Ellas son el verdadero poder del campo

maría cedrón REDACCIÓN / LA VOZ

LA GALICIA ECONÓMICA

VÍTOR MEJUTO

Un grupo de vecinas de Santa Comba ponen en valor la labor de las mujeres del rural, donde asuntos como la conciliación se traducen en mayor carga de trabajo

10 mar 2020 . Actualizado a las 12:32 h.

«Somos un pouco férvelle as verzas». Esa es la forma en la que Cecilia describe la forma de ser de mujeres que, como ella, viven en, de y por el campo. Saben hilar fino, con mano izquierda, pero como apunta Lina no paran. ¿Su modo de conciliar? Con trabajo. «Levantámonos para almorzar, arranxamos os nenos para ir ao colexio cando son pequenos, somos as primeiras en chegar á cuadra ou á nave, arranxamos todos os papeis da explotación, coidamos os vellos.... O mesmo levamos os maiores ao médico que coidamos os rapaces», dice. Cecilia y Lina son dos de las dieciséis mujeres reunidas para hablar de la realidad que las rodea, la de unas trabajadoras -algunas están ya jubiladas, pero continúan dando el callo en casa- que viven en la Galicia rural, en Santa Comba, a medio camino entre A Coruña y Santiago, un lugar donde prima la ganadería como motor económico. Ellas, cada una desde su terreno, le dan un buen empujón.

Algunas, como Cecilia y Florinda, trabajan en la explotación de vacuno familiar; otras como Lina tienen una granja de pollos; Isabel trabaja en una quesería; Carmen fue emigrante en Suiza; Clementina cuidó de la casa, los hijos, la granja... mientras su marido «estaba emigrado»; Lola lleva una asociación, pero también es de esas mujeres sabias conocedoras de los secretos que esconden las hierbas... La mayor parte rondan los cincuenta y tienen en común haberse casado jóvenes. Las hay que aún eran adolescentes. Sus hijos son mayores, pero de cuidarlos a ellos han pasado, de repente, a cuidar a sus mayores. «En lugar de mandarnos un servizo a domicilio unha hora ao día sería mellor que as xuntaran e un día viñeran tres horas. Dese xeito daríanos tempo a ir ao cine, que aquí non temos, ou facer algo para nós», pide Lina.

Porque a veces «a vida rural é moi escrava, pero acostúmaste. Cando era nova traballaba nun bar e ao chegar á casa aínda tiña que facer cousas despois de traballar non sei cantas horas...», recuerda Carmen. Pero no todas comparten ese sentimiento de esclavitud. «Estamos contentas, non podemos mentir. E as que non imos máis por aí de viaxe é porque non queremos», cuentan. Dicen que sus maridos las ayudan, pero muchas veces son ellas mismas «as que non somos capaces de deixarlles facer». Estas mujeres son una representación del tejido femenino que articula el día a día de los pueblos gallegos, unas zonas donde el asociacionismo es una de las piedras angulares de la vida social. «Coa asociación imos de excursión, ao balneario, facemos teatro...», cuentan.