Rafa Val, cantante de Viva Suecia: «El año pasado vi más veces a Siloé que a mi madre»

FUGAS

Viva Suecia actúa este sábado en el Coliseum de A Coruña.
Viva Suecia actúa este sábado en el Coliseum de A Coruña.

Ya no hay quien les tosa. A base de himnos, pasión y actitud han conseguido imponerse a todos los recelos, dinamitar comparaciones y esquivar los lugares comunes. Viva Suecia es referencia y llega a Galicia con todo vendido. «Las Cíes tienen la playa más bonita que he visto en mi vida», asegura

17 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

En sus comienzos, hicieron de la intensidad, la épica y cierta mística sus señas de identidad. Fue su particular manera de asomar la cabeza con personalidad en un ecosistema musical que tendía peligrosamente al mimetismo. Hoy en día, aun cuando mantienen en parte aquellos atributos, sería muy injusto definir a Viva Suecia solo por ellos. El cuarteto ha amplificado de manera exponencial sus credenciales, proponiendo un abanico sonoro mucho más diverso, unas letras igual de profundas pero más directas, que propician una conexión emocional inmediata con quien las escucha, una actitud arrolladora y pasional y un directo apabullante. Todo ello ha derivado en su consagración incondicional por parte del público. Del que confió en ellos hace una década y de aquel otro receloso en su día pero que con los años ha terminado por rendirse a ellos. Prueba de ello es su concierto del sábado 18 en el Coliseum coruñés, con todo vendido desde hace meses.

—¿Qué vamos a ver en este concierto?

—Llevamos un show del que estamos muy orgullosos. Bien medido, bien planteado... Somos 12 músicos en el escenario y tenemos dos horas de concierto. Llegamos en un momento en el que la banda está bien rodada, contentos y con muchas ganas.

—En el 2023 su guitarrista decía: «Los indies nos van a echar del género porque llevamos saxo». Y ahora llevan una «big band»...

—Yo creo que, si no nos han echado ya de ningún sitio, no lo van a hacer, así que nos podemos permitir este tipo de cosas. Y si nos echan de alguno, pues ya nos querrán en otro [ríe].

—Abren su último disco con «Mala prensa», un rock clásico de los de toda la vida.

Mala prensa es un ejercicio de estilo en la medida en que todos somos muy admiradores del género y quisimos lanzarnos también un poco ahí.

—¿Abrir el disco con esa canción fue una declaración de intenciones por su letra o por el género?

—Por ninguna de las dos. Creo que por el espíritu. Nos pareció una canción muy divertida y es la única canción del disco que está grabada con todos los músicos tocando en directo a la vez, voz incluida. Es una canción que transmite libertad y ganas de pasarlo bien y nos pareció una buena manera de abrir el álbum.

—¿Y quedará en un ejercicio de estilo o es una puerta abierta a ese rock más clásico?

—No lo sé. Nosotros nunca cerramos ninguna puerta. Lo que siempre intentamos es abrir más. Vamos de un sitio o a otro, probando y jugando, que es lo divertido. Llevamos juntos 13 años y lo último que queremos aburrirnos y aburrir al personal.

—En «Una bandera que nos sirva a los dos» incluso coquetean con el funk.

—Somos muy amantes de la música negra. Lógicamente no estamos a la altura, pero siempre nos han gustado mucho Kiwanuka, Marvin Gaye, Black Pumas... Jamiroquai siempre está también por ahí... Así que, dentro de nuestras humildes capacidades, sí podemos acercarnos a géneros de canciones que nos gustan, bienvenido sea.

—Ahora que casi todos los grupos de su cuerda apuestan por la electrónica a la hora de renovar un poco su sonido, Viva Suecia va en la dirección contraria.

—No es deliberado. Es que nos gustan músicas muy variadas y en cada momento hacemos lo que nos apetece. También nos gusta la electrónica. Quién sabe, quizá en algún momento tiraremos más para ahí. Es otra puerta que está abierta.

—En «Melancolía» se marca todo un baladón. ¿Rafa Val es melancólico?

—Sí, todos lo somos bastante, pero en lo musical. Nos gusta mucho la música triste, pero en nuestra vida diaria tenemos el sentido de humor por bandera.

—Musicalmente tiene la mirada más puesta en el retrovisor que en el parabrisas.

—No, en realidad, no. El disco que más estoy escuchando ahora mismo es el último de Raye. También me han gustado mucho el de Rosalía y el de Ángel Stanich. Somos todos muy melómanos. Estamos muy puestos en lo que sucede hoy y siempre tenemos en la cabeza lo que sucedió antes.

«No, no debéis creer nunca lo que dicen los cantantes»

—¿Es este el disco que tiene las letras más directas de toda su carrera?

