Vendimiar letras en el sil


Sonaba a tópico. La trama del premio Planeta transitando por tierras gallegas. Una autora que había fascinado con su trilogía del valle navarro de Baztán se confesaba ahora fascinada por la Ribeira Sacra. Eran declaraciones de intenciones. Decenas de entrevistas respondiendo a preguntas de quienes ni habían leído el libro: no estaba publicado. Para los lectores eran brindis al sol. Pero después la lectura de esta novela de título evangélico desmonta el tópico. Dolores Redondo ha recolectado, como los vendimiadores de la viticultura heroica, un capacho de personajes pegados a las laderas del Sil. Cada uno carga con sus secretos, su pasado inconfesable, sus angustias o su enorme maldad rumiada durante años. Ahí está Nogueira, el viejo guardia civil que rosma contra los gay, pero ayuda al protagonista, Manuel, que lo es; lo mismo opina de los curas y le acaba confesando a uno, Lucas, lo más inconfesable de su vida.

También secretas son las acciones que de Almirante, «gallego de Betanzos, flaco, menudo, con espeso pelo gris y un mostacho amarillento de nicotina...», al frente del Grupo de Asuntos Sucios. Es el jefe de Falcó (Alfaguara), el nuevo personaje literario de Pérez Reverte. «No, carallo. No puedes fumar», riñe a Falcó el betanceiro con su ojo de cristal. Son letras castellanas vendimiadas en Galicia, lo mismo que lo fue el premio Nadal, La víspera de casi todo, de Víctor del Árbol, que arranca en la Costa da Morte, o la historia de Elisa y Sabela que novela Inma Chacón en Tierra sin hombres (Planeta), donde las protagonistas son leiteiras que desde Cobas llevaban la leche a Ferrol.

El último libro de Dolores Redondo se ha traducido al gallego y como «Falcó», de Pérez Reverte y «Tierra sin hombres», de Chacón, Galicia está presente.

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