Edelmiro Fernández Rial no recuerda nada y afirma que había bebido «de diez a veinte cubatas» El fiscal le pide 31 años de cárcel por apuñalar al muchacho y herir a un portero del local
23 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Rubén Villar Carrera, de 21 años, bromeaba con una amigas en la pista de baile de la discoteca Ramallosa 2000 de Nigrán. Eran las diez de la noche del domingo 16 de septiembre de 2001. Dos vigilantes se acercaron hacia Rubén por temor a que algún novio ofendido montase bulla. Pronto se entabló una discusión, que fue observada por Edelmiro Fernández, un cliente que estaba sentado con su pandilla en la zona reservada. Al parecer, un amigo suyo discutía con Rubén. Fernández explicó al tribunal de la Quinta Sección de la Audiencia Provincial de Pontevedra, con sede en Vigo, que esa tarde había bebido «de diez a veinte cubatas, café y crema de whisky con chupitos». Al parecer, el alcohol le pone nervioso y potencia su agresividad. El portero Germán García apartó a los curiosos de la trifulca y empujó a Fernández, quien ya se iba a casa «porque estaba muy pasado». Éste, molesto, se giró y, según él mismo admitió, le dio una «mojada» al vigilante en el abdomen con una navaja de 18 centímetros. «Sólo fue un puntazo gracias a que retrocedí», declaró Germán García. Edelmiro Fernández no recuerda cómo salió la navaja de su bolsillo, la cual reconoció como suya en el juicio. «La llevaba para mi seguridad pues estoy amenazado de muerte en el mundo de la droga», dice Fernández. Éste sólo se acuerda de que «un señor me arrojó un vaso de cristal, sangré por la cabeza y quedé aturdido». Germán García y varios testigos coinciden en que, «en milésimas de segundo», un hombre se abalanzó sobre Rubén, quien había lanzado un vaso, y le derribó de un puñetazo. «Disfrutaba apuñalándolo» El agresor le clavó a Rubén, ya en el suelo, tres puñaladas, una de ellas en el pulmón, que fue letal. Dos amigos de la víctima no reconocieron al autor del crimen, pero el portero señala a Fernández. «Disfrutaba mientras lo apuñalaba, como si todo le diese igual. Decía que debía haberme matado a mí también», declaró Germán García. Los dos vigilantes aprisionaron el brazo de Fernández, pero éste, «rápido y preciso», sólo cedió el arma cuando el dueño de la discoteca le roció los ojos con un spray. Un guardia civil, que evitó el linchamiento del agresor por los clientes de la sala, sostiene que éste caminaba erguido. En la clínica, el portero dice que fue amenazado por el acusado, quien pidió una pistola para matarse. El fiscal pide que Edelmiro Fernández sea castigado con 19 años de prisión por un asesinato y 12 más por la tentativa de otro, y que él o el dueño del local indemnicen con 120.000 euros a los padres de Rubén. La acusación particular pide 20 años por asesinato y 400.000 euros. La defensa alega como atenuantes una alteración psíquica, obcecación y grave adición. El juicio seguirá hoy.