Paseando por una feria familiar

La 39.ª edición de ARCO está dedicada al cubano ya desaparecido Felix González-Torres, cuya impronta no es fácil de rastrear en los atestados pasillos de ese gran zoco que es Ifema


Arco es solo una fecha señalada en el calendario. Días de reuniones y negocios. Fiestas y un partido de fútbol donde los artistas entregan lo poco que tienen. El segundo día, luego de superar el narcotizante baño social, empiezas a disfrutar. Descubres un Lucio Fontana de terracota que parece el penúltimo descubrimiento emergente o un dibujito de Picasso de un pastor que parece un escriba egipcio. Entonces el dibujo tiene más de tres mil años. Y es ahora.

Este año no hay ni rastro de la boutade anual, esa obra perfecta para la entradilla de un telediario. Ahora dicen que no hay riesgo. Somos difíciles de contentar.

Lo último de Kiko Pérez (Vigo 1982), resultado de su estancia en la residencia mexicana Casa Granero es excepcional. Ha cambiado el papel por la piel, tras investigar la producción de la industria zapatera del país. La ductilidad del nuevo material ablanda la pintura. Salvador y Juan Cidrás, en Casado Santapau, también suelen hacerle perrerías al material combinando gres y porcelana, materiales antagónicos cuando hay un horno por medio.

Antón Lamazares reaparece en Rafael Pérez Hernando y es de justicia. Lo hace con obra de los años ochenta. Me habría gustado más disfrutar de su obra reciente, pero siempre se vende mejor el fetiche.

Este año el Premio Alhambra lo ganó Irma Álvarez-Laviada con una obra contenida y poderosa. Christian García Bello (A Coruña, 1986), que también aspiraba el premio, propuso un proyecto sobre el mocárabe, demostrando que el ornamento no solo no es delito sino que a veces es el tema que mejor explica una cultura. Lo hizo en compañía de la ceramista Verónica Moar. Parecen uno solo. La idea y la ejecución van de la mano. Es lo que pasa cuando un artista se arremanga, no delega y además sabe oír al otro. Si la otra es Verónica, todo sale bien.

Solo dos galerías gallegas. En Nordés manda el pintor Miguel Marina en un elegante estand redondeado por Narelle Jubelin. En PM8 brilla un proyecto prácticamente museístico de Gabriel Borba Filho, que diseñó la metáfora de un mobiliario para el descanso de las figuras dolientes del Guernica. Aterrador.

La revista compostelana DARDO ofrece un gran número, con tres portadas originales distintas realizadas por Michael Craig-Martin, y otras tantas a cargo del diseñador portugués Eduardo Aires, responsable de la identidad gráfica de Oporto.

En JustMad dos galerías gallegas, Trinta y Marisa Marimón, hicieron buenas ventas a colecciones importantes. Pilar Citoler compró a Din Matamoro en Trinta y DKV Seguros se hizo con una exquisitez de Tamara Feijoo en Marisa Marimón.

El viaje a Madrid valió la pena solo por ver las exposiciones de Álvaro Negro en F2, Berta Cáccamo en Formatocómodo y Fernando García en Heinrich Ehrhardt. Negro es un clásico contemporáneo y su obra es rotunda, sin concesiones. Una pintura silenciosa, con una intimidad y un tempo que también encuentras en Berta. La pintura gallega tal vez exista. Fernando García mezcla lenguajes con pasmosa naturalidad. Se atreve con la pintura a pesar de que no es su medio natural. Pero como es tan sincero su trabajo, la pintura vibra agradecida. La pintura no es de los pintores, es de aquellos que saben tratarla.

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