Guillermo Altares: «En España somos unos privilegiados, somos uno de los pocos países realmente bilingües de Europa»

La Voz edita «Una lección olvidada», con el que el periodista ganó el premio al Mejor Libro de Ensayo 2019 de la Asociación de Librerías de Madrid


La premisa puede resultar extraña a primera vista. «El pasado en Europa siempre ha sido mucho más imprevisible que su presente y, desde luego, que su futuro», advierte en el prólogo de Una lección olvidada. Viajes por la historia de Europa, Guillermo Altares. El periodista traza un recorrido por el eterno «proyecto en construcción» de un continente donde «una guerra entre europeos es siempre una guerra civil», como escribió Víctor Hugo. Desde las primeras obras de arte de los sapiens a la destrucción en la guerra de los Balcanes, Altares abre un balcón a un pasado que muta, como muta el presente que condiciona la mirada, en un libro sin pretensiones de historiador, sino de pasajero atento.

 -Lo pasado, ¿pasado está?

-El pasado cambia muchísimo. El ejemplo más claro es el de las pinturas prehistóricas, se pensaba pasaron de lo figurativo a lo abstracto y, cuanto más avanza la ciencia, más se desmonta todo. Los dibujos prehistóricos más sofisticados del mundo, en la cueva de Chauvet, son 20.000 años más antiguos que los bisontes de Altamira.

Es como decir que somos celtas. No podemos ser algo que éramos hace 2.000 años

­-¿Tiene razón de ser Europa?

-La unidad europea no es algo artificial, todo lo contrario. Los países europeos están unidos por millones de líneas invisibles o visibles que hacen que la Unidad de Europa sea una consecuencia lógica. En Galicia tenéis uno de los ejemplos máximos: el Camino de Santiago. Un intercambio constante de ideas, personas, arte, cultura y creatividad, pero también de guerras y enfrentamientos.

­-El acceso a la Historia no impide que se tergiverse como nunca.

-La manipulación histórica fue y es una constante. No hay más que ver como, en el fondo, Vox y los independentismos catalanes dicen las mismas tonterías. De manera diferente, pero coinciden. En Europa se intenta buscar una especie de origen irreal en la Edad Media. En el nacionalismo español hay la obsesión franquista por la Reconquista, parece que España nació en la batalla de Covadonga y que lo que la define es el enfrentamiento con el islam. Es una enorme sandez, como pensar que Europa es un continente enteramente cristiano.­

-¿Y no lo es?

-Es como decir que somos celtas. No podemos ser algo que éramos hace 2.000 años. Pensar que hay una conexión entre nosotros y personas que vivieron hace miles de años y que eso condiciona en cierta medida lo que somos es absurdo. Desde entonces han pasado invasiones, influencias, lenguas, pueblos y nosotros también hemos emigrado. Somos una mezcla de todo eso, y si el ADN ha revelado algo es eso. La posibilidad de subirte a un taxi en un barrio magrebí de Marsella contiguo al griego y que el taxista sea de origen armenio. Esa es nuestra riqueza.

-El absurdo del racismo se remonta a la prehistoria. Así arranca el libro.

-Realmente, si uno se pone, el neandertal, que era originario de Europa y Asia Central, se extinguió hace unos cuarenta mil años por motivos que aún se debaten y quién permaneció fue el Homo Sapiens, que vino de África. A partir de ahí, los movimientos, las migraciones, han sido constantes, como sabéis en Galicia.

­­-¿Por qué ese título, «Una lección olvidada»? Recuerda al ensayo de Stefan Zweig, al que hace referencia, «La tragedia de la falta de memoria», de «El legado de Europa».

-Hay generaciones en España que nunca han vivido una guerra. Nos hemos olvidado de hasta qué punto la violencia forma parte de la historia de Europa y de hasta qué punto es fácil que surja. No podemos olvidarnos de lo dura que es nuestra historia.

