El otro rastro borrado del «Prestige»

Pablo González
Pablo González REDACCION

GALICIA

La Administración eliminó más de trece kilómetros de pistas que se abrieron para agilizar el transporte del fuel en lugares de difícil acceso. Se trata de recuperar con la mayor exactitud posible el paisaje anterior al vertido

24 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

BOAL (MUXÍA). La típica pista abierta para retirar el chapapote ofrece ahora un aspecto muy similar al que tenía antes de la marea negra del Prestige, gracias a la plantación de especies autóctonas. CALBOA (CEE). Este caso evidencia como pocos el poder regenerador de la naturaleza. Con una siembra inicial y la reposición de la capa de tierra fértil, los accesos casi industriales de la primera foto han desaparecido por completo. XIMPRÓN (CARNOTA). En el caso de Ximprón, puede observarse un estadio intermedio de los trabajos, con la tierra fértil repuesta, pero sin el tratamiento vegetal que repone la flora anterior al vertido. ?l Prestige no sólo tiñó de negro hidrocarburo playas, boleiras y acantilados. También cambió el paisaje. En los días más crueles de la marea negra, cuando en los despachos se planeaban las actuaciones para una labor de limpieza ingente, uno de los problemas más acuciantes era cómo acometer la retirada de fuel en lugares inaccesibles. La decisión fue difícil, pero no había más remedio. Las palas excavadoras y los camiones comenzaron a abrir pistas en lugares como el descenso antes agreste a la hermosa playa de Arnela, el acarreo de hidrocarburo afectó a las dunas casi vírgenes de Traba, la tierra se removió en miles de metros cuadrados para transportar al señor chapapote y agilizar unos trabajos de limpieza que, de lo contrario, habrían sido eternos. Muchos de estos espacios están protegidos por su alto valor ecológico. En su momento, los ecologistas cuestionaron estos proyectos y exigieron un plan de restauración medioambiental que, en muchos casos, parecía imposible. La principal amenaza para los activistas era que estos pequeños paraísos acabaran siendo pasto del turismo masivo o dominguero al facilitarse el acceso en coche. Regeneración ¿Puede la naturaleza volver a colonizar lo que hasta hace poco era una pista de escoria? Con un poco de ayuda, parece que sí. El Ministerio de Medio Ambiente inició el programa de restauración ambiental cuando los trabajos de limpieza estaban en su fase final y las actuaciones se llevaron a cabo en su mayoría en la Costa da Morte. Se plantearon dos alternativas: la retirada y restauración de los caminos abiertos o su conversión en sendas peatonales. En los dos casos, las acciones estuvieron precedidas de un estudio de los valores ecológicos de estas zonas, bien sean geológicos, faunísticos, florísticos o paisajísticos. «Estos proyectos contaron con la colaboración de grupos ecologistas, que formularon numerosas propuestas que finalmente mejoraron el proyecto inicial», asegura Xoán Novoa, comisionado de Medio Ambiente. Los proyectos de la primera fase afectaron a zonas como la Furna da Espuma y las playas de Traba y Soesto (Laxe), punta do Corno y Coidal das Castañas (Camariñas), las playas de Lourido, Arnela y Boal (Muxía), los arenales de Calboa y Mixirica (Cee), los de Rostro, Arnela y Talón (Fisterra) y otras dos zonas en el municipio de Carnota. En total, se reconvirtieron más de trece kilómetros de caminos. Unos 9.400 metros se eliminaron totalmente, mientras que más de 3.500 se reconvirtieron en sendas a las que no puede acceder el tráfico rodado. Los tratamientos vegetales -siembra de especies autóctonas- para recuperar las zonas afectadas se realizaron en unos 40.745 metros cuadrados. La milagrosa desaparición de algunos caminos abiertos para la maquinaria pesada se desarrolló en varias fases. La primera consistía en eliminar el relleno utilizado para abrir las pistas. Después se rellena este espacio con tierra fértil, preferiblemente con características similares a las originales. Posteriormente, se procede a sembrar con semillas de plantas propias de la zona. En poco tiempo, el resultado en algunos de estos lugares es sorprendente. En playas como Calboa, por ejemplo, los agresivos caminos que se abrieron están ahora camuflados por una vegetación que comienza a ser espesa. Los tratamientos de restauración también se llevaron a cabo en los frágiles complejos dunares. En este caso, la primera fase de los trabajos se realizaron sobre unos 12.500 metros cuadrados.