del proyecto mientras el patrón pregunta por el chivato - la radio- la suerte que han tenido sus compañeros. «Non sei para que; total, todos minten. Sempre din que pescan máis do que pescan», dice Juan, que, pese a no formar parte del equipo, ha encajado perfectamente en la cadena de producción: uno saca nasa y retira cebo, otro recoge capturas y encarna y el tercero dispone los aparejos en popa para el siguiente lance. Cadena de montaje Observando el trabajo dentro del barco la rutina no parece muy diferente de la de una línea de montaje de la automoción o de una conservera. Sólo que para trabajar sobre el Nuevo Perla hay que tener, además, dotes de funambulista: «¡Gimnasio gratis! Fas de todo: brazos, dorsais... ¡completo!». A Jose, Fer y Alberto no se les escapa el esfuerzo de los tres: «Tienes que acabar reventado», dice Fer. Y José O Rápido da fe: -¿Que é o que máis che gusta do teu traballo? -Cando imos de volta para o porto, admite. Son las doce y media cuando la tripulación ataca la última cacea. Y es la de la suerte. Las primeras nasas que salen traen premio. Y no es la típica estrella de mar de consolación, no; en dos de ellas dormitan ejemplares de calibre uno: «Este polbo que vedes, de dous kilos e medio, é un dos máis pequenos que collemos no inverno», dice Chuchú. La recta final disipa los temores de haber zarpado en balde: «Hai semanas de 5.000 pesetas -aún no han calado los euros- e outras nas que non fas nada. Pero tamén hai veces que fas cen e duascentas mil», confiesan. Antes de terminar, Jose y Fer ayudan a O Rápido a matar los pulpos que han sobrevivido a la dura contienda en que se enzarzan cuando más de uno coinciden en un mismo capacho: «¿Que por que os mato? Porque teñen que ir para a lonxa e, se chegan vivos, volven correndo ó mar».? Cincuenta kilos de pulpo y tres de nécoras. La marea del Nuevo Perla ha dado para cubrir gastos. Y para que los turistas sepan que, en la pesca, no todo es coser y cantar.