Lita Cabellut: «Quiero pintar como canta Camarón»

Un cuadro suyo puede llegar a costar 115.000 euros. La pintora española más cotizada en el mundo está dedicando todo un año a la exposición que traerá al MAC de A Coruña en octubre: «Voy a llevaros mis entrañas», anuncia. Su obra ha recorrido ciudades como Nueva York, Hong Kong, Londres, París o Seúl. Art Madrid ya fue testigo de su éxito.

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Lita, ¿quién te hace estas fotos tan impresionantes?». «Un amigo que es fotógrafo profesional y me las hace siempre, porque yo soy muy difícil de fotografiar», contesta la artista. «Tiene tela que te cueste posar a ti», le respondo. Y ella se ríe a carcajadas. Porque esa sonrisa le ha acompañado hasta en los momentos más duros de su vida. Cuando mendigaba por las calles tras ser abandonada. Incluso cuando fue a parar a un orfanato antes de la adopción de una mujer que le salvó la vida. Aunque, en realidad, «es la pintura la que me ha permitido ser una persona». Lo dice la pintora española más cotizada.

-Artprice te situó en el 2015 en el puesto 333 de los 500 artistas contemporáneos más cotizados del planeta. ¿Por qué ahora? ¿Cómo lo encajas?

-Yo creo que mi caso es como en todos los casos, que llegas a un momento que tiene mucho que ver con muchos años de perseverancia, de trabajo. Y después ese golpe de suerte. Siempre digo que hay que estar preparados por si te toca estar en el buen momento con la buena gente en la hora exacta. El arte es un sacrificio total, siempre estás dando, y es un proceso que no te reconcilia directamente porque a la mayoría de los artistas nos cuesta muchísimo vivir de él.

-Llevas ya 38 años exponiendo.

-Es que eso es muchísimo, es un recorrido larguísimo. El elemento es ser fiel. Ser fiel a lo que haces, fiel a lo que crees. No tumbarte en dirección al viento. Si vienen tormentas de arena no meter la cabeza a esconderla, sino dejar que esa arena te carcoma la piel para llegar a ese músculo y para enfrentar que es muy difícil un camino en el arte. El arte es muy absorbente, muy lunático. Hoy te quieren, mañana no te quieren... Es un trapecio con un cuchillo de tres filos. ¿Llegar al Artprice en el 333? Pues lo primero de todo, cuando lo oí, fue decir: ¿y qué? ¿Qué cambia eso en mi taller? ¿Qué cambia eso en mi proceso de cada día, en mi lucha, en mi duda, en mi momento lírico de alegría por encontrar o pensar en encontrar ese día ese elemento que he estado buscando años? No cambia nada, absolutamente nada.

-Pero sí ayuda a hacer ese arte más visible, ¿no?

-El arte y la numerología de estar delante o detrás, o de si eres cara o eres barata, o de si eres cotizada o no eres... El arte está por encima de todo eso, pero muy por encima. Aunque sí que tiene consecuencias tremendas, porque de repente sí que aparecen los coleccionistas, la gente que puede decir: «Pues estamos orgullosos de que sea justamente esa Lita de nuestro país». Lo que hace es despertar todo tipo de intereses, de emociones, de sueños, de contradicciones, de desacuerdos el que esa persona esté en ese puesto. Es muy interesante, porque lo que hace mucho es la reacción sobre lo que ha llegado a ser el arte, en silencio. Porque estos 38 años han sido en silencio.

-¿Has elegido el retrato o te ha elegido a ti?

-Me ha elegido el retrato, y te diré por qué. Me ha elegido por el interés que yo tengo por el ser humano. Entonces, qué manera tan fácil y tan directa de poder acercarme a algo como es la ventana del alma, que es el retrato. Cómo pones las manos, cómo retrato esas manos, esos pies o esa posición del cuerpo. He tenido una época muy, muy larga en la que pintaba el músculo del ser humano, que son mis primeros períodos. Esa es una pintura dura, en la que resulta difícil de entrar. Porque entras en el músculo y eso es sangriento, es abierto... Eso duele. Y después, como en todas las cosas, llegas a la parte superficial, que es la piel.

