La resurrección de Demi Moore en la comedia caníbal «Corporate Animals»

El maestro japonés Tetsuya Nakashima apabulla con la madre de todos los exorcismos en «It Comes»


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 Hace pocos días les hablaba de que agradecíamos que este festival nos anunciase que Andie McDowell seguía viva, más allá de sus afeites y cremas anti-edad. Este martes asistimos a otro reencuentro con una actriz que representa como pocas esa década que nadie añora, los noventa, frente a la cotización nostálgica de los eighties. Demi Moore encarna como pocas la levedad de diez años de cine que fueron quizá los peores de la historia de Hollywood. Solo así se explica la preponderancia de alguien con tan escasísimos recursos dramáticos como Moore. entonces deseada estrella que comenzó esa etapa con Ghost y fue encadenando hits Algunos hombres buenos, Acoso, La letra escarlata, El Jurado, La Teniente O’Neill- para diluirse en la niebla.

No recuerdo desde cuando no veía a Demi Moore en una pantalla de cine. No la echaba de menos. No hizo mella en mi memoria. Pero como referente de cómo una muy mala actriz podía entronizarse en el star-system confieso que me despierta curiosidad descubrirla ahora camino de los 60 años- vestida de excursionista para comandar uno de esos proyectos en los que los ejecutivos de una empresa se someten a un viaje con aventura de riesgo para generar sentido de equipo. Corporate Animals, de Patrick Brice, quiere ser comedia macabra al someter a ese grupo de personajes a un abandono sin esperanzas en las entrañas de una cueva. Y como en la tragedia de los Andes- a ponerlos en la obligación de buscarse la supervivencia practicando la antropofagia. Más allá de ese punto de partida hay pocas ideas felices en la película, que se limita a encadenar sketches de humor asociado al gore, la mayor parte de ellos de brocha muy gruesa y alguno que otro afortunado. Demi Moore juega con un personaje de jefa de equipo malvada y hay guiños autorreferenciales a Acoso y La teniente O’Neill. Pero en esa merienda de blancos y negros no se llevará la mejor parte. Quién le iba a decir a la cursi enamorada de Unchained Melody que iba a terminar ganándose las lentejas sirviendo de pasto para las fieras en una parodia de survival, una comedia de terror para jóvenes castores que no ofende, tiene su sentido comercial. Pero se digiere y se olvida tan rápido como una hamburguesa de carne de género y especie no identificados.

DESBORDANTE GENIO DE TETSUYA NAKASHIMA

El caso del japonés Tetsuya Nakashima es absolutamente atípico. Con 60 años y una filmografia desigual comenzada hace 40 ha devenido en la última década autor de culto, imprescinsible para entender las claves del cine de terror de este siglo. Y esto, con solo 3 películas, Confessions, El mundo de Tanako e It Comes, presentada aquí ayer. El sentido visionario del exceso de Nakashima, su forma de mover el piso y hacer estallar el suelo y la pantalla en géiseres barrocos y perturbadores alcanza su cima en este film en el cual nos brinda una cara B de El exorcista de Friedkin. Lo que en aquella era contención y sobriedad de infiernos interiores y luteranos, en It Comes, Nakashima lo hace reventar como órdago que anuncia que las apariencias de felicidad y armonía de la familia tradicional son como el sueño de la razón que provoca monstruos. Y en esa terreno es apabullante la forma en que nos aturde, nos maneja a su antojo en su conocimiento profundo de las raíces del miedo. Y nos conduce hasta una apoteosis, la madre de todos los exorcismos, que resume la grandeza de este autor y su manera de servirnos Japón y sus contradicciones internas como un escenario para el pánico.

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