¿Por qué ha arrasado Son do Camiño?

El eclecticismo de un cartel con nombres como Lenny Kravitz, Martin Garrix, Toundra o C. Tangana, junto a su cercanía y precio, derivó en el agotamiento de los bonos en apenas dos horas


Despachó 20.000 entradas en menos de dos horas. Una aberración. Una avalancha de espectadores potenciales que acabó no solo por finiquitar con las tres ofertas de abonos preparadas para ese día (de 39, 49 y 59 euros), sino que desencadenó una locura que se llevó por delante las tres siguientes tiradas de abonos y sus correspondientes precios, que ni siquiera se habían anunciado, al no estimarse la posibilidad de que hubiera que recurrir a su venta. Muchos se quedaron sin entrada, muchos protestaron fervientemente en redes y las explicaciones no parecieron calmar esos ánimos. El festival compostelano se ha ido enfrentando a diferentes polémicas desde su anuncio. La primera, la inversión de tres millones de euros que la Consellería de Turismo dedicará; la segunda la poca presencia de grupos que usen el gallego en su lírica; y la tercera, el extraño eclecticismo de su cartel, demasiado de todo, mucho de cada, sin un estilo o un eje generacional que destaque. Y con todo ello sobre la mesa, el público ha querido apostar por él. ¿Por qué? Porque acudir a un festival con un cartel internacional en Galicia es harto difícil.

El Resurrection se exhibe como una auténtica bestia parda con una afluencia descomunal pero hay algo obvio: no es un festival para todo el mundo. El compostelano ha querido presentarse así, no lo ha promulgado en un eslogan; pero el cartel habla por sí solo. Desde Lenny Kravitz a Toundra, pasando por Malandrómeda o Franz Ferdinand; C. Tangana también, The Killers o Martin Garrix. ¿Hay un común denominador? No, pero poco importa. Ni siquiera que el cartel tampoco haya apostado en sus cabezas por grupos excesivamente modernos a excepción del ya mentado Garrix, que seguro da una sorpresa a todos aquellos que no lo conozcan al ver la cantidad de gente que logra congregar bajo su mirada.

La principal atracción del Son do Camiño se basa en la simple propuesta de ocurrir aquí. Acudir a un festival con nombres importantes internacionalmente sin tirar de avión o de horas de coche. Es aquí, en el centro de la comunidad. Difícil no ir, incluso cuando muchos asistentes seguramente ya hayan visto a las bandas que oferta. El precio ha sido un factor determinante. Aún ojeando la entrada más cara, continúa siendo un precio asequible para semejante tipo de evento en el 2018 (basta comparar con cualquiera de corte similar).

A eso se añade el conocer desde el primer momento nombres de relevancia. El público sabe lo qué vera (en gran medida, pues el cartel aún está sin cerrar) a diferencia de otras citas en las que aquel que adquiera tickets puede directamente no saber quién tocará delante suya.

No fue el caso. La base del Son do Camiño está más que constituida. Solo necesita continuar, mostrar unos precios asequibles de bebida y camping, y ofrecer una logística a la altura.

El fiasco de aquel Monte do Gozo con Bruce Springsteen continúa en el recuerdo. Ojalá podamos asociar la localización a un éxito nuevo y masivo.

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