El último «chumbeiro»

Marcos Gago Otero
Marcos Gago MARÍN

GALICIA

RAMÓN LEIRO

La fabricación artesanal de lastres de plomo para redes es historia. David Antón, el último «chumbeiro» conocido en las Rías Baixas, venderá ahora sus moldes al Museo Massó

31 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Antón sonríe al recordar sus primeros «pinitos» con la fragua del plomo. Su profesión -muy rara ya en su juventud, hace cincuenta años, cuando en la provincia sólo había otro taller del sector en A Guarda- acaba de pasar a engrosar la lista de oficios perdidos. Hoy, la mayoría de sus convecinos ni siquiera sospecha que en un local de la calle de Méndez Núñez se afanaba el último miembro de la estirpe de los chumbeiros. Y es que Marín, una villa eminentemente pesquera, es un puerto de altura. Las piezas que Antón fabricaba no se empleaban en estas redes. Tenía que vender a lugares dedicados a la bajura, a través de una intermediaria en Portonovo. La actividad comercial del plomo era, al principio, un pasatiempo. «Só o traballaba no fin de semana e o resto dos días ía de fontaneiro». Pero cuando su fama traspasó los límites de la flota de bajura cercana, el «chumbeiro» sustituyó al fontanero. De esta forma, suministró plomos para redes a barcos de todas las Rías Baixas, y aún de la Costa da Morte. No había otro. Empezó a trabajar el plomo por el consejo de un marinero. El punto de partida fue cero. Antón se encargó, en sus inicios, de elaborar y diseñar, conjuntamente con los fundadores de Talleres Ribadulla de Marín, dos aparatos para fundir lastres en forma de teja. Las planchas quedaron desfasadas cuando los barcos de bajura introdujeron el uso de los remolques para izar a bordo los aparejos. Entonces surgieron nuevos quebraderos de cabeza, y otros diseños, también artesanales, sirvieron como solución. Los lastres pasaron a tener forma cilíndrica. Durante las décadas siguientes, los encargos de «barrilitos» de 18, 16 o 12 se sucedieron de forma ininterrumpida. Su último suministro se vendió completo, y los moldes y las pocas piezas que aún conserva pasarán ahora a ser custodiados en Bueu. Antón prohibió a sus hijos seguir sus pasos con el plomo. «Que se ganen a vida como queiran, pero non con isto», sostiene. Y señala que el precio de su trabajo ha sido muy alto. Su profesión ha quemado su salud.