Otoño de esperanza para las librerías gallegas

Hoy, que se celebra el Día de las Librerías, el sector desprende un optimismo contenido después de dos meses de parón obligatorio, en el que creen que la sociedad ha reflexionado sobre el papel que juegan


El otoño desprende olor a libros. A hojas. Dentro y fuera de casa. La lectura se ha convertido en el mejor refugio para capear el temporal que arrecia tras la ventana. A través de las letras buscamos evadirnos de la realidad que nos rodea, «piden historias agradables», pero también respuestas para entender lo que está pasando. «Después de estar dos meses cerrados, vinieron semanas muy buenas, no te digo que hiciéramos cajas de Navidad, pero cerca. La gente tenía muchas ganas de volver a las librerías y comprar libros. En verano se estabilizó y a partir de septiembre me da la impresión de que estamos un poquito mejor que el año pasado», señala Xacobe Pato, de Cronopios. Estas últimas semanas, en las que sobrevuela el fantasma de un nuevo confinamiento, Xacobe asegura que los clientes vienen «a rearmarse, en vez de llevarse uno o dos libros, se llevan tres o cuatro». La sensación de este librero y escritor santiagués no es única. Esta brisa de optimismo contenido recorre Galicia de norte a sur y de este a oeste. Las cifras lo avalan. Entre julio y septiembre se han vendido en Galicia casi 300.000 ejemplares, lo que supone un 4,3 % más que el mismo trimestre del año anterior, según señala Cegal, la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros, que con motivo del Día de las librerías, que se celebra hoy, ha presentado estas cifras en base a los datos aportados por 62 librerías gallegas.

 El público está respondiendo, pero más allá del interés particular que pueda tener cada lector, el sector percibe una intención añadida que se ha intensificado después del confinamiento: ayudar al pequeño comercio. «Yo recuerdo el 16 de marzo hablar con los distribuidores y decir: "¿Qué vamos a hacer? Porque esto es el fin". Pensaba que podía ser el cierre de varias librerías. Si me dicen ese día que la respuesta iba a ser esta, no me lo creo. Estamos muy sorprendidas. Están comprando un montón de libros. Una de las cosas para las que sirvió estar tanto tiempo en casa ha sido para pensar qué cosas se podían hacer de otra manera cada uno en lo personal, si no, no me cuadra esta respuesta», explica Alejandra de Diego, socia de la librería Berbiriana, en A Coruña, que añade: «La gente se ha concienciado de que están muy bien las multinacionales grandes, pero que es mejor aportar un granito de arena al vecino de al lado, al pequeño». Esther Gómez, de Moito Conto, se expresa en la misma línea. «Se han dado cuenta de que igual pedían el libro a no sé dónde y lo tenían al lado de casa. Mucha gente está viendo que cuando apagamos la luz los pequeños negocios, nos está pasando ahora con la hostelería, las calles se mueren... El comercio ya estaba ahí, pero ahora la gente se ha parado a pensar qué significa».

NUEVOS LECTORES

Los amantes de la lectura están viviendo un romance, más intenso si cabe, esta temporada, sin embargo, los libreros gallegos están detectando nuevas caras delante de las estanterías. Un público que antes no tenían. Alejandra lo sitúa un poco más joven de su franja de edad habitual, en torno a los 25-40 años, y Esther apunta, incluso más abajo, a los adolescentes. Además, de las novedades, que siempre funcionan, se está demandando mucho ensayo, «mucha reflexión», los libros infantiles también están experimentando una subida y clásicos, que nunca fallan. Las librerías se han convertido en puntos de encuentro, de charlas, una especie de casa -apunta Esther- en la que cobra especial relevancia la relación que se establece entre el librero y el cliente. «Con los que vienen siempre, uno ya sabe de qué pie cojean, así que ya te permites incluso hacer recomendaciones, pero también nosotros aprendemos mucho de las que nos hacen ellos. Si hay alguna temática que no domino tanto, me fío de su criterio y aprendo», explica Xacobe.

Al cruzar la puerta de Lectocosmos, en Lugo, también se percibe movimiento. «Nada más abrir notamos una oleada», señala Gloria Fuertes. Mientras ultiman la puesta en marcha de la tienda onlineLos , continúan con el reparto a domicilio un día a la semana, un servicio que pusieron en marcha en abril y que ha tenido acogida, sobre todo en personas mayores. Gloria no sabe a ciencia cierta si se debe a la situación actual o «a que nos tocaba crecer», pero también valora positivamente la actividad de las últimas semanas.

A pesar de que la pandemia ha empañado las celebraciones o actos, que han quedado relegados a un sorteo o un descuento, hoy, en su día, se hace necesario reivindicar el papel tan importante que juegan las librerías no solo en los barrios, sino en las ciudades. ¿O acaso se imaginan sin ellas?

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