Angrois revive en silencio el accidente del Alvia: «Dende o de onte vénme todo á cabeza. Como non vai afectar»
SANTIAGO CIUDAD
Los vecinos, marcados para siempre por aquel trágico siniestro, prefieren no compartir sus sentimientos sobre el de Adamuz. Un policía local: «Con los años lo recuerdas como si fuera una película, que nada fue real»
19 ene 2026 . Actualizado a las 21:55 h.«Prefiero no decir nada, perdona». Esta fue la respuesta más repetida este lunes entre los vecinos de Angrois, en Santiago, al ser interpelados por sus sensaciones tras el trágico accidente de tren ocurrido el domingo en Adamuz. Los residentes en la aldea compostelana prefieren guardarse para ellos los sentimientos de dolor que les sigue provocando cualquier siniestro ferroviario, con o sin víctimas, que se produce en cualquier lugar del mundo. Aseguran que la presión mediática de los primeros meses, y que se repite en cada aniversario del siniestro de Angrois, «fue bajando, y queremos que siga así», explica un vecino, que insiste en su deseo de que «no decir nada de lo que siento, porque es personal».
En la barandilla del puente donde durante meses y años se levantó una altar con flores, fotos y otros artículos como homenaje a las víctimas, solo queda hoy un ramo de flores marchito. Desde hace un tiempo, los homenajes van a menos, y casi han desaparecido. También cesaron las visitas de personas que, en un principio, acudían para hacerse fotos en el lugar del accidente o para dejar un mensaje de recuerdo.
Anxo Puga Noia, que era el presidente de la Asociación de Angrois cuando se produjo el siniestro, reconoce que, «aunque ayer estuve en el monte, y no vi imágenes del accidente, es evidente que algo se nos remueve en el interior. Hoy no se habla de otra cosa. Vi alguna imagen ahora, pero por fortuna no son como las escenas terribles que vivimos los vecinos». La diferencia, en opinión de Anxo Puga, es que «en Adamuz no había casas cerca, así que no habrá imágenes como las de Angrois, con gente en la vía sacando a personas». En su opinión, «esto sin duda nos ayudará». Puga Noia recuerda aquellos meses como «una situación que acabó sobrepasándonos, porque la gente quería venir a Angrois o que fuéramos a sitios para agradecernos, pero llegó un momento en que nos vimos superados».
Manuel Puga Mourullo, que fue uno de los primeros vecinos en llegar al lugar del accidente aquella fatídica tarde, no ha olvidado ninguno de los minutos anteriores y posteriores al accidente. «Estamos sentados no banco. Estabamos eu e tres máis, xusto por donde entrou o tren. Estou a menos de cinco minutos da casa, e xusto ao chegar vin que o tren saíase. Foi un golpe moi forte», recuerda. En su memoria siguen cada una de las escenas dantescas que presenció aquel 24 de julio de 2013, y «dende o de onte vénme todo a cabeza. Como non vai a afectar? Somos humanos». Su mayor deseo es que lo ocurrido en Adamuz no sea tan grave como lo de Angrois, porque «foi moi grave, e pasámoslo moi mal moito tempo. Entendo o voso traballo, pero é duro lembrar», explica. Recuerda que, tras escuchar el ruido, regresó corriendo al que era entonces el campo de la fiesta. «Xa estaban os restos do tren alí, unha persoa tirada xunto a onde esta a marquesiña. E pasadas as horas, atopamos unha man entre as prantas. Isto non se olvida nunca. Levareino á tumba».
Su mayor deseo es que lo ocurrido en Adamuz no sea tan grave como lo de Angrois, porque «foi moi grave, e pasámolo moi mal moito tempo. Entendo o voso traballo, pero é duro lembrar», explica. Pero sigue su relato. Recuerda que, tras escuchar el ruido, regresó corriendo al que era entonces el campo de la fiesta. «Xa estaban os restos do tren alí, unha persoa tirada xunto a onde esta a marquesiña. E pasadas as horas, atopamos unha man entre as plantas. Isto non se esquece nunca. Levareino á tumba».
Fabri Vidal es bombero en Santiago, de los «veteranos». Como a todos sus compañeros, le tocó darlo todo aquel 24 de julio y en los días posteriores. Él atendió la primera emergencia histórica gestionada a través del 112 en Galicia, y múltiples accidentes en la carretera muy duros, pero siempre había conseguido «llegar a casa y olvidarme». No se dieron esas circunstancias en Angrois.
Las primeras semanas consiguió controlar las emociones y los recuerdos porque «ya estás habituado a ver cosas», pero ocurrió algo excepcional que lo cambió todo. «A los 15 o 20 días nos enviaron a unos psicólogos. Nos obligaron a todos a ir, y a mí no me sentó bien, me hizo mal, provocó que tuviera que recordar aquello y empecé a soñar con cosas del trabajo. Las pesadillas vinieron más tarde», lamenta Vidal, que recuerda que algunos compañeros tuvieron que pedir una baja médica en las siguientes semanas.
«Con los años lo recuerdas como si fuera una película, que nada fue real»
El suceso de Córdoba también está siendo un trago amargo para los agentes de la policía local que llegaron a las vías del tren de Angrois junto a los vecinos y se adentraron de primeros en los vagones. A diferencia del domingo, en Santiago, a las 20.41 horas de un 24 de julio, todavía hay luz. Martín Camba estaba de turno siguiendo una rutinaria manifestación previa al Día de Galicia, en una calle del centro que lleva hacia la salida natural de la ciudad hacia Angrois. Cuando llegó al lugar, su jefe le pidió una valoración. «Apártate y dime qué ves», le preguntó el mando para medir la reacción. «Un 11-M (en referencia a los atentados de Madrid del 2004).
Era la manera más fácil de hacerle ver que aquello era mucho más grave de lo que se pensaba en un primer momento», cuando se habló de un descarrilamiento con algún herido. Fue lo que se le vino a la cabeza, y no estaba mal tirada la idea, porque ahora conocemos las circunstancias, pero en aquellos primeros minutos nadie podía asegurar que no hubiese un acto terrorista detrás. Él, junto a otros compañeros, vecinos y bomberos, vivieron momentos imposibