La historia contada a La Navarra

Los dietarios de caja sirvieron desde los años 30 a los dueños del bar más antiguo de la ciudad para resaltar acontecimientos destacados a nivel local, nacional e internacional


pontevedra / la voz

Los desvanes esconden muchas veces grandes tesoros que permanecen olvidados hasta que una casualidad los devuelve a la luz. Milagros Guzmán se disponía a hacer limpieza en el suyo cuando descubrió escritas en las páginas de unos viejos dietarios unas memorias que trascendían lo meramente familiar para contar en primera persona los acontecimientos más destacados sucedidos en la ciudad y fuera de ella a lo largo de décadas.

Guzmán es la mujer de José María Ureta, fallecido hace seis años y que desde 1972 hasta ese momento regentó la Taberna La Navarra. Es el bar más antiguo de la ciudad, fundado en 1925 como almacén de vinos por el abuelo de José María, Justo, y su hermano Bernardo, y que había heredado desde 1940 su padre, también llamado José María. Esta pontevedresa encontró guardados en cajas los dietarios que puntualmente cubrieron los sucesivos propietarios y en los que, junto a las anotaciones de los ingresos y gastos de cada jornada, comenzaron a escribir referencias sobre el día a día en el bar y en la familia, y también sobre la vida diaria en Pontevedra y las noticias que llegaban de España y el extranjero.

«Cogí cinco dietarios al azar. Y el primero era de 1933 -explica Milagros-, así que me puse a leer a ver si había algo interesante. Y encontré detalles muy curiosos de todos los años. Voy todavía por 1945 y estoy recogiendo también lo que me parece más interesante. Total, que ya no me deshice de ellos. He abandonado los otros libros para dedicarme a esto».

De 1933, por ejemplo, se ha quedado con que el 17 de abril Justo fue a la romería de San Cibrán «con dos barriles de 120 litros» y casi lo vende todo. De ahí pasamos al año 37, ya en plena Guerra Civil, donde el dueño de La Navarra cuenta algunos de los episodios que le tocan más de cerca, como la llamada a filas de su hijo el 13 de abril, o el fallecimiento del suegro de su hermano el día 25. Por aquel entonces, este almacén de vinos cerraba a las 19.30 horas.

Más prolífico en detalles fue su hijo José María. Cuenta el 3 de mayo de 1942, que se adelantó el reloj una hora, «y van dos de adelanto...». En 1943 sabemos por él que en el cine ponían La condesa María, que el 14 de abril Franco inauguró el ferrocarril de Santiago a A Coruña y el 15 de agosto, la Escuela Naval Militar de Marín. Emotiva es la forma en la que cuenta el nacimiento de su hijo José María el 18 de agosto. «Hoy a las tres de la madrugada dio a luz un niño mi costilla Rosa, quedando muy bien tanto Rosa como el niño. Le ayudó doña Marta. Gastos que no recuerdo por ser hoy un gran día para mí». El día del bautizo invitó a un vaso de vino a los clientes del establecimiento.

En el 44 José María se hace eco el 4 de enero de la «catástrofe» en el túnel de Torre del Bierzo del tren correo Madrid-Coruña, «incendiándose al chocar con una máquina dentro del túnel», y el 12 de marzo de la invención de la penicilina. «Hace unos días se inventó una medicina para inyectar intramuscular llamada penicilina, que cura las intoxicaciones, incluida la septicemia». «Andamos mal de pan», escribía poco antes de la «tan anunciada» invasión de Europa por los aliados y de la visita de Franco en agosto. Con motivo de su presencia, el 27 de agosto «hoy no nos dejan abrir el almacén hasta las dos de la tarde, pero despachamos unas botellas con el almacén cerrado».

Y llegamos a 1945. A principios de año el propietario da cuenta de que «salió una nota en la prensa que dice que no se puede dar pan sin exigir el tique, bajo la pena de quitar el cupo y cerrar el establecimiento seis meses; con tal motivo no se vendieron los bocadillos».

Ese año, el fin de la guerra en Europa ocupó muchas de las páginas de los dietarios. Primero, la rendición de los alemanes y la muerte de Hitler, de la que José María se hace eco el 1 de mayo: «Hay seis versiones de su muerte; unos dicen que luchando, otros que de un derrame cerebral y otros que se suicidó». El 6 de agosto le impactó el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima: «Es un invento salvaje, porque desaparece todo, personas, animales, plantas...».

Pero no son todo noticias de guerra. José María Ureta hace su crónica taurina del festejo del 12 de agosto, con la célebre rejoneadora Conchita Cintrón, «que estuvo formidable en su toro», Morenito de Talavera y Pepe Dominguín, «regular solamente, pues tuvieron que despachar a los seis toros los dos, ya que Pepe Luis Vázquez tuvo una avería en el coche y no llegó». Pagó 20 pesetas por una grada en Sol y 9 por la segunda fila del anfiteatro al que acudió el 28 de agosto.

Los dietarios llegan al 2008, fecha en que murió el marido de Milagros. Pero, tras conocer esta tradición familiar, ella ya ha comenzado a escribir en los actuales «lo más significativo» de cada jornada. «Este tipo de detalles -como señala el director del Museo, Carlos Valle- a veces sirven para documentar hechos. Es el valor de las pequeñas cosas y los datos aparentemente intrascendentes, que a veces pueden tener una significación especial para la historia con mayúsculas». Ahora que han sido descubiertos, los dietarios encontrarán el lugar que merecen en una vitrina especial.

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