María Suárez González: «Volver a escribir fue la mejor receta»

La autora de «Soñando con Cala» retomó su afición a la escritura por prescripción médica, pero lo que no esperaba era que una editorial la descubriese a través de sus relatos en Internet. Todo un éxito que ya va por su segunda edición


María era una de esas niñas que garabateaban en cualquier retazo de papel que encontraba. Pequeñas parcelas en las que plasmaba sus sentimientos o cualquier asunto que se le pasaba por la mente. En la adolescencia se pasó a los diarios y a muchos más relatos que nunca pensó conservar. Lo que jamás imaginó fue que aquella necesidad de escribir volvería a brotar en plena madurez. Con éxito y con gran aceptación del público.

«Puedo decir que a mí me recetaron escribir. Y la verdad es que esa receta no pudo ser mejor», explica. Quien le hizo esa recomendación fue un psicólogo. María Suárez González (Corme, 1969) se había dedicado primero a la informática, pero una circunstancia familiar tras el nacimiento de su primera hija, hizo que todo se detuviese. Arrancaba un nuevo objetivo en su vida y en él se vació. Tocaba estar con los más cercanos así que María se convirtió en ama de casa y en madre entregada a tiempo completo. La literatura perdió todos los pequeños lugares que había conquistado a lo largo de su vida. «Lo dejé todo en esa etapa y, cuando vi la luz, cuando ya todo estaba solucionado, me dio un bajón emocional muy fuerte. Ahí fue cuando el psicólogo me dijo: “María, a escribir”. Las consultas eran cortas así que yo volví a plasmar mis pensamientos, pero la verdad es que siempre tomándomelo como un pasatiempo». María volvía a afilar su pluma, pero de nuevo, solo para ella. «En esta ocasión sí que iba guardando los relatos. No los enseñaba porque me daba vergüenza, pero después vi en Facebook un buen soporte. Me lancé a publicarlos y ya noté que tenía una buena acogida. En realidad, a mí también me estaba gustando que gustasen», explica.

De este modo, la gran red social se convertía en la primera «editorial» de María Suárez González. En su muro, empezó a colgar pequeños relatos. «La verdad es que primero escribía cualquier cosa. Hubo quien me dijo: “¿pero para qué te expones tanto?”. Siempre pensé que no perdía nada y poco a poco empecé con los relatos». Mientras Facebook la iba lanzando, ella iba mejorando su técnica y compartía grandes momentos con sus compañeros del taller literario del Ágora. «Sigo experimentando, pero la verdad es que me han apoyado muchísimo».

Así llegaba 2017 y la gran llamada. El escritor y editor Juan Mariñas la quería en su recién estrenada Lautana Editorial. Había descubierto a María a través de sus relatos en la red. «Me dijo que le había gustado mucho lo que escribía. Me propuso que publicásemos un libro, que si tenía suficiente material. ¡La gente se da empujones por conseguir publicar y a mí me estaba pasando esto!», recuerda.

¿Quién es Cala?

Juan Mariñas le dio así a María «todo el tiempo del mundo». Ella aprovechó algunos de los relatos que ya tenía en su poder, pero la gran mayoría eran de nueva cosecha. «Tuve libertad y tiempo. Ha sido un gran aprendizaje. He conocido todos los aspectos del mundo editorial». En su situación cualquiera habría tenido vértigo, pero María no. «Para mí nunca había sido una meta. Esa proposición fue un regalo. En realidad, todo me ha venido regalado, así que me preparé para disfrutarlo». Ella cree que fue la madurez y la experiencia las que le dieron el temple necesario para ponerse con su nueva misión. «Aprovechando el verano, que estaba en Corme y que la chavalada me deja más libre porque se va por el pueblo, me senté a escribir y lo disfruté». El resultado, un libro de relatos, que no deja de sorprender, Soñando con Cala. «El libro está formado por relatos independientes. Y después está ella, Cala, que va interviniendo, vamos viajando a través de sus sueños», comenta María. De esa protagonista que sueña, poco más se puede contar sin descubrir los secretos de este libro. Solo que su nombre dice mucho de María. Como el propio personaje explica en su obra, elige ese nombre para su viaje, no por la flor, sino por las «pequeñas ensenadas rodeadas de rocas que las protegen. Por una vez quiero la virtud de la serenidad, aunque sea en el nombre».

Así comienza Cala su recorrido. Entre diferentes etapas históricas y siempre a través de la vida de mujeres. Las historias de Griselda, Oliva o Estrella. Mujeres anónimas. «Todos los relatos tienen una base femenina. Me gusta llevar a la ficción escenas del sentimiento. Algo que me motiva. Para ello los relatos son perfectos. Más o cortos o más largos, pero le permiten al lector conocer con fuerza esa historia y concluirla». Entre esa larga lista de nombres de mujeres anónimas, hay saltos en el tiempo, hasta llegar a otros más conocidos. «Me gusta ponerme en la piel de esas mujeres. Cuál ha podido ser su otra historia: un homenaje, el cariño o la admiración. Siempre hay un sentimiento. Por ejemplo, uno de los personajes es Camille Claudel. Su mérito fue ser la amante de Rodin. ¡Pero hay más que contar! Investigo cuál fue su vida y siempre encuentro cómo tirar del hilo, que el lector mire hacia donde yo quiero. Una mujer la contempla, la entiende o incluso denuncia una situación», relata María. Y es que en su libro, hay mucha reivindicación sobre el papel de la mujer. «Parece que de ellas siempre se ve la superficie, si son guapas, con quién estuvieron casadas, así que mis mujeres tienen mucha fortaleza, sean inventadas o reales». María ha querido plasmar así parte de su yo, del yo de su familia. Un grupo de mujeres fuertes y valientes. Un auténtico matriarcado. Y esa intención no se desvanece ni a la hora de fijar un lugar para esta charla. Elige la Casa Museo de Emilia Pardo Bazán en A Coruña. «Muchas veces nos quedamos con que solo era una condesa y en su situación económica privilegiada, pero fue la primera mujer en plasmar el maltrato psicológico en sus cuentos. Sus temas son muy actuales, así que sus privilegios no deben tapar la otra realidad». En solo unos meses Soñando con Cala conseguía su segunda tirada, pero María no se ha movido ni un milímetro de su actitud directa y humilde. «Esto ha sido muy gratificante. Imagínate lo que es entregarle a un editor tu libro. Pero la verdad es que ni me planteo vivir de esto. Quiero continuar, pero nada más. Ha sido una experiencia que he disfrutado, ha sido buena y positiva. Aún pienso en los nervios que pasaba en las primeras presentaciones. La gente me preguntaba cuál era mi método para escribir. ¿A mí?», explica riendo a carcajadas. Sus seguidores querían saber de dónde salía su inspiración, mientras ella mantiene su discurso. «Yo aún no soy una escritora. Podría haber pronto novedades, pero para considerarme una profesional, tendría que dar aún muchísimos pasos», sentencia.

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