Una espera interminable

REDACCIÓN A CORUÑA

GALICIA

LA ESPINOSA NEGOCIACIÓN CON MARRUECOS La flota que faenaba en el caladero canario-sahariano cumple hoy un año de amarre forzoso Negociaciones estériles, movilizaciones, soluciones de urgencia... E incertidumbre. La flota gallega que faenaba en el caladero canario-sahariano cumple hoy un año desde que se viera obligada a abandonar las aguas de Marruecos por la extinción del acuerdo pesquero entre la Unión Europea y el país magrebí.

29 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

Han sido 365 días de muchas sombras y escasas luces. De un progresivo declive fraguado ante la reiterada negativa de Marruecos, ahora más patente que nunca, de renovar un convenio que amparaba a más de 400 barcos españoles (unos 130 gallegos) y cerca de 30.000 empleos entre los directos e indirectos. El mismo 30 de noviembre del año pasado, algunos portavoces del sector en Galicia ya dibujaban un panorama desolador para el futuro: «As claves nas que está situado _por Marruecos_ son de defunción», señalaban desde la Asamblea de Mariñeiros en Loita. Lacónico pronóstico con visos de convertirse en desoladora realidad a tenor de la actual situación. Los meses siguientes se encargaron de demostrar que Rabat se había asentado en una férrea posición, que se ha obstinado en no abandonar. Los escasos contactos entre las autoridades del país magrebí y las delegaciones comunitarias no sirvieron más que para incrementar las numerosas dudas sobre el futuro de la flota. Armadores y marineros «sobrevivían» con las ayudas de la Administración. «Parches», según representantes del sector, que auguraban un lento proceso de negociaciones. Movilizaciones Paralelamente, se sucedieron las movilizaciones. Marín, Cangas, Vigo o Ribeira fueron escenario de manifestaciones y protestas en forma de barricadas que dejaron patente el malestar de un sector que veía su futuro con una sensación que mezclaba esperanza, incertidumbre y exasperación. El escepticismo fue derrotando a la esperanza y algunos armadores, los que tuvieron la fortuna de hacerse con una licencia, optaron por cambiar el rumbo y poner proa a caladeros como el de Mauritania o Brasil. Para muchos barcos, esta no era una solución viable ya que fueron construidos para faenar en Marruecos. El presente es desalentador. Reconversión o «escenario de no acuerdo» son términos demasiado familiares para una flota que navega entre sombras.