Alejandro Alonso exporta pescado a Europa, Japón y China mediante un sistema de enclaves marineros en las costa de África occidental Alejandro Alonso es de Vigo y lleva 18 años trabajando en el sector de la pesca, aunque siete de ellos han transcurrido en Senegal. En un principio, sólo comercializaba pulpo, choco y calamar, pero ahora compra y vende todas las especies que se capturan en la costa del África occidental. Ha montado un sistema de campamentos de pescadores de la flota artesanal, formada por pequeñas embarcaciones llamadas «pirogas» -piraguas-, a lo largo del litoral senegalés. Hace poco, también ha conseguido algunas licencias para extender a Mauritania su sistema, que incluye la financiación de la actividad de los pescadores locales.
03 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Alejandro vivió y trabajó en Marruecos durante diez años, primero en Tam-Tam, en pleno desierto del Sahara, y más tarde en Agadir. Pero en el 98, y debido a los paros biológicos de la flota que faenaba en Marruecos, decidió rasladarse a Senegal y buscar nuevas oportunidades. Ahora vive allí con Geny, su mujer. Su empresa, Euronova, posee en Senegal una importante infraestructura en lo que se refiere a la flota artesanal. Financia a los patrones de las pirogas y ha creado un sistema de campamentos pesqueros a lo largo de toda la costa senegalesa, desde la localidad de Joal hasta Saint Louis, y de ahí hasta Nouakchott, en Mauritania, donde también acaban de obtener licencias de pesca. Una vez que recogen el pescado, lo transportan en todoterreno a las diferentes fábricas de procesado que tienen en Dakar, en Saint Louis y en Nouakchott. Financiación El sistema de financiación ideado por Alejandro Alonso consiste en facilitar a los patrones de las pirogas los aparejos de pesca y adelantarles el dinero necesario para el gasóleo, de forma que los pescadores quedan obligados a venderle sus capturas al precio del mercado para ir pagando la deuda. En cada playa, un mayorista contratado por Alonso se encarga de controlar la pesca de un determinado número de embarcaciones y también de comprar a otros barcos. Esta forma de trabajo supone la creación, en medio de la nada, de muchos pequeños enclaves de pescadores que viven en tiendas de campaña, en campamentos que tienen que ser abastecidos todos los días de agua, comida y hielo para conservar la pesca. El único problema es que los pescadores locales pagan con su mercancia, sea cual sea, y hay muchas especies que apenas tienen salida en España y en Europa, que es a donde Euronova dirige sus exportaciones junto a Japón y China. La solución es el mercado local o el de países vecinos.