-Es tu fijación, darles esa piel tan de verdad a tus personajes.

-Exacto, es de verdad, y los personajes tan de verdad que lo que estás viendo es lo que son, no se están escondiendo. Es como una especie de diálogo entre el que está allí y el que está mirándolos. El retrato es psicología, es música, es matemáticas... Es mucho más que un retrato. A mí cuando la gente me dice: “¿Tú eres retratista?”. Digo: “Yo no, yo hago performances”. Yo intento trabajar con esencias muy abstractas y no me puedo definir como una retratista.

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--Abstractas pero muy realistas al mismo tiempo.

-Yo tenía un amigo que vino el otro día y que solo colecciona abstractos y me dijo: «Joder Lita, es que yo veo tus cuadros y son tremendamente abstractos si les quito las caras». Y le dije: «¡Pero claro!, si la abstracción y la figuración es lo mismo, si no existe una cosa u otra». No podemos decirles a los artistas: «Es que esto es un abstracto, esto es un figurativo y esto es esto y esto es lo otro». Es que el arte es mucho más complejo que eso. La pintura figurativa no existe. Es una ilusión del recuerdo, existe el abstracto. Un figurativo sin dominar el abstracto fuertemente, intensamente, no puede hacerlo bien.

-Has desarrollado una variación contemporánea del fresco. ¿Cómo?

-Yo la verdad es que he robado por todos los sitios, ja, ja, ja. Quieres robar, pero moderadamente. ¿Cómo lo haces? Pues fijándote en todos los colectivos grandes que han formado parte de la Historia. Y yo recuerdo que en la plaza de España en Barcelona acababan de abrir un museo que estaba exponiendo trozos de frescos románicos, y fui. Yo me quedé allí muerta. Dije: «Esto es maravilloso, ¡esto lo quiero hacer yo!». Volví a casa y empecé a investigar, fue alquimia pura en casa cocinando rabo de conejo, uñas de no sé qué... Y mis hijos me dijeron: «Mamá, esto se ha convertido en un laboratorio que huele la casa a muertos, aquí no podemos estar». Tenían razón, y empecé a llamar a laboratorios y me ayudaron. Al final encontré este elemento que es un poquito de esto y un poquito de lo otro, y así me dio la piel de mis cuadros.

-Creaste una pócima.

-Sí. Es que mis cuadros tienen doce capas. Para pintar un cuadro hay que pasar por ellas y por un proceso en el que hay que respetar todo. Es como una cebolla, se va construyendo hasta que sale la piel y, cuando la piel está reconstruida, allí entro yo con mis perfomances. Porque yo en realidad soy una rockera del arte, no soy una pintora convencional. Uso todo, uso aerosol, uso tintas de street art, uso óleos, uso pigmentos del siglo XVII... lo mezclo todo. Ahora que yo sé muy bien lo que mezclo.

-¿Cuánto hay que ahorrar para comprarte un cuadro?

-Pues depende. El mercado está ahora entre trabajo sobre papel que son 20.000 hasta trabajo sobre lienzos que puede ser hasta 115.000 euros, en esta gama estamos. Pero también estoy pensando en hacer unas ediciones limitadas de gráfica para que la gente tenga más opciones y que alguien pueda darse un capricho.

-Agrupas tus obras en series, algunas de personajes muy conocidos, como Frida Kahlo, Coco Chanel, Lorca, Freud, Chaplin... Los elegiste por algo.

-Los elegí un poco como ejemplo, se llamaba A Portrait of Human Knowledge [Retrato del conocimiento humano]. Estos personajes famosos los hice en el momento en que empezó la crisis. Para mí fue muy importante hacer una exposición recordando que en tiempos de crisis, todos los han pasado, pero el ser humano ha sido capaz de dejar testimonios muy fuertes.

-Hablemos de tu exposición en el MAC de A Coruña. ¿Va a ser la primera tan amplia en España?

