Cuánto echamos de menos a Casavella


Cuenta Jorge Edwards que cuando alguien le comentó a Jorge Luis Borges los hermosos títulos de otro argentino, Eduardo Mallea, «rápido y malvado como siempre», Borges dijo:

-Sí, son títulos hermosos, pero Mallea se siente obligado a agregarles una novela.

Borges no sentía esa obligación, por eso prefirió alumbrarnos con sus poemas y sus cuentos, pero hay casos excepcionales en los que a títulos hermosos le siguen novelas deslumbrantes que ni siquiera la maldad y la velocidad del porteño podrían desmontar.

Sucede con Francisco Casavella (Barcelona, 1963-2008), que vivió tan rápido que a los 45 años ya había pasado por encima de toda su generación. Se llamaba Francisco José García Hortelano y era hijo de un maestro de escuela de Mondoñedo y de una cocinera manchega. En eso consistía Barcelona no hace tanto tiempo, aunque ahora muchos se empeñen en sepultar aquella ciudad poliédrica bajo el vapor del pensamiento único.

La suya era aquella Barcelona de las callejuelas, los antros y la rumba. Una cosmópolis mestiza, gamberra y feliz en la que ya señaló los primeros síntomas de la corrupción cuando casi todos miraban hacia otro lado. A Pujol lo citaba en su monumental El día del watusi, y cuando La Voz le preguntaba por el honorable en el 2002, se despachaba así: «Pujol es casi un personaje de programa infantil. Estás esperando 40 años para que muera Franco y llega Pujol, que es tan alucinógeno como el otro». El día del watusi tal vez fue -sin pretenderlo- la gran novela sobre las miasmas del poder y la economía. Anagrama ha decidido resucitar ahora este y otros grandes títulos de Casavella, como Un enano español se suicida en Las Vegas.

La historia de los hermanos Ignacio y Carlos Losada, a los que seguimos mientras se tambalean de tugurio en tugurio por el final de la noche barcelonesa, es un prodigio narrativo en el que Casavella, dueño de una voz poderosa y veloz, va sembrando frases como esta: «Al lado, tres chicas, una de ellas Silvia, abrazadas y riéndose como se ríen aquellos que nunca conoceremos».

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