Salvador Sobral: «No soy el típico portuguesito melancólico»

Será la primera vez que Salvador Sobral pise Galicia. «Una deuda pendiente», confiesa. Su afán es sobreponerse a su triunfo eurovisivo con un repertorio centrado en el jazz con evocaciones latinas. El jueves 1 actúa en Santiago y ya tiene todas las entradas agotadas


Porfiar con sueños tiene sus riesgos. El más evidente, que se cumplan. En un abrir y cerrar de ojos la vida le hizo a Salvador Sobral (Lisboa, 1989) un par de inverosímiles quiebros. Y ahora es el destino quien le persigue a él. Una situación que el músico portugués, lejos de anhelar, sobrelleva con recelos. Sabedor, eso sí, de que tendrá que aprender a convivir con ella buena parte de su vida.

Liberarse del estigma de Eurovisión ha llevado a Salvador Sobral incluso a metamorfosear su aspecto y su estética. La primera sorpresa que se llevará el público gallego será verlo con el pelo corto. «Soy diferente, he pasado página. Asocio el pelo largo a mi pasado. Ahora me siento más fresco y ligero», comenta.

El segundo sobresalto, especialmente para quienes se hayan acercado solo desde el conocimiento y la perspectiva musical de su eurovisivo Amar pelos dois, puede estar en su repertorio, centrado fundamentalmente en el jazz, con evocaciones de la música brasileña y alguna que otra sonoridad de tradición latina.

-No faltará quien vaya a tu concierto habiendo escuchando de ti únicamente el «Amar pelos dois». ¿Te preocupa o te inquieta que lo que vayan a encontrar no sea precisamente aquello que esperan?

-Eso me pasa siempre. La gente va esperando ver al típico portuguesito triste y melancólico cantando fados. Y yo no soy así. Lo que pasa en mis directos es todo lo contrario. Hay mucha locura. Hay canciones superdivertidas y con mucha energía. Yo grito, corro de un lado al otro del escenario... Yo sé que la gente sale sorprendida. Nadie se espera lo que después allí encuentra. Pero eso no es malo. A mí que se lleven esa sorpresa con mis conciertos me encanta.

-De tu primer trabajo, «Excuse me» (2016) decías que era «el disco de un intérprete en busca de su personalidad». Estás apenas a unos meses de publicar el segundo. ¿Has encontrado ya esa personalidad?

-He descubierto que mi personalidad no está en los discos sino en los directos. Soy un artista que vive del escenario. El estudio me aturde un poco. Dudo mucho que ningún disco que no esté grabado en vivo vaya a captar la esencia de mi música. En todo caso, Excuse me no es un disco del que me sienta especialmente orgulloso. A la semana de acabar de grabarlo ya estaba pensando que me gustaría cambiarle muchas cosas.

-Tu admirado Caetano Veloso reconocía en estas mismas páginas que no creía que ninguna canción suya se acercase a la perfección, que conseguir hacer una canción que le dejase satisfecho seguía siendo una meta.

-Yo no sé si voy tan lejos. Por ejemplo Amar pelos dois me gusta como es y no le cambiaría nada. Pero pensándolo bien, es la única que no cambiaría.

-¿Te mantendrás fiel al minimalismo en la producción también en tu nuevo disco?

-Sí, desde luego. No va a ser un disco con un montón de producción. Lo estamos grabando en acústico y con el mismo cuarteto que actúa en los conciertos. Mi objetivo, aunque sé que es inalcanzable, es intentar reflejar el ambiente del directo.

-En «Changes» dices «en tiempos difíciles prefiero sentir». ¿Es esa la clave de la felicidad, el sentimiento real y no su percepción virtual que es la que parece que se ha impuesto?

-¿Crees que estos son tiempos difíciles? Yo no siento que lo sean. Excepto por la sobreutilización de la tecnología y por la situación política de algunos países, yo, como portugués, no diría que estamos viviendo tiempos difíciles. Quizá sí lo diría si fuese brasileño.

-Este año has actuado en España en varios festivales de jazz. ¿Es ese tu territorio natural?

