Javier Gurruchaga: «Sí que he tenido que hacer algún ajuste en algunas letras»

Noticia bomba, sí. Tras varios años viviendo del revival la Mondragón publicará un disco con temas nuevos. «Bla, bla, bla» es su adelanto


Aferrarse al pasado tiene sus riesgos. Auparse al presente también. Javier Gurruchaga ha asumido durante casi una década los primeros. Ahora se enfrenta a los segundos. Revitalizar la irreverente y cáustica Orquesta Mondragón en estos tiempos de sensibilidad extrema semeja tan complicado como oportuno y necesario.

­-¿Por qué ha decidido reactivar ahora la Orquesta Mondragón?

-Activo he estado. Pero mientras no tuve temas nuevos o algo que decir tiré de repertorio. Pero ahora sí, ahora vamos a sacar ese disco que se llamará Grupo salvaje cuyo primer single habla de las charlatanerías y de las fake news tan propias de este tiempo.

­-En ese tema dice «fui un lobo en los 80». ¿Qué es hoy?

-Sigo teniendo aquel espíritu y aquellas ganas de seguir peleando. Y la canción sigue sonando estupenda. Pero de aquel lobo de los 80 queda fundamentalmente el esqueleto. El resto está un poco más hermoso [se ríe].

-Este año va al Sonorama. ¿Le preocupa que los que hoy tienen menos de 25 años no le conozcan?

-No. Por eso voy, para que me conozcan. Yo cuando era muy joven tampoco conocía a muchos grupos que después he ido descubriendo y disfrutando. Y hoy Elvis Presley, los Rolling o Little Richard me siguen pareciendo mucho más modernos que muchos de los grupos que ahora se escuchan.

-Hace unas semanas estuvo en Galicia con la gira «1980 Pop Festival». ¿No se está abusando un poco de ese revival?

-Los 80 supusieron un gran cambio en este país. También en lo musical. En las canciones ya se podía decir lo que quisieras, no había censura. Fíjate en los programas de televisión que se hacían entonces. Hoy serían impensables. Por eso no sé si se abusa de los 80 o no. Lo que es seguro es que se echan de menos.

-Ya que habla de censura. ¿Se atreve hoy a cantar canciones como «Muñeca hinchable», «Ellos las prefieren gordas», «Pon un muerto en tu motor» o «El hombre de los caramelos»?

-Algún recorte en algunas letras sí que he tenido que hacer para seguir cantándolas. Y, por ejemplo, las gordas ya no la canto casi nunca. Pero no son solo las letras. Los disparates que hacía Popotxo en el escenario con la muñeca hinchable hoy no serían tolerados. Hoy se mira todo con lupa. Y ya no te digo nada en las redes sociales.

-No deja de resultar paradójico que las redes «sociales» nos hayan sumido en la incomunicación personal más absoluta.

-Desde luego. Comunicarse a través de las redes sociales la mayoría de las veces supone entrar en una selva, sumergirte en el fango en el que se manifiesta lo peor del ser humano. Las redes sociales nos hacen más solitarios, más huraños, menos comunicativos. Pero vivimos en unos tiempos en los que tampoco te puedes desconectar de un modo absoluto. Puedes tomar ciertas precauciones pero tampoco muchas, porque entonces no te enterarías de si te han llamado para ir a tocar o para dar un pregón.

-Y en ese contexto, ¿qué es lo que le hace mantener al menos cierta esperanza?

-Confío en el triunfo de la libertad, de la tolerancia y de la paz. Confío en que gente como Trump deje de crear escuela. Confío en que el fascismo que está in crescendo en lugares como Brasil o en Europa deje de hacerlo e incluso desaparezca. Esas serían dos grandes noticias que aliviarían un poco esta situación de desilusión y de desengaño en la que ahora estoy.

-Cuando se lee acerca de usted siempre aparecen las palabras excesivo e histrión. Sin embargo, cuando uno charla con Javier Gurruchaga lo que asoma es una persona reflexiva, sensible y sensata.

-¿Reflexivo? Hombre, con los años uno se vuelve más reflexivo. Aunque a mí siempre me ha gustado pensar mucho las cosas y darles muchas vueltas. Pero todas las personas convivimos con muchos yoes. Tenemos muchos Jekylls y Hydes entremezclados. Todos tenemos nuestras contradicciones. Lo importante es ser capaz de asumirlas. En mi caso no creo que se trate de si soy histrión o dejo de serlo. Han sido más bien los personajes los que me han encasillado. Pero cuando he tenido algún papel en el que he podido salir del registro que el público más conoce de mí la gente lo ha agradecido. Creo que es muy saludable que seamos así de mestizos, incluso dentro de nosotros mismos.

-Como cantaba Freddie Mercury, ¿«The Show Must Go On»?

-Siempre me gustó esa canción. Y sí, claro que el espectáculo debe continuar. Esta no es una profesión de funcionarios ni una empresa de seguros. Aquí la música, la poesía y la lírica nos mantienen durante más tiempo en la pelea. Además, esto es lo que sé hacer yo.

-Pero ya anunciaban Golpes Bajos a principios de los 80 que eran «malos tiempos para la lírica». Y en esas seguimos.

-La lírica es lo único que nos puede salvar de convertirnos en unos autómatas, que es lo que pretende esta sociedad.

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