Demi Moore, top de ventas con su desnudo más radical

La actriz se exhibe como hija, como madre, como esposa y como actriz. Sus memorias son pura adicción y acaban de lanzarse en España


Demi Moore se desnuda emocionalmente. Tanto que la primera parte de sus memorias es un drama en sí misma. Tuvo una trágica infancia. Su padre era alcohólico, mujeriego y estafador, y su madre, también muy aficionada a beber, tenía instintos suicidas, y solo sabía huir hacia adelante ante los problemas. Esto convirtió su niñez en una mudanza itinerante por todo el país. El episodio más grave llegó cuando apenas tenía 15 años y sufrió una violación: «¿Qué se siente cuando tu madre te prostituye por quinientos dólares?», le dijo sin escrúpulos su agresor. Demi confiesa en estas memorias que nunca llegó a saber si su madre, Ginny, aceptó ese dinero a cambio de que aquel hombre se acostase con ella: «Quizá fuese un trato mucho más sucio y turbio que ese».

En ese contexto se forjó la personalidad de esta actriz que ha tenido que luchar con sus adicciones con apenas 21 años. El alcohol y la cocaína llegaron a su vida cuando empezaba a forjarse una carrera como actriz. Una película, St. Elmo, punto de encuentro, un director, Joel Schumacher, y un productor, Craig Baumgarten, fueron los que le salvaron la vida: «Esto es lo que vas a hacer. Hay un sitio en Redondo Beach y, a menos que te estés muriendo, vas a presentarte allí mañana a primera hora. Te estarán esperando», era un centro de rehabilitación.

La llegada de Bruce

Tras varios hombres en su vida y un matrimonio fallido, llegó Bruce Willis: «Lo mío con Bruce fue un flechazo. Nos conocimos, nos casamos y me quedé embarazada en menos de cuatro meses», explica. Él fue un hombre imprescindible en su vida. Diez años de matrimonio (y tres hijas) que terminaron justo cuando su madre Ginny estaba a punto de morir de cáncer. A pesar de todo, Demi logró perdonarla después de estar ocho años sin hablarle: «No me cansaré de agradecerle a la vida haber podido cuidar de mi madre en los últimos meses de su existencia».

La época de Bruce coincidió con sus grandes éxitos, Ghost, Algunos hombres buenos, Una proposición indecente, Striptease y La teniente O´Neil, donde recibió un auténtico entrenamiento militar. Ella ya arrastraba trastornos de alimentación y una obsesión por modular su cuerpo. También protagonizó aquella famosa portada de Vanity Fair, en la que aparecía desnuda, embarazada de su segunda hija. La revista decidió añadir una funda para ocultar su cuerpo desde el cuello hacia abajo, como una manera de evitar la controversia que inevitablemente se acabaría produciendo. Todo ello, bajo el título More Demi Moore (Más Demi Moore): «La gente se volvió loca. Los más extremistas tacharon la publicación de pornografía asquerosa y me acusaron de ser una exhibicionista. También hubo quien vio esa portada como un avance liberador para las mujeres. Mi única intención había sido demostrar que una mujer embarazada puede ser hermosa y sofisticada, y que debíamos aprender a relacionar palabras como sensual y madre, sobre todo teniendo en cuenta que solo a través del sexo puedes convertirte en madre».

Demi se convirtió por esa época en la actriz mejor pagada de Hollywood, pero su frenética actividad profesional hizo mella en su matrimonio. Bruce no aprobaba que ella estuviera fuera de casa durante los rodajes. Y la actividad profesional de ambos acabó por distanciarlos. Fue un divorcio modélico, en el que los dos pusieron de su parte para que sus hijas sufrieran lo mínimo. Ella abandonó la gran pantalla cinco años y se refugió en su casa de Idaho.

A los 40, llegó Ashton Kutcher. Y su conexión fue perfecta, a pesar de que él tenía 25. Dos años más tarde se casaron. Se enteró de que estaba embarazada el mismo fin de semana que había vuelto a beber después de 20 años. Seis meses después, el corazón de su futuro bebé dejó de latir: «Estaba convencida de que había sido culpa mía: de no haber abierto esa puerta al alcohol, jamás habría perdido al bebé». Y siguió bebiendo, incluso delante de sus hijas.

Demi intentó sin éxito la fecundación in vitro para superar el dolor de haber sufrido un aborto y al fin poder tener un hijo con Ashton, pero se olvidó de sus hijas: «Su madre se había vuelto reservada, casi hermética. En Idaho sentían que éramos una familia unida y feliz, pero ahora tenían la sensación de que Ashton y yo nos estábamos alejando de ellas». Poco a poco, su marido también se fue distanciando emocionalmente de ella, mientras Demi seguía bebiendo y enganchándose a los opiáceos.

Ashton le propuso hacer un trío para salvar su matrimonio. Ella aceptó, pero fue un error. Se había dado cuenta de que también era adicta a su marido. El siguiente paso fueron las infidelidades del que era el hombre de sus sueños y el enfado de sus hijas: «Estaba viviendo en una casa vacía, la misma en la que me había casado, la misma que había tenido que reformar y ampliar porque tenía más hijas que habitaciones. Y estaba sola, totalmente sola». Demi tocó fondo y renació, una vez más, de sus cenizas. Pero no como madre o hija, ni siquiera como esposa o sexsymbol ni como actriz. Sino simplemente como mujer.

«Demi Moore. Inside Out. Mi historia»

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 Hace pocos días les hablaba de que agradecíamos que este festival nos anunciase que Andie McDowell seguía viva, más allá de sus afeites y cremas anti-edad. Este martes asistimos a otro reencuentro con una actriz que representa como pocas esa década que nadie añora, los noventa, frente a la cotización nostálgica de los eighties. Demi Moore encarna como pocas la levedad de diez años de cine que fueron quizá los peores de la historia de Hollywood. Solo así se explica la preponderancia de alguien con tan escasísimos recursos dramáticos como Moore. entonces deseada estrella que comenzó esa etapa con Ghost y fue encadenando hits Algunos hombres buenos, Acoso, La letra escarlata, El Jurado, La Teniente O’Neill- para diluirse en la niebla.

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