María Oruña: «Quería ofrecer un suave soplo de la magia que tenemos en Galicia»

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María Oruña, ante el parador de Santo Estevo de Ribas de Sil, que ha inspirado su nueva novela
María Oruña, ante el parador de Santo Estevo de Ribas de Sil, que ha inspirado su nueva novela Ricardo Pérez

María Oruña vuelve con un crimen y una leyenda, seguida de 200.000 lectores. La historia fluye en «El bosque de los cuatro vientos», que nos adentra en Santo Estevo de Ribas de Sil por la maleza del tiempo. «No sabía que el parador tuviese un bosque privado, ¡me alucinó!», revela

29 ago 2020 . Actualizado a las 00:12 h.

Les resultará familiar el paisaje, la manera de hacer, su lenguaje copioso, con retranca y con cuncas, que permite saborear la historia a la temperatura justa. La atmósfera de leyenda que recrea en su nueva novela María Oruña (Vigo, 1976) ensambla dos tiempos, el momento actual y el XIX, con la caída de la Iglesia y del Antiguo Régimen. Tras la serie superventas Puerto escondido, la autora deja Cantabria para volcarse en «un canto de amor a Galicia». Oruña nos lleva al corazón del bosque, al monasterio, hoy parador, de Santo Estevo de Ribas de Sil. «En Galicia tengo la sensación de que lo extraordinario se acepta de forma natural, como si todo atendiese a una lógica sabia y misteriosa», escribe en El bosque de los cuatro vientos. Soplan ya en librerías.

Con esta novela, Oruña vuelve a casa. «Yo soy de Vigo y nunca me he ido. ¡Muchas veces piensan que vivo en Madrid, no sé por qué...!», cuenta quien dice se mantiene fiel a la lectura de clásicos como Henry James y Agatha Christie, pero no pierde comba con sus contemporáneos. Uno de los últimos libros que ha leído, y le ha hechizado, es las brujas, del coruñés Celso Castro. A Ledicia Costas también la sigue de cerca: «Somos vecinas, desayunamos muchas veces juntas», revela quien defiende la personalidad propia de la narrativa gallega.

—«El bosque de los cuatro vientos» comienza con un crimen, pero atrapa sobre todo por su escenario y su leyenda. 

—El relato se sitúa en el parador de Santo Estevo, sin adentrarnos en la Ribeira Sacra, porque no era necesario en la trama. Nos vamos un poquito a la ciudad de Ourense y a Oseira, pero todo es centrarse en esa magia y esa forma de ser gallega. Yo, humildemente, pretendía que fuera un soplo de aire, como un reflejo en el espejo del misterio y la magia de Galicia.

—¿La leyenda de los nueve anillos de los obispos, que sigue el antropólogo e investigador de arte Jon Bécquer, existe?, ¿podemos seguir su rastro?

—En la novela es prácticamente todo real, salvo un par de licencias que me he tomado. La última constancia escrita de los nueve anillos está en el XVII; hay un rastro tremendo con el escudo de las nueve mitras por toda la provincia de Ourense, e incluso en Lugo. El poder de este monasterio fue grande. Por eso, ambienté la trama que más me apasionó de la novela, y la más difícil —por el lenguaje, las costumbres y los usos— en el XIX, que es ese momento en que la Iglesia cae después de tantos siglos. Hay un enorme cambio cultural y social, incertidumbre. Cuando ocurre la exclaustración definitiva, cuando el poder de la Iglesia se desmorona... ¿Qué hace la gente? Se intenta abandonar el Antiguo Régimen, pero cuesta. Hubo ese trienio liberal, pero volvimos otra vez al viejo régimen. Tenemos a Fernando VII, que es un rey desastroso. Galicia por entonces era reino, y había un caciquismo brutal en Santo Estevo. Así que es un momento histórico delicioso para contar, porque los personajes se enfrentan a fuertes vientos en sus vidas.

«Conocí el parador en los noventa, en ruinas. Yo era abogada y lo de escribir ni se me pasaba por la cabeza»

—¿El parador fue el inicio, el primer ingrediente de la novela?

—A finales de los 90, conocí el parador siendo ruina. ¡Me fascinó! Cuando vi aquello descomunal en mitad de la espesura, pensé: «¡Madre mía, ¿por qué aquí, y quiénes?». Luego descubrí la leyenda de los nueve anillos. Yo era abogada, y lo de ser escritora ni se me pasaba por la cabeza. Me fui a bibliotecas a documentar el misterio de los nueve anillos... Fui puerta por puerta, iglesia a iglesia, hablando con historiadores, farmacéuticos...