Los años del telón de acero

Cruzar el telón de acero siendo un chaval de menos de 20 años camino de Praga en 1987 es una de esas sensaciones que permanecen. «No sé por qué muchas veces tendemos a pensar que las últimas dictaduras que caen en Europa son las de Portugal, España y Grecia y se nos olvida que hasta el año 89 gran parte del continente vivía bajo un régimen totalitario», desliza Guillermo Altares.

El resurgir periódico de los nacionalismos es una de las inquietudes del periodista en Una lección olvidada, donde contrapone dos reacciones radicalmente opuestas al auge proteccionista que afloró, y se sigue extendiendo, desde el 2008. De las políticas antimigratorias que rayan lo racista en Hungría, la misma sociedad que clamaba por la libertad de movimientos en la guerra fría, a Portugal, el país más castigado por los recortes junto a Grecia «donde no buscaron ningún amanecer dorado, sino que apostaron, elección tras elección, por más democracia».

También le hace un hueco a otra obsesión: la identificación de lengua y Estado. «Somos uno de los pocos países realmente bilingües en Europa, un caso casi único, unos auténticos privilegiados. Un belga valón no habla flamenco y un belga flamenco no habla francés. En Suiza, uno se va a Zúrich y es muy raro que te hablen en francés, hablan alemán. De la Primera Guerra Mundial leí una historia preciosa. Para muchos soldados fue la primera vez que salieron de su pueblo. En las trincheras no entendían a sus oficiales porque hablaban francés. Hasta bien entrado el siglo XX, en Francia se hablaban los dialectos y lenguas regionales, hoy se perdieron la mayoría. Deberíamos estar orgullosos de vivir en un sitio donde uno puede empezar una conversación en gallego y acabarla en castellano. ¿ Por qué nos tiramos las lenguas a la cabeza? Es una de las cosas que más me irritan de los nacionalismos, entre los que incluyo al español».

LOS GRANDES HITOS DE LA HISTORIA DE EUROPA

Grecia.
«Como el nacimiento de una lengua y una cultura capaces de hacer avanzar el pensamiento en toda Europa».
Roma. «Creo que somos todos hijos del Imperio Romano y estamos siguiendo vías romanas incluso en los lugares donde no estuvieron. La primera vez que hay un concepto político claro de “esto todo es un mismo conjunto”, de personas, aunque sean muy diversas, fue en Roma».
 
Roma.
«Creo que somos todos hijos del Imperio Romano y estamos siguiendo vías romanas incluso en los lugares donde no estuvieron. La primera vez que hay un concepto político claro de “esto todo es un mismo conjunto”, de personas, aunque sean muy diversas, fue en Roma».

Alta Edad Media.
«No sabemos nada de ella al perderse la pista documental, los ingleses lo llaman los años oscuros. Sin embargo, aquí se empieza a crear lo que pienso que es en parte Europa: románico, guías de comunicación y viajes, monasterios, recuperación de la cultura clásica. Paradójicamente, se asocia con la violencia, cuando los años más horrorosos de la historia de Europa, quitando el Holocausto, vienen con el mundo moderno, en los siglos XVI y XVII. La Guerra de los 30 años, la peor brutalidad de la Inquisición. El nombre de la rosa, de Umberto Eco, es una novela maravillosa, pero le hizo un flaco favor a la imagen de esta etapa».

Revolución francesa e Ilustración.
«Aquí nacen la Ilustración y la violencia, también, en cierta medida, los Estados en los que vivimos ahora».
Segunda Guerra Mundial y Holocausto. «Demostró que la brutalidad humana y el odio a otras culturas no tenían límites, y que el mayor peligro de los europeos son ellos mismos», explica Guillermo Altares.
 
Segunda Guerra Mundial y Holocausto. «Demostró que la brutalidad humana y el odio a otras culturas no tenían límites, y que el mayor peligro de los europeos son ellos mismos».

Unión Europea.
«Es cuando los europeos dicen "se acabó". Hay una ciudad que lo puede resumir todo: Estrasburgo, una de las dos sedes del Parlamento Europeo. Estuvo en disputa durante muchísimo tiempo y hoy lo más natural es coger un tranvía en Francia con tu tarjeta y acabar en Alemania».
 
 
 

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