Una ganadera ortegana no pudo ni enterrar ni deshacerse de una res fallecida ayer Petra, una vaca frisona de Ortigueira, murió ayer a las siete de la mañana tras parir un ternero. Fue un desagradable percance que hasta ahora formaba parte de la vida cotidiana de las granjas. Pero, desde el sábado, el fallecimiento de una res se ha convertido en una tragicomedia, sobre todo si sucede lejos de Ourense, donde está el único crematorio de Galicia. «O problema xa non é que morrera; o problema é que fago con ela», decía la dueña, Luisa Guerreiro, delante de su vaca, que yace en un prado.
30 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.Luisa no pudo sepultar su animal como hacía habitualmente. Tampoco se lo llevaron al crematorio, ni logró trasladarlo a Ourense con sus medios o con los de la cooperativa Agrortegal, de la que forma parte. Precisaba un vehículo especial que únicamente posee Sugasa, la firma propietaria del horno. Sugasa se comprometió a recoger la vaca el lunes. Mientras esperaba resignada algún remedio, Luisa depositó el cadáver de su frisona Agrortegal Petra Blacky _el nombre completo de este animal de 550 kilos nacido hace cinco años_ fuera del establo, a fin de evitar contagios. «Suerte que no es en verano», comentaba Manuel Vierna, presidente de la cooperativa, indignado porque la Administración haya tomado medidas sin tener medios para aplicarlas. El veterinario que atendió a la vaca le explicó a Luisa Guereiro que desde el sábado está prohibido enterrar reses de más de doce meses de edad, según el decreto de la Consellería de Agricultura para hacer frente al mal de las vacas locas. «Los veterinarios, es decir la de aquí de Ortigueira y el coordinador de la zona, nos indicaron que teníamos que mandarla a Ourense, pero ya nos advirtieron de que el crematorio está muy saturado», manifestó Vierna. 75.000 pesetas En Silleda y Amio, los ganaderos se quejaban estos días del elevado coste de la incineración. En el caso de Petra serán 30.000 pesetas más otras 45.000 de portes, pues tiene que cruzar Galicia de punta a punta. Esas 75.000 pesetas equivalen a lo que hubiera podido ingresar Luisa si hubiera vendido la vaca para el sacrificio antes de la actual crisis. Pero el principal problema no es el dinero. De hecho, Luisa ya lo tenía preparado por si venía el camión de Sugasa, que cobra en efectivo y al momento, al objeto de prevenirse ante morosos. Lo más complicado es deshacerse del animal. «Agora xa é máis difícil enterrar a unha vaca que a unha persoa», sentenció Manuel Penabad Pita, otro ganadero de Ortigueira.