El último tequila y nos vamos

La banda hispano argentina se despidió de manera definitiva de los escenarios en Madrid el pasado septiembre, haciendo saltar a viejos y nuevos compañeros

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La electricidad de Tequila fue peculiar. Aún no habían acabado los azotes del franquismo, cuando los argentinos Ariel Rot y Alejo Stivel decidieron unir fuerzas con Julián Infante, Felipe Lipe y Manolo Iglesias para convertir su rebeldía en rocanrol. Curiosamente, solo los argentinos han podido al tiempo. Previos a cualquier movida, Tequila se erigieron como un grupo feliz, con una mirada fija en el blues blanco de los Rolling Stones y la magia guitarrera de Chuck Berry. Hace apenas una semana pusieron fin a su nombre, se acababan la botella -otra vez- de un trago y Madrid quedaba de testigo.

¿Sabían que la primera vez que sonó públicamente Salta fue en el concurso televisivo Un, dos, tres... responda otra vez? Así parece ser. Lo que vino luego fue historia. Un éxito raudo que catapultó a sus cinco miembros hacia el estrellato y que durante seis años disfrutaron de la democracia temprana de un país que buscaba con ansias nuevos sonidos, nuevas experiencias y una banda sonora novedosa para el país.

No somos pocos los que en un momento determinado, en realidad varios, hemos tocando un rocanrol en la plaza del pueblo. Ellos mismos se cansaron de hacerlo, en realidad. Las constantes discusiones crisparon sus ánimos mientras las adicciones, como a la heroína, ponían su granito de arena a la hora de acabar con un grupo que se basaba en la vitalidad.

No fue el final. Ariel Rot junto con Infante formarían los Rodríguez al lado de Calamaro y la fama les tocaría por segunda vez en una vida, que no es poco. Luego Rot, guitarrista exquisito donde los haya, mucho más de lo que la mayoría piensa, continuó en solitario cosechando éxitos aquí y allá, ofreciendo canciones, colaboraciones y disfrutando de la vida y su música, que no es poco.

Por su parte, Alejo Stivel decidió que lo suyo era el estudio y triunfó como productor. De oído e ideas prodigiosas, Stivel es de uno de esos músicos sabedores de la fórmula del éxito. Fue él el responsable de convertir esa talentosa banda de rock sureño como era M-Clan en una portentosa máquina de hits más radiables y cantables. También Sabina le confió el que no pocos han querido tildar de su obra definitiva, el atemporal 19 días y 500 noches.

Quizás por eso Tequila ha querido darse un último baño de masas. Un reencuentro con el público madrileño, un hola para los nuevos amigos y un adiós para los antiguos compañeros.

No hicieron falta nuevas canciones. Las logradas por Ariel y Alejo han aguantado el tipo y se han mantenido bien. Retumbaron en el WiZink Center madrileño como antaño hicieron en las salas primigenias de este país. Por supuesto, habrá DVD del asunto.

Y también hubo invitados, claro. Un poco de M-Clan, otro de Leiva, un tanto de Fito... Una mezcla efectiva para los miles de asistentes.

No hay que engañarse. Quizás el legado de Tequila no sea el más importante del rocanrol en castellano, pero lo hicieron, que no es poco viendo la fecha. No suman una lista inmensa de hits todopoderosos, pero los que lograron han traspasado las generaciones. Seguirán saltando pues las nuevas.

Tanto Rot como Stivel han disfrutado del éxito tras su parón

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