-Totalmente. De hecho la opinión que más me importa es la de la gente del ámbito del jazz. Recuerdo que cuando fui a Eurovisión algunos músicos de jazz me dijeron «¡Qué bueno!, estás ahí representándonos». Yo ya solo con eso me sentí realizado. Y el otro día uno de los pioneros del jazz en Portugal, Bernardo Moreira, me dijo: «Aunque a ti te gusta cantar y te estén vendiendo como un cantante, tú lo que de verdad eres es un músico de jazz». Eso me dejó completamente feliz y pensé que ya me podía retirar.

-No obstante, tú recelas de tu vertiente como compositor. Has reconocido que en ese aspecto aún tienes mucho que mejorar.

-Sí, eso está claro. Tengo que poner empeño en ello. Más que la música, me gusta escribir letras. De hecho en el nuevo disco va a haber bastantes más letras mías.

-Has citado Eurovisión y me consta que es un asunto del que te aburre hablar. ¿Eres consciente de que te va a perseguir de por vida?

-Claro. Que no me guste hablar de ello no significa que no le esté agradecido.

-Permíteme al menos resolver una inquietud al respecto. En los últimos años Eurovisión ha premiado la extravagancia. Tenemos el ejemplo de este año, con la israelí Netta Barzilai. O el de Conchita Wurst. O el de aquel grupo finlandés de «jevis» disfrazados. ¿Has pensado en alguna ocasión que a ti quizá te votaron también por friki?

-¡Hostia tío! [se ríe]. Me han preguntado de todo de Eurovisión pero nunca me había planteado esto. Espera, voy a pensarlo [se queda en silencio]... Podría ser... Pero creo que la belleza de la canción es más fuerte que ese frikismo de mis manos, de mi pelo o de mi cuerpo un poco raro. Sí, creo que sí, que votaron más por la sinceridad y por la belleza de Amar pelos dois que por el hecho de que yo fuera un poco friki... Pero quién sabe.

-En el escenario hay momentos en los que, como cuando con tu voz simulas tocar la trompeta, da la sensación de que te encanta hacer el payaso. ¿Hasta qué punto el humor tiene también cabida en tus conciertos?

-No solo el humor sino todo el arte dramático en general. Cada vez estoy invirtiendo más en hacer más teatro en mis conciertos. Incluso algo de stand up cuando me siento inspirado. Busco que sean como una performance. En ese sentido me reconozco muy influenciado por el músico cubano Bola de Nieve, un maestro en eso de la teatralización de la música.

-Cuando entrevisté a Caetano Veloso le pregunte que qué música estaría haciendo si ahora tuviese 25 años, más o menos tu edad. Démosle la vuelta. ¿Qué música crees que estarás haciendo tú cuando tengas sus 76 años?

-Espero estar haciendo jazz, como ahora, pero con más libertad todavía, abierto a todas las cosas que puedan pasar. Espero también haber aprendido a manejar mejor mi voz y mi teatralidad para tener más recursos que me permitan explorar caminos distintos. ¿Qué contestó él?

-Que estaría haciendo música electrónica.

-¿Ah, sí? ¿Dijo eso? ¡Guau! Imagínatelo.

-La del jueves será tu primera actuación en tierras gallegas, pero ¿habías estado antes en alguna ocasión en Galicia?

-No. He estado en casi todas las regiones de España pero nunca en Galicia. Era una deuda pendiente.

-¿Tienes al menos alguna referencia de músicos o de grupos gallegos?

-Para ser sincero, tengo que reconocer que no conozco muchos músicos gallegos. Conozco a Uxía. Canta muy bien esa chica. Y a Abe Rábade. Mi baterista, Bruno Pedroso, es el mismo que toca en su trío... Pero ¿sabes lo que más ilusión me hace de Galicia?

-¿Qué?

-A mí lo que más me gusta es el pulpo. Y dicen que en Galicia es casi tan bueno como en Portugal.

-Casi tan bueno, no. ¡Es mucho mejor!

-¡Uy, uy, uy! Eso quiero verlo. Tengo muchas ganas ya de probar ese pulpito.

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