El comisario de Pesca trata de acelerar las reuniones rompiendo los compases de espera que impone Marruecos
20 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.D. S. RABAT. Corresponsal Que Rabat es una gran capital del regateo lo sabe cualquiera que la haya visitado. Se regatea con el barbero, con el taxista, en las carnicerías... Incluso en las lujosas tiendas de la céntrica avenida Hassan II no está mal visto adquirir un perfume de Chanel negociando el precio de antemano. Todo Marruecos está impregnado de la idiosincrasia del regateo, de la larga espera, de los rodeos verbales y del conciliador té a la menta. Y el comisario de Pesca, Franz Fischler, nacido en la Austria que mide el tiempo en dinero, no acaba de acostumbrase a esta cultura. Hubo periodistas que, en una anterior visita realizada a Rabat, oyeron decir al comisario: «¡Que venga aquí un español a negociar con ellos, si les entiende mejor!» Y ayer Fischler volvió a sufrir. Su gabinete le informó de que tenía una cita a las 9.00 horas con el ministro de Pesca, Said Chbaatu, pero los marroquíes insistían en que la reunión estaba fijada para las 10. Al comisario no le quedó más remedio que regresar al hotel. Para colmo, cuando por fin comenzó la entrevista, la delegación marroquí propuso suspenderla durante tres horas, a lo que el euroministro tirolés no sólo se negó, sino que berrincheó en alemán para obligar a los técnicos a permanecer reunidos al mediodía a fin de acelerar la negociación. Fischler no sabía anoche si hoy iba a ser recibido por el primer ministro, Abderramán Yusufi, antes de regresar a Bruselas. Sus asesores tenían la impresión de que sí, pero no había ni lugar ni hora confirmada. Pero así es Marruecos. Como dijo un técnico magrebí que participa en la negociación pesquera «esto es como un partido de fútbol, y el mejor jugador es el que tiene la pelota».