¿Cuál es el mejor Padrino?

Desde luego, no la tercera parte, que estos días ha vuelto a la cartelera con un montaje alternativo. Las opiniones son casi unánimes. Los críticos de cine hacen su apuesta


En uno de los capítulos de la aclamada serie Los Soprano, la hija del mafioso Tony se declara fan de la película Casino, de Scorcese (1995), y desprecia las opiniones cinematográficas de su padre, un capo del siglo XXI pero con maneras a la vieja usanza: «Cuando vio la tercera parte de El Padrino, dijo: ´¿Pero qué mierda es esto?´», le cuenta Meadow a una amiga de la universidad. Muy entusiasta de Los Soprano, pero rendido incondicionalmente ante el talento de Coppola, el crítico de cine Miguelanxo Fernández sostiene que se ha denostado en exceso la última entrega de la saga nacida de la pluma de Mario Puzo, que ahora cumple 30 años de su rodaje y que el director acaba de reestrenar con un montaje alternativo: «Es un filme destacable por su barroquismo visual, su tono crepuscular y por su relato sobre el fin de una época con un aire a El Gatopardo», asegura el creador del novelesco detective gallego Frank Soutelo frente a opiniones como las de José Luis Losa, director del festival Cineuropa, quien cree que El Padrino III nunca debió rodarse y que simplemente se sostiene «en tanto reverberación de los ecos pastorales de las dos anteriores, que se cierran sobre sí mismas con tal perfección que no admitían elongaciones».

Entre Brando y Pacino

El Padrino (1972), con Marlon Brando al frente del reparto como jefe del hampa neoyorquina, ganó tres premios Oscar. El diálogo inicial entre Corleone y Bonasera («Yo creo en América, América ha hecho mi fortuna») es uno de los grandes símbolos de la historia del cine, lo mismo que la escena de la llegada a Nueva York del niño Vito Andolini con la Estatua de la Libertad al fondo, ya en la segunda parte (1974), en la que el peso en pantalla recayó en los personajes interpretados por Al Pacino -el candidato de su padre a relevarlo en el puesto- y Robert de Niro -como el joven Corleone- y que se llevó seis premios de la Academia. Coppola, ya encumbrado entre los grandes directores del momento, siguió cosechando éxitos de crítica y taquilla con filmes como Apocalypse Now (1979) y rechazando las continuas ofertas para ponerse al frente de una tercera entrega, pero el señuelo económico tenía un olor muy fuerte y acabó picando en él. Andy García y Sofía Coppola le pusieron el tinte de los noventa a una película que narra los intentos de redención y caída de Al Pacino/Michael Corleone y que, según Losa, es «un parásito a un díptico apoteósico».

Miguelanxo Fernández responde sin rodeos a la pregunta de cuál es su Padrino favorito: «El segundo, porque Coppola dispuso de una libertad y de un presupuesto que no tuvo en la primera, pues entonces Paramount desconfiaba de su capacidad para sacarla adelante». Y profundiza en su opinión: «Digamos que la primera es más una obra maestra de género fagocitada por un Brando insuperable, mientras que la segunda ya tiene un toque de autor, con Pacino ya mucho más metido en su personaje».

La magia del mito

Aunque Losa comparte la opinión de fondo de Fernández, se muestra más reacio a dar un veredicto definitivo: «En la imposible disputa dentro de la ópera magna que componen El Padrino y El Padrino II creo que la segunda posee mayor profundidad de campo, ya que es una oda al pasado y un envite trágico al futuro. Y porque es el filme de Hollywood que mejor explica el funcionamiento del poder en el siglo XX, que es la centuria norteamericana». El actor Luis Iglesia, que puso la voz en gallego a Robert de Niro en la segunda parte, sí que lo tiene claro: «A primeira, sen dúbida, sen despreciar ás outras, especialmente á segunda: é unha obra mestra en moitos sentidos, cun guión e unha estrutura perfectos». Losa, con su característico estilo, profundiza: «El Padrino I posee la magia de sembrar el mito y contiene el racimo del Viejo Testamento de las secuencias cuasibíblicas: la boda de Connie, la cabeza del caballo sangrante, la balacera sobre Vito Corleone en el mercado, el jardín del edén de Michael en Sicilia, el vía crucis de Santino, la muerte del Don en el vergel, la encarnación del hijo en el bautismo de la matanza de los nada inocentes. Y la negación por tres veces de su deidad recién naturalizada».

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