El ganadero Juan González saltó del oficio de ganadero al de carnicero. Sus hijos, Manuel y Alejandro, son los herederos de una estirpe profesional que no tendrá relevo
04 may 2014 . Actualizado a las 07:00 h.De la provincia de Ourense son algunos de los mejores carniceros que quedan en Vigo. El nombre de su establecimiento, Avión, no deja lugar a dudas. De allí era Juan González Rodríguez, que abrió una senda profesional en la familia tras aventurarse en otros proyectos obligado por la dureza de unos tiempos en los que labrarse un futuro era una cuestión de oportunidad, iniciativa y sobre todo, mucho trabajo.
Tras marchar como emigrante a Alemania, cuando llegó a Vigo, en 1967, abrió su primera carnicería en la avenida del Aeropuerto, pero como explica su hijo menor, Manuel, sus conocimientos sobre las carnes eran mucho más amplios, ya que era ganadero. Allí se inició, a su lado, hasta que se trasladaron a la Avenida de las Camelias. Pero no fue su primer trabajo. «Empecé con 14 años en una carpintería en la que estuve 3 años ganando 20 duros a la semana», aclara.
Manuel tenía 19 años cuando se incorporó en 1972 a la plantilla en el nuevo local tras pasar muchos fines de semana ayudando a su madre, Eduvigis. Cinco años más tarde llegó su hermano, Alejandro, tras pasar por el servicio militar y formar parte después de la plantilla del primer supermercado que hubo en Vigo, Martí H., en la calle Progreso. Curiosamente, Serafín Vales, de la carnicería Ribadavia, otro de los clásicos de la ciudad, también comenzó su vida laboral en aquel novedoso comercio que dejaba a los vigueses boquiabiertos porque tenía doce cajas y un asador de pollos.
Según explica Manuel, la base de su negocio es «la tradición y un producto de primera, pero de verdad. Solo traemos carne procedente de animales de pastoreo libre y de rubia gallega. No habrá en Vigo más de una docena de carniceros que puedan asegurarlo», afirma. Además de producto autóctono que compran en ferias como la de Melide, a Golada, Santiago o Monterroso, en la carnicería Avión disponen de charcutería de alta gama, embutido ibérico de Salamanca, jamón de Guijuelo y especialidades como rollo de carne y carne mechada. «Funciona muy bien», indica el profesional, argumentando que el público busca calidad pero no quiere complicarse la vida.
Manuel explica que cambió mucho el panorama «desde que la mujer se integró en el mundo laboral. Antes vendíamos mucho a las familias, pero desde hace cinco años cambió muchísimo la forma de consumir de la clase media y de los jóvenes, que no saben hacer un guiso ni un cocido ni carne ao caldeiro. Nada». Por eso en la carnicería Avión no solo venden el producto, dan constantemente consejos y recetas para elaborarlo.
El profesional critica que los consumidores compran carne en bandeja «y no saben ni lo que se llevan a casa. A nadie le importa, les interesa el precio. Pero las cosas buenas cuestan dinero, aunque es una pena consumir baja calidad por ahorrar poco, ya que hay escasa diferencia de precio entre lo bueno a lo menos bueno», apunta añadiendo que lo que más se vende ahora es lo rápido, como la carne en rollo o las hamburguesas. En su caso, «de ternera y de pollo, pero solo con carne, sin mezcla de nada. Eso tiene su tirón», afirma.
Juan González falleció hace 9 meses. Su mujer, Eduvigis, hace once. Sus hijos encarnan a la segunda generación de carniceros, pero parece que no habrá tercera. Ninguno de los hijos de ambos ha seguido su camino. «Aquí se acaba», sentencia Manuel, que se queja de falta de apoyo institucional al pequeño comercio que da vida a las ciudades y a oficios que se pierden o empeoran, como en su sector, con carniceros que estropean la carne porque no saben cortarla.
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