Tradición encima de la mesa

Begoña Rodríguez Sotelino
begoña r. sotelino VIGO / LA VOZ

FIRMAS

XOAN CARLOS GIL

José Puente abrió hace medio siglo una casa de comidas en el Casco Vello por la que han pasado tres generaciones. Su nuera, Isaura Requeijo, y su nieto, José Manuel, siguen al frente del local

01 jun 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

La cocina de Isaura Requeijo Maceira es ajena a las modas. En sus fogones sigue haciendo cada día lo que aprendió cuando era casi una niña. Comida tradicional, de la de antes. Ella sabe que tiene sus incondicionales, pero a veces se sorprende cuando ve entrar, y cada vez más, a «modernos» que, algo hartos de estética en los platos pero poca enjundia en lo demás, acuden a su local para dejarse llevar por los sabores que no entienden de florituras.

El estradense José Puente Porto fue el fundador del restaurante junto a su hijo, Avelino, que nada más finalizar el servicio militar se unió a la empresa. José se había iniciado en el sector de la hostelería en Andalucía.

En Cádiz tuvo su primer restaurante, pero en una visita a Vigo se quedó prendado de la ciudad. «¡Esto es mucho más bonito!», recuerda su nuera que dijo. Y buscando local encontró en traspaso, hace 50 años, uno en la ubicación perfecta, en el centro de la urbe, cuando en la zona vieja el tráfico ciudadano era constante, con servicios como el Ayuntamiento, que garantizaban el ajetreo de comensales. Se quedó con el mismo nombre que tenía. El propietario era un hostelero de Carballiño y su hermano tenía otro Gazpara en la localidad ourensana que aún existe, aunque con otros dueños. «Aún nos pregunta mucha gente si tenemos algo que ver con el otro», indica.

Isaura se incorporó al negocio cuando se casó con Avelino. Su destino fue la cocina, de la que antes se ocupaban empleadas. «En A Estrada, mi hermana Lalá y yo fuimos de jovencitas a La Bombilla, un restaurante donde había una cocinera muy buena y los veranos íbamos a aprender las recetas de las abuelas», cuenta.

Aquellos conocimientos los aplicó en su propia casa y más tarde en el restaurante familiar, que desde su fundación se caracteriza por ofrecer al cliente cocina tradicional y casera: cocido, lacón, merluza, lenguado, paella, chipirones encebollados o las almejas a la marinera, que es una de sus especialidades.

El Gazpara tiene mucha clientela que trabaja por la zona, del día a día, pero también es un reclamo para visitantes. «Hay gente que viene todos los años de Zaragoza, Madrid, Valladolid, Barcelona, Andalucía..., tenemos una clientela fiel. Los hay que antes de venir ya nos llaman antes para encargar los percebes y las cigalas», asegura. Isaura inicia cada jornada yendo a la plaza a por pescado y marisco. «Me preguntan cómo está tan bueno, y la respuesta es que está muy fresco, por eso no traigo nunca mucha cantidad. Y congelado, nunca, Si lo que quiero no lo hay fresco, no lo llevo», explica.

«Puedes comer por los 9 euros del menú o por alrededor de 30 euros, el abanico es amplio», añade su hijo, José Manuel Puente, que se integró en el restaurante al fallecer su padre, en 1994. Su dedicación laboral no tenía nada que ver con la actual, ya que trabajaba en una empresa de alfombras.

Pero ya han pasado veinte años desde entonces y asegura que nunca se arrepintió. Eso, a pesar de reconocer que la hostelería exige demasiada dedicación. Y para ilustrarlo señala a su madre, que, en su opinión, «se desvive en exceso, aunque esté agotada». «Es que, por ejemplo, hay personas que vienen un domingo sí y un domingo, no, y ya solo por ellos no se que me da cerrar», justifica.

Las pandillas de jóvenes que acuden a cenar le obligan a cerrar más tarde de lo habitual los fines de semana, pero ella resiste. «Es que, como decía mi marido, lo mejor que tiene la casa son los clientes y si vienen a casa hay que agradecérselo», afirma.