«Cuando llegas a los 40 años ya no hay excusas»

FUGAS

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¿Qué se ha perdido en las últimas décadas? Los personajes del filme «Casi 40» pasan lista: los mapas, las cabinas, las cartas... el amor. David Trueba retrata una generación que vive una doble crisis, la del país y la que trae cumplir años

29 jun 2018 . Actualizado a las 19:57 h.

A casi un año de cumplir los cincuenta, David Trueba (Madrid, 10 de septiembre de 1969) estrena hoy Casi 40, una road movie en la que se reencuentra con los actores de su primer largo, La buena vida, los entonces también debutantes Lucía Jiménez y Fernando Ramallo. Aquí interpretan a una antigua cantante de éxito en una gira por librerías que le ha organizado su amigo de la infancia: a la crisis del país se superpone la propia de la edad adulta.

-¿Por qué «Casi 40» y no «Casi 50»?

-Es una buena pregunta y es importante clarificarla. Hay que tener cierta distancia con las cosas. Me encanta esa explicación de Leonardo Da Vinci de que para pintar a una persona de cuerpo entero tienes que situarte a dos veces la distancia de su cuerpo para mirarlo. A partir de superar esas edades y ver a otros que llegan, es el momento de hablar y ver si has sido fiel a lo que te planteabas, si has fracasado en lo que buscabas. Lo peor suele ser casi siempre la idealización del pasado. El pasado te acompaña, pero no puede ser la justificación de tu presente.

-No sé si es cierta o apócrifa la atribución, pero se cuenta que Gil de Biedma se preparó a fondo para la crisis de los 40, que apenas notó. Pero decía que los 41 fueron terribles...

-Suele ocurrir. Te preparas para unos obstáculos y viene otro distinto. Sí que es una crisis emblemática. Lo que es importante de los cuarenta es que miras hacia adelante y ves mucho, pero miras hacia atrás y también ves mucho. Ya no hay excusas. A los veinte aún las tienes, a los treinta aún dices, bueno, puedo cambiar, reformarme, ver las cosas de forma distinta, sentar la cabeza, lo que quieras. A los cuarenta empiezas a no tener tiempo. Lo tienes, claro, pero para las grandes decisiones dejas de tener excusas.

-¿Se parece hoy la crisis de los cuarenta a la de hace diez o veinte años? Habrá cuestiones que sigan igual: tener hijos o no, los padres, el trabajo...

-Se siguen viviendo y de manera más espectacular porque hay una gran precarización. Antes no era tan habitual que alguien a los cuarenta viviera en la inestabilidad laboral, incluso familiar, si la ha formado o no. Y ahora es muy habitual. Con un contrato temporal tras otro hay mucha gente que no se puede plantear tener familia y todo se retrasa muchísimo con respecto al calendario biológico. Y esto crea unas neurosis generacionales que no existían hace 25 años.

-El personaje de Ramallo enumera cosas que han desaparecido de su vida al frisar los cuarenta. Y dice que el amor se ha esfumado. ¿Exagera?

-Bueno, esa frase es interesante porque obviamente es del personaje. Sería un error convertirlo en algo que sea de mi pensamiento. Pero a veces miro a mi alrededor y veo una sociedad tan exhibicionista, tan individualista y tan egoísta, que me pregunto si va a ser posible la supervivencia del amor tal y cómo se ha entendido. Efectivamente, existen las relaciones y los enamoramientos, pero no sé en qué medida siguen siendo una expresión del yo. Nos gusta que nos quieran. Y el amor no es exactamente eso. Una vez un amigo me dijo que el amor es imposible en la época del teléfono móvil, que ya no es lo mismo. Nunca me había parado a pensar en una cosa así. La espera, el tiempo, la fabricación del sentimiento, el ritmo que tiene que tener el sentimiento para asentarse en uno... todo eso lo hemos acelerado tantísimo que se generan relaciones de usar y tirar.