Antonio López, Toni, vive en una residencia universitaria, practica atletismo y fútbol y reconoce que coge apuntes en clase con más velocidad que sus compañeros
01 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.«Repito que he perdido solamente la vana superficie de la cosas». El verso de Jorge Luis Borges se queda corto ante la capacidad de superación de Antonio López García, Toni, un moreno que acostumbra a rodearse de morenas. Estudiante de primero de Xornalismo y ciego desde hace dos años, este vilalbés de veinte años es incapaz -por más que el periodista lo intenta- de quejarse de los reveses de la vida: «A única diferencia que noto co resto da xente é que eu non vexo, e eles sí». Pues eso. Su intención al terminar el Bachillerato era matricularse en Fisioterapia en la escuela de la ONCE de Madrid, pero empezó a estudiar Ciencias da Comunicación en Santiago porque el año pasado llevaba a cabo un programa de radio en Vilalba. Desde entonces, no se saca el gusanillo del auricular. Y desde luego, no parece encontrar mayores dificultades. Para coger apuntes utiliza su propio ordenador, «e copio máis rápido que calquera dos meus compañeiros». Después utiliza un reproductor de sonido para memorizar. Eso sí, reconoce que al principio le costó: «Escoitaba e non me quedaba con nada». Corresponsal de guerra Los planes de Toni incluyen estudiar Historia al finalizar Periodismo, «só porque me gusta», y trabajar en la radio como comentarista deportivo. Algo así como un José Ramón de la Morena a lo vilalbés. También se le pasa por la cabeza lo de ser corresponsal de guerra, aunque probablemente acabe apartando la idea. De momento, se conforma con salir de copas los miércoles y los jueves, «claro que no mes de decembro haberá que deixalo ata marzo»; jugar al fútbol, montar en tándem e ir al cine. ¿Al cine? «Vou ó cine e imaxínomo, que é moito mellor. Cando os meus amigos me din que a película estivo mal, eu digo: ¿e o boa que estaba a tía?». Quejas Antonio se ha adaptado perfectamente a su nueva forma de vida y reconoce con total naturalidad que hace exactamente lo mismo que antes de perder la visión. Está en una residencia universitaria, y ni siquiera necesita un trato especial por parte de los profesores, «aínda que falan máis conmigo». También tiene de qué quejarse. En su caso, necesita un entrenador de atletismo -fue tercero en el campeonato de España de salto de longitud-, «que se solucionaría cun voluntario». Además, los impresos para reclamar en selectividad, matricularse o solicitar becas no pueden obtenerse en forma de disquete, lo que le obliga a necesitar a una persona que le lea los distintos apartados. Amén de pequeños percances -más semáforos sonoros y aceras anchas-, se ha acostumbrado incluso a la Facultad, «co rara que é». Es la primera vez que un chico ciego estudia periodismo en Santiago, pero por extraño que parezca, este año ha sido por partida doble, ya que hay dos alumnos invidentes. Otros afiliados a la Once se decantan por Psicología, Dereito o Empresariales. En las tres universidades gallegas están matriculados al menos medio centenar de alumnos con discapacidades -treinta en Santiago-, aunque la cifra es prácticamente imposible de determinar, ya que sólo hay datos de los que solicitan una residencia o la colaboración de un voluntario. Enrique Peña, director de la oficina de Acción Solidaria en la Universidade da Coruña, señala que en Galicia todavía se está empezando a trabajar en la adaptación de instalaciones y edificios a las personas con minusvalías, «pero se está haciendo con buen pie». Estudio La Confederación Galega de Minusválidos (Cogami), la Xunta y las tres universidades ultiman un estudio realizado por voluntarios sobre las barreras arquitectónicas de los siete campus gallegos. Uno de los problemas principales, señala Peña, es la ausencia de transporte especial para llegar a algunas de las facultades. Además, las reformas más inmediatas se necesitan en los centros más antiguos, ya que los nuevos están correctamente adaptados. A Toni, hasta el momento, sólo le hace falta un entrenador y lograr desengancharse del programa Las claves del románico de La 2. Y que alguien le lea hoy este reportaje.