El convenio de la discordia

A.F. / J.M.J. RIBEIRA

GALICIA

C. QUEIJEIRO

Un informe de funcionarios marroquíes afirma que la postura de un «lobby» impide firmar un acuerdo por el que aboga el reino alauita Fuentes del sector pesquero marroquí consideran que los últimos acontecimientos sobre la negociación entre la Unión Europea y Marruecos hacen pensar que el gobierno alauita no está en contra de la firma del acuerdo, aunque se desconoce qué tipo de convenio. Estos días se ha filtrado un informe realizado por personal de la Administración marroquí en el que se explica que el «pulso» entre la Unión Europea (UE) y su país no es realmente lo que mantiene parado el diálogo. Todo ha cambiado mucho desde el inicio de los noventa. Los técnicos afirman que los armadores alauitas están mejor preparados para explotar por ellos mismos los recursos naturales, están mejor organizados y constituyen un «lobby» donde la defensa de sus intereses es prioritaria.

24 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Los autores del trabajo afirman que los marroquíes tienen su parte de responsabilidad en la situación actual del sector pesquero. Así, se explica que es necesario remontarse a años pasados para comprenderla. El sector de la pesca en Marruecos, de creación relativamente reciente, ha conocido una historia anormalmente agitada. Los responsables del informe explican que todo comenzó en 1975, a la luz de la recuperación del Sáhara. En aquella época, Marruecos necesita invertir rápidamente en esa zona y señalar su presencia sobre el terreno. Pero, ¿qué hacer? Para responder a la pregunta, se hacía necesario evaluar las potencialidades de la región. Estaba claro que una zona desértica no podía presentar ningún atractivo económico para las inversiones. Este lugar arenoso presentaba una gran ventaja: la larga fachada atlántica le confería derechos sobre unas aguas entre las más ricas en pesca del mundo. Conclusión evidente: la pesca era la única actividad realmente viable en la región. Pero en aquella época, Marruecos carecía de flota de altura. Sólo poseía una pequeña flota artesanal, de bajura, de muy limitada actividad. Es en este momento cuando los países amigos y expertos proponen a este país montar una flota de altura e industrial. Las inversiones, de por sí enormes en este sector, eran el problema, aunque esta cuestión fue rápidamente resuelta. En 1975, en medio de una crisis petrolera mundial, con un precio por barril jamás alcanzado, y unas monarquías enriquecidas en esta parte del Golfo, llovían los petrodólares y la banca europea, sobre todo, disponía de gran liquidez que era preciso invertir. En aquel momento, la mayoría de los astilleros de Francia y España sufrían una gran recesión: baja demanda, paro técnico y por tanto, mínima actividad. Por esta razón, a finales de los 80, el Estado tuvo que parar la hemorragia cortando la concesión de licencias. Cientos de marineros gallegos están pendientes de un futuro entendimiento entre el país alauita y la Unión Europea. En la actualidad, la flota cefalopodera y la palangrera, llevan amarradas a puerto unos siete meses, de modo que la preocupación por un futuro incierto se apoderó tanto de los armadores como de los trabajadores que faenaban en la zona.