ES MÁS ARRIESGADO apostar por el color del traje de Letizia en la boda que por cuál será el final de Izar Fene. El Astano de toda la vida. Sus diques ya estaban vacíos y sus grúas disecadas cuando la futura princesa aún presentaba el telediario.
15 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.El astillero civil de la compañía pública en la ría de Ferrol entregó su último pedido el 7 de agosto. Desde entonces, vacaciones forzadas para dos tercios de una plantilla de mil trabajadores. Sus otros compañeros corrieron mejor suerte; cruzaron la ría para trabajar en la división militar de Izar. La Bazán de toda la vida dispone de carga de trabajo hasta el 2010 por los pedidos de las marinas española y noruega. La guillotina de la regulación sobre la factoría de Fene estaba afilada para partir de cuajo a la plantilla antes de entrar en la penúltima semana de la boda. Porque en Astano no quedan dos chapas que soldar. Para rematarla, la generosa Europa acaba de imponer que los astilleros devuelvan al Estado 300 millones que le fueron concedidos para su supervivencia de modo ilegal e irresponsable en la era Aznar. Deuda inasumible. La paradoja es que al PSOE le tocará rematar la inacabada reconversión naval que ordenó Solchaga en 1984. ¿Quién mató a Astano? Se hacen apuestas en la parte de responsabilidad atribuible a sus gestores -todos los gobiernos conocidos- y a sus sindicatos -seguidores de la filosofía del pan para hoy, hambre para mañana-. Los astilleros civiles españoles (Fene, Sestao, Cádiz y Gijón) agonizan desde hace veinte años por una sucesión de despropósitos. Sobre los que se amontonaron el veto a Izar Fene para construir barcos -sólo plataformas- por imposición de la misma generosa Europa, que para velar por el libre mercado ordenó también anular cualquier ayuda pública. Trampa grandiosa, porque los coreanos sí que subvencionan a sus astilleros para que construyan barcos tirados de precio. Tampra tan grandiosa como en la que los gobiernos hicieron caer a Ferrolterra prometiéndole carreteras e industrias a cambio de la reconversión de 1984. Ferrol permanecería hoy igual de aislado que entonces si con Astano no se hundiesen también el puente de As Pías (1998) y el Prestige (2002). La caída del primero provocó la llegada de una autopista tantas veces prometida como aplazada, y la petroleada generó idéntico efecto para la conexión por el Cantábrico. Lo mejor que puede ocurrirle a Ferrolterra en la reconversión que seguirá a la boda es que, esta vez, no haya trampas.