La inquietud crece en A Lama ante la oleada de robos en viviendas
09 may 2014 . Actualizado a las 07:00 h.La oleada de constantes robos ensombrece la vida en A Lama, un municipio que, por la belleza de sus paisajes, debería ser famoso por otras razones. Pero la realidad se impone y casi 40 robos -entre 35 y 38 según los vecinos- en tres meses es un triste récord que refleja una situación única en la provincia.
Los vecinos de Antas, Seixido, Xesta, Pigarzos, y otras tantas aldeas de A Lama pasan la noche con el corazón en un puño. En un radio de escasos metros de uno de los bares de Antas, hay varias casas que fueron asaltadas por los delincuentes, una incluso dos veces. Marta Moreira explica que la saña destructora de los ladrones es casi tan dañina como la pérdida de los bienes materiales sustraídos. «Lo destrozan todo, cajones, maletas antiguas, botes, potas, la gente encuentra los colchones rajados y creo que al menos en esa casa [señala una vivienda a tiro de piedra del bar] echaron toda la noche».
Están cansados, porque los robos, dice otra vecina que prefiere el anonimato, pasan «todos los días, mañana, tarde y noche». En Seixido, en un día, entraron en cinco casas. En el bar de Antas, encontraron la puerta y la venta abiertas, pero Marta añade que no les faltó nada. En la cocina «como no robasen cucharas no hay nada más, en el resto está conectada la alarma».
Angelica Domínguez expone la angustia de muchos vecinos. Hay mucha tensión entre la gente. «Vives con miedo, con mucho miedo, ahora yo duermo todos los días con miedo a que te entren en casa», indicó. Ella tiene familia y conocidos en Xesta, uno de los lugares más asolados por los delincuentes. «Lo destrozan todo, se llevan los objetos de valor y mientras roban se dedican a destrozarlo todo, hasta las cajas de las persianas»
La Guardia Civil hizo acto de presencia varias veces en Xesta ayer por la mañana, pero tienen que vigilar una vasta extensión de terreno. Es aquí donde se cometió el último robo denunciado. La cuidadora de la vivienda, María Eugenia, se encontró la casa revuelta al ir a trabajar. No entiende la razón de tantos robos. No cree que sea por necesidad.
Por su parte, el alcalde, Jorge Canda, dice que la gente está más alerta ante la presencia de extraños. Además lamenta la actitud de los vendedores de alarmas. Cree que se exceden.