-Esta es la primera donde voy a traer mis entrañas, voy a traer el taller. Va a ser la primera exposición con todos sus elementos. La primera donde voy a enseñar mi fotografía, mi escultura, voy a reproducir mi taller, donde vas a poder pasar y sentir donde yo pinto, mis mesas de trabajo las vamos a tener ahí presentes. Va a haber un videoarte... Es la primera donde yo me manifiesto como artista completa, con alguna poesía.

-¿Y los cuadros? ¿Serán los de tu última serie religiosa?

-No, no, todo va a ser especial. ¡Yo estoy trabajando todo este año exclusivamente para A Coruña! He cancelado todo para dedicarme solamente al MAC.

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-Tienes otra exposición antes en Barcelona.

-Allí es antes, pero esa exposición va a ser una retrospectiva del trabajo anterior. En A Coruña traeré trabajos que no ha visto nadie.

-¿Y nos puedes adelantar algo?

-La temática es un recorrido por la mente. Vamos a hacer un recorrido por mi mente y por mi corazón, cómo yo veo el mundo. Será en diferentes salas. Cada sala representa un grupo y un estado de ser. Son mis entrañas.

-Tengo que preguntarte por la historia de tu vida, que podría dar para una novela. Cuéntame un poco esa experiencia tan dura y ese volver a empezar cuando con 19 años te mudas a Ámsterdam y te pones a estudiar.

-Es muy bonito que me lo preguntes así, porque no quería profundizar más en este tema de la prostitución, de la niña de la calle [su madre ejercía la prostitución y abandonó a Lita, que mendigó en la calle y fue acogida por su abuela hasta que esta muere y se traslada a un orfanato, de donde salió gracias a su adopción]. Está tan dicho ya... Aunque sé que hay que recordarlo. Cuando eres un niño de la calle, las cosas que te pasan, la dureza, no las ves como durezas porque tienes que sobrevivir. La supervivencia, el poder de sobrevivir, es más fuerte que la privación de derechos humanos. A mí mi pasado me ha ayudado a apreciar mi presente, a mí mi pasado me ha ayudado a valorar la suerte y la gente que se ocupa de los otros, a valorar la ética ajena. Porque si mi madre adoptiva no me hubiera ayudado, yo no sé si estaría hablando ahora contigo.

--Creo que fue precisamente a tu madre adoptiva a quien le dijiste en el Museo del Prado: «Voy a ser pintora». Lo dijiste, no lo dudaste ni por un segundo.

-Sí, antes de saber leer y escribir, con 12 años [aprendió tarde dada su delicada situación], le dije: «Voy a ser pintora mamá, porque yo esto es lo que quiero hacer». Intuitivamente estaba convencidísima de que había encontrado la manera fácil de expresarme. Porque claro, a mí me costaba expresarme, sobre todo cuando sales de diferentes ambientes. El lenguaje de la calle no es el mismo que el lenguaje de una familia educada, y yo era una niña muy difícil. Para mi madre fue un medio de chantaje tremendo, porque cada vez que yo no hacía algo me decía: «Pues hoy no te dejo pintar». El arte no solamente me ha aportado el poder hacerme mejor persona, sino que el arte me ha aportado el poder ser una persona.

-Y ahora eres tú la madre de familia.

-Efectivamente. Tengo cuatro, tres niños y una niña.

-¿Están tu esencia gitana y su desgarro en tu pintura? Creo que Camarón es uno de tus referentes.

-¿Tú sabes el canto hondo? Te puede gustar o no te puede gustar, no sabes lo que es exactamente, pero viene de algo muy dentro, algo muy profundo. Es como vomitar la poesía... no sé lo que es. Eso yo no lo he encontrado, esa forma profunda pero casi animal de sacar belleza, en ninguna parte más en España fuera del arte gitano. Creo que sí, que yo pinto como escucho a Camarón. Cuando Camarón está cantando a mí me duele el estómago, lo siento, siento de dónde sale eso. Yo no pinto como Camarón, pero quisiera pintar como canta Camarón. Siempre digo que mi gran maestro ha sido él. Goya a la izquierda, Camarón a la derecha.

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