—Eso sí que ha sido consciente. Antes podía estar semanas con una palabra y ahora intento hacer un ejercicio de vomitar pronto y rápido lo que siento y lo que me viene. Obviamente, luego reviso todo y lo voy arreglando. Siempre he admirado muchísimo cómo lo hacía John Lennon, que era capaz de decir una frase devastadora con una construcción muy simple, y en los últimos años he tirado un poco por ahí.

—¿Por fin podemos creer lo que nos dicen los cantantes?

—Nunca. Siempre tenemos una intención y, en tanto que humanos, somos cambiantes y a veces también hipócritas. Decimos una cosa y en el disco siguiente decimos la contraria. No, no los debéis creer.

—Por seguir jugando con los títulos de sus canciones, ¿dónde han sido más felices en esta última etapa?

—En el estudio, en México, en España, en el escenario, sentados a comer en una mesa... En muchos lugares anímicos y físicos.

—¿Y quiénes son hoy los verdaderamente afortunados?

—Nosotros, desde luego. Porque la gente que nos quiere sigue siendo la misma y sigue queriéndonos.

—¿Es más difícil sobrellevar el dolor o la gloria?

—El dolor. La gloria te puede llevar al dolor en muchos casos y es verdad que tienes que prepararte mentalmente para muchas cosas, pero el dolor siempre es más difícil.

—Si le pregunto si es gente normal, seguro que me va a decir que sí, pero ¿qué es lo menos normal que hace?

—No sé decirte; creo que todos llevamos una vida bastante normal. Lo menos normal que hago es subirme a un escenario delante de un montón de gente a cantar canciones, estar un día en un sitio y al siguiente muy lejos de ese lugar y estar muy poco con mi familia. El año pasado, y esto es literal, si marco en una pizarra las veces que vi a Siloé y las que vi a mi madre, vi más a Siloé.

—Para acabar con los títulos, ¿hay tanta mala prensa como sugieren en su canción?

—No más de lo que hay en cualquier otro sector. La hay, claro, pero la mayor parte del planeta es buena gente.

—¿Qué es lo primero que hace cuando sale del escenario al acabar un concierto?

—Abrazar a mis compañeros, decirles: «¿Está todo bien?», tomar un whisky y fumar un cigarro. Ya lo siento, sé que no debería fumar.

—Si no fuera Rafa de Viva Suecia, ¿qué cree que estaría haciendo ahora mismo?

—Soy diplomado en Magisterio Musical, así que supongo que estaría en un cole, dando clases de música.

—¿Alguna vez ha tenido la sensación de: «Esto se nos está yendo un poco de las manos»?

—Constantemente. Cada vez que ampliamos el aforo de algún sitio. Yo soy muy cagado con eso. La primera vez que hicimos la sala Ochoymedio, que son 800 personas, me tuvieron que empujar; la primera vez que hicimos La Riviera, que son dos mil, me tuvieron que empujar, y la primera vez que hicimos un Movistar Arena también me tuvieron que empujar. Siempre pienso: «¿Cómo va a haber tanta gente dispuesta a pagar una entrada para vernos a nosotros? Pero acaba pasando. En nuestra anterior gira, en Bilbao hicimos una sala de 1.200 personas, y este año vamos a una de 8.000. No sé, supongo que algo estaremos haciendo bien.

—¿También le van a tener que empujar para salir al Coliseum?

—No, ahí ya sé que vamos con todo vendido desde hace meses, así que saldré a disfrutar. Me tenían que empujar hace unos meses cuando alguien dijo: «Oye, vamos a tocar en el Coliseum de A Coruña». Ahí sí que pensé: «Joder, ¿no es un sitio muy grande?». Pero por lo visto, gracias a Dios, me equivocaba.

Concierto de Viva Suecia en el festival O Son do Camiño del 2023.
Concierto de Viva Suecia en el festival O Son do Camiño del 2023. PACO RODRÍGUEZ

—Usted es un buen conocedor de nuestra tierra, compártanos su plan perfecto en Galicia: ¿Su rincón favorito?

—Soy un enamorado de Santiago con lluvia. Me parece una de las ciudades más bonitas del mundo y más aún cuando llueve.

—¿Un sitio para comer?

—O Dezaseis.

—¿Para una caña?

—Me vale casi cualquiera, pero te diría La Tita. Para tomarse una caña y comer la tortilla es fantástico.

—¿Y para la noche?

—El Modus Vivendi me encanta.

—Ha escogido todo en Santiago.

—Es que voy mucho por allí, por lo que sea [se ríe]. Pero bueno, también te podría decir El Náutico, o comer en Casa Solla o en Culler de Pau, o que las Cíes tienen la playa más bonita que he visto en mi vida.

—Si tuviera que asociar Galicia con una canción suya, ¿cuál sería?

—Fuimos felices aquí.