Electra «Esto es lo más comercial que puedo ser»

La banda coruñesa presenta con Son Estrella Galicia su primer trabajo en Vigo y A Coruña. Un disco de rock que mira a Sudamérica y descarga electricidad sobre la crisis de los cuarenta


Pablo Rega, impulsor de Electra, tiene un pasado reciente en Barcelona ligado al jazz y la música improvisada. Pero para este nuevo proyecto ha optado claramente por el rock sin concesiones: «Estar en A Coruña ha influido mucho. Venía con ganas de hacer otra cosa, contando una historia, recordando la música que escuchaba antes y volver al lenguaje del rock que lo tenía totalmente oxidado», dice. Junto a músicos míticos del rock coruñés acaba de sacar el notable Duelos y quebrantos. Lo presenta hoy en Vigo (Radas, 21.00 horas, 10/13 euros) y mañana en A Coruña (Playa Club, 22.30 horas, 10/13 euros). Antes habla de su proyecto con su compañero, el cantante Álvaro Dorda. 

-Se perciben aires latinos en Electra. ¿Vienen de sus estancias en Anmérica?

-Pablo Rega: Creo que es algo que ya estaba aquí y, al menos en mi caso, formaba parte de mi infancia. He pasado la vida escuchando a mis padres cantando boleros y canción mexicana. Cuando estás en América lo ves, más in situ, y te parece algo exótico. Luego estableces un puente y realmente está aquí. Aquí hay una escuela increíble de música de orquesta, para bailar agarrado, se escuchaban mucho la música cubana y las habaneras. Al escribir en castellano, eso se fortalece. Porque  o te fijas en la música en castellano que escuchaba yo, como Radio Futura o Siniestro Total, o ya te queda eso, el bolero, el tango.

-Eso se refleja también en modo de cantar con más potencia, que igual remite a Corcobado como a Camilio Sesto

-Álvaro Dorda: Yo he mamado mucho Camilio Sesto y Raphael, de toda la vida. En el local hay alguna subida de la canción en plan Camilio. Luego está la música sudamericana. En mi casa se escuchaban rancheras y el corrido. También hay una escuela importante en A Coruña, la de Los Doré.

-Es decir, venía de serie.

-A: Salió un poco así. Tampoco he pretendido ni imitar ningún estilo ni a un cantante. Al cantar en español lo he cantando como yo lo he ido sintiendo y cómo me salió a mí.

 -P: Desde los 2000 o así estamos muy acostumbrados a escuchar grupos de pop donde las voces son un poco más aniñadas o adolescentes. Yo tenía claro para este proyecto que me molaba que el quien defendiese las canciones fuera un hombre y que fuese mayor, porque somos mayores. Me alegra que menciones a Corcobado porque nos gusta.

-Hacen un disco de rock, totalmente rock. ¿Tenía las ideas muy claras?

-P. El haber vuelto a Coruña ha influido mucho. De pronto, aparece tu pasado. Yo hacía mucho tiempo que no oía hablar a nadie de Kozmic Muffin y que nadie me relacionarse con ello. Yo estaba en la música instrumental y experimental. Pero aquí venía con ganas de hacer otra cosa y con ganas de hacer otras cosa, contando una historia, recordando la música que escuchaba antes y volver al lenguaje del rock que lo tenía totalmente oxidado. Me han pasado cosas que he ido escuchando, porque mi background es muy raro. Yo hace ocho años que escuché un disco de Blur o Nirvana por primera vez.

-¿Se sentía un extraterrestre?

 -P. Pues me sentía un poco así. En un bar te lo ponían, pero nunca había oído un disco suyo. A Blur, a Pulp y a Oasis los escuché en un coche seguidos.

-A.  ¿Te bajaste o te tiraste en marcha? [risas]

-P. No, me dejó muy impresionado Pulp. Me parecía de lo más original. Esto me pasa, tengo unas lagunas tremendas. Pero me preguntas por improvisación japonesa y lo sé todo. Es lo que pasa cuando estás en un mundo y te metes en otro.

-¿Por qué escogió a estos músicos?

-P: Porque me dieron bola.

-A: Somos los únicos que quisimos tocar con él [risas].

 -P: Yo los conocía, pero tampoco tanto. Yo los conocía de la época, pero tampoco nos relacionamos muchos.

 -A: Hicimos bolos juntos pero sí que es cierto que Pablo de todos los Muffin era el que más iba a su bola y con el que menos trato teníamos.

 -P: Yo quería a gente de mi quinta, curtidos, con su personalidad y que estuvieran de vuelta de poco. Me daba la sensación de que todo iba a ser mejor así.

 -Teniendo en cuenta su exbanda Kozmic Muffin, todo el mundo esperaba que Electra fuese más psicodélico. ¿Por qué no lo es tanto?

-P. Hay cosas que yo, personalmente, relaciono con la época de Kozmic Muffin, sobre todo en estructuras y contar partes.

 -A. Tuvimos que enseñarle un poco a hacer una canción de estrofa, estribillo, estrofa, estribillo, solo de guitarra, estribillo, estribillo y se acabó [risas]. Pero totalmente. Venía con canciones con ocho partes.

 -P. A Quique le decía que esto era lo más comercial que podría llegar a hacer. El me decía: Tú no sabes lo que es la música comercial.

 -Hacen rock, con cuarenta y tantos años y con letras adultas, que retratan el momento. ¿Es el verdadero lugar del género en el 2018?

-No lo sé. Me gustaría hacer otras cosas, pero las hago y me viene gente más joven diciendo: «Pero si eso lo han hecho otros antes».

-Eso recuerda a cuando los mods gallegos evolucionaban y empezaban a escuchar a Deep Purple en los noventa. Y el heavy de la clase decía: «¿Pero qué me estás contando?».

 -P. Supongo que todo tiene un tiempo. Me hacía gracia encontrarme con Fernando de Sex Museum y decirle que yo estaba en Kozmic Muffin. Él me decía: «¡Os adelantasteis, ahora seríais de puta padre!»

 -Hay un par de subidones en el disco de puro paroxismo.

-P: Siete cruces habla de la culpa. Me costó mucho hacerla. Es un tema de desamor, pero de culpa. En el caso de Ni un alma en el cielo es un canción sobre mi infancia en el pueblo, muy marcada por la educación católica-cristiana. Sin rencor, sino recordando imágenes, sonidos y cosas que pasaron allí. En la iglesia entraron a robar y apedrearon todas la imágenes. Entrar de niño y ver todas las imágenes rotas es algo muy potente.

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