Miguelanxo Prado o cómo mezclar magia, «thriller» y mitología gallega

Deslumbrante en el dibujo y el color, el dibujante gallego más reconocido se destapa con una historia absorbente que rompe con guiones anteriores, «El pacto del letargo»


redaccion

Cada cómic de Miguelanxo Prado conviene recibirlo como lo que es, una fiesta para las artes y las letras. Porque se prodiga lo justo. Porque es un tipo que ha decidido no acomodarse y tratar de dar con una tecla diferente en cada proyecto. Porque es un prodigio de imagen y sensaciones. Y porque permite presumir fuera: nunca está de más insistir en que es uno de los creadores gallegos más internacionales. Un dato para ilustrarlo: El pacto del letargo, esta última obra, llegó al mercado francés -el más importante en Europa para la novela gráfica- un mes antes de que lo hiciera en España, tanto en castellano (Norma) como en gallego (Retranca). Por cierto, hay que recibir también con un aplauso que las novedades de Prado lleguen a la vez en la lengua con la que él se expresa habitualmente.

 El pacto del letargo es una obra 100 % Miguelanxo Prado, pero que no da ninguna pista para emparentarla con trabajos anteriores. Huye de ensoñaciones y de los retratos personales de Trazo de tiza o Ardalén; del retrato social de La mansión de los Pampín o Presas fáciles; o de divertimentos como Quotidianía delirante o Crónicas incongruentes. Es este un cómic que se aparta para construir una historia absorbente alrededor de una docena de personajes que se mueven entre dos mundos, real e imaginado, que se encuentran por las calles de Santiago y por la zona rural de Galicia. Porque quizá sí, eso sea lo que hila con trabajos anteriores, su querencia por ambientar en casa, en su entorno más cercano, los últimos trabajos. En Presas fáciles A Coruña y sus mejores piezas arquitectónicas se convertían en un necesario actor secundario; en La mansión de los Pampín la especulación campaba la costa era clave; y en Ardalén las montañas de Os Ancares eran un paisaje delicioso. Y en este último trabajo son los rincones de la zona vieja compostelana (la rúa do Vilar, la facultad de Historia, la antigua de Xornalismo...) los que sirven de conductor. Es fabuloso seguir comprobando cómo Miguelanxo Prado es capaz de sacar lo mejor de calles y plazas, naturalizarlas y moverlas a su antojo.

Dice la promoción de la obra que este Pacto del letargo será el inicio de una especie de trilogía. Pero no hace falta esperar por siguientes libros. Este por sí solo tiene un desarrollo y final muy bien encajados, y en el que se advierten varios niveles de lectura: los que esperen una historia ligera con una trama atractiva (la búsqueda de un trisquel mágico), y los que esperan un relato avanzado (la tensión entre quienes advierten el patrimonio como una riqueza personal, y los que la enfocan como un bien colectivo).

El pacto del letargo es esa historia de dos mundos. Uno, el de todos los días donde están un joven doctorando universitario perdido entre el mundo de la mitología, unos anticuarios, unos fanáticos de las ciencias ocultas... Otro, unos seres milenarios que despiertan por un hecho inesperado y que se confabulan para encontrar la manera de que salgan del letargo otros iguales. La clave está en una pieza histórica, un trisquel, que convierte el cómic en una suerte de novela de detectives con pinceladas de magia y notas históricas. No falta alguna nota de humor negro marca de la casa, esa retranca que tanto se echaba de menos en Presas fáciles, trabajo hosco en el que se advertía la amargura por la estafa social de las preferentes y las malas artes de la banca con sus clientes más indefensos.

La historia tiene otras vertientes, porque Miguelanxo Prado no acostumbra a dar todo masticado al lector. Esconde una defensa nada sutil del medio y de las tradiciones, del patrimonio histórico oculto y de su disposición para el disfrute colectivo. Porque esos personajes fantásticos que despiertan, con sus antagonismos, lo que hacen es poner en evidencia la Tierra del siglo XXI que se encuentran, amenazada por la contaminación, el acaparamiento de bienes, el desdén por el medio ambiente, y el olvido de episodios del pasado. Y para completarlo, se presenta con un dibujo fabuloso en el que el color tiene un protagonismo vivaz. Texturas, primeros planos, variaciones de encuadres, personajes perfilados al extremo... Un espectáculo narrativo que permite concluir que Prado está en un nivel artístico maduro, y que disfruta más que nunca exhibiendo el paisaje.

«El pacto del letargo»

Miguelanxo Prado. EDITORIAL Norma (español) y Retranca (gallego) PÁGINAS 104 COLOR PRECIO 23 EUROS

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