«En vaqueros no me vais a ver cantar en la vida»

Parapetada tras sus sempiternas gafas oscuras alborotó la copla y la canción popular. De aquello han pasado 30 años pero Martirio sigue hoy desbordante de inquietud. Esta noche actúa junto a la Orquesta de Jazz de Galicia


Convirtió la copla en una rebelión y los casposos ornamentos del vestuario de la España negra en complementos de vanguardia. Transgredir era para ella algo más que una vocación. Era el modo de articular y exponer un discurso musical, estético y cultural que ha trascendido en el tiempo. Quizá ningún icono de aquellos vertiginosos y mitificados 80 ha resistido el paso de los años como lo ha hecho Martirio (Huelva, 1954), una representante iluminada de toda una generación de artistas que buscó una manera diferente de cantar y de tocar, de ser y de estar. Tres décadas después la artista no reniega de su afán vital de ir siempre por libre y un paso por delante. Enfrentándose valiente y serena al caudal de ingratitud que casi siempre ello conlleva.

No he encontrado de Martirio definición más hermosa y certera que la que de ella hizo su hijo, el también músico Raúl Rodríguez: «Hay gente que enciende la luz cuando el cuarto aún está oscuro y todavía nadie se atrevió a poner un pie dentro».

-Ahí queda eso, ¿no?

-Es que Raúl es un tipo excepcional. Es el grandísimo orgullo de mi vida. Yo a veces digo que creo que he nacido solo para ser su madre.

-¿Te identificas en sus palabras?

-Sí, nunca le he tenido miedo a los cuartos oscuros. Lo que no me gusta es pisar huellas. Prefiero los terrenos vírgenes aunque haya muchas ramas y mucho follaje de por medio. Lo mío siempre ha sido abrir caminos y nunca me ha importado, al contrario, que otros los hayan utilizado para avanzar.

-Has cumplido tres décadas de carrera. ¿Te puede a veces la nostalgia?

-No, no tengo ninguna nostalgia. La nostalgia ya no es lo que era (se ríe). Tengo unos recuerdos maravillosos. Pero tengo algo mejor que eso. En este momento puedo presumir de tener un trabajo profesional bien hecho. Y hecho con los mejores. Y sobre todo puedo presumir de no haberme vendido nunca. He tenido que pagar un precio por ello, pero ha sido solamente económico. Pero gracias a eso tengo la misma libertad que cuando empecé. Hago lo que quiero. Y lo que no quiero, no lo hago. Ni por dinero, ni por fama, ni por .

-Dices que las gafas y la peineta te dan superpoderes.

-Sí, sí. Porque yo soy una persona muy tímida pero en cuanto me pongo el traje tiro para adelante con mucha más seguridad. En vaqueros no me vais a ver cantar en la vida.

-En los 80 te atreviste a transgredir algo tan sagrado en España como era la copla ¿Qué te interesó del género?

-Los sentimientos más reprimidos por la dictadura estuvieron expresados de forma muy ingeniosa en las coplas. Y gracias a ellas se abrió la mente de mucha gente. En ese sentido creo que el tratamiento que se le dio a la copla durante el franquismo le vino muy bien. Pero quitarle ese sambenito también ha sido maravilloso. De una de las cosas de las que más orgullosa me siento es de haber acercado ese indiscutible tesoro de la música popular a mucha gente que hasta entonces tenía prejuicios respecto a la copla.

-Ahora resulta que cantar copla ha pasado de ser de lo más rancio a lo más moderno.

-Sí, pero siempre y cuando les des tu propia personalidad y aportes algo nuevo. Porque para hacer los movimientos y los melismas de la voz que ya hicieron las grandes... no tiene sentido.

-En los años 70 formaste parte del grupo Jarcha. ¿Qué te parece que, casi medio siglo después, desde determinados sectores políticos y sociales se esté de nuevo reivindicando aquella formación?

-Tengo una pena muy grande con que no salgan a cantar porque cantidad de gente se acuerda de ellos. Hicieron un disco precioso hace dos años con textos de Miguel Hernández pero prácticamente nadie lo tiene. Yo los echo mucho de menos. No ha vuelto a salir un grupo así, tan unido al pueblo, con unas voces tan bonitas y que reivindique la poesía y la música popular.

-Y de la música gallega actual, ¿qué conoces?

-Mi amiga Uxía, por supuesto. Mercedes Peón, Rosa Cedrón... Mónica de Nut me encanta.

-Todas son mujeres...

-Es que es con ellas con quien tengo más confianza y más cercanía. Pero también me gusta mucho, por ejemplo, lo que hace Xabier Díaz.

-En varias ocasiones te he escuchado decir que «lo hermoso nunca fue fácil».

-Ah, sí, por supuesto. Eso es un axioma. Cada vez que veo que hay muchas dificultades con una cosa a la que le tengo mucha pasión me digo, “tranquila, poquito a poco, pero pa’lante, porque nunca fue fácil lo hermoso”. Y se cumple.

-¿Ha sido la música quien te ha hecho libre?

-Sí. Poder dedicarme a la música, poder estar enamorada de la música me ha hecho y me sigue haciendo libre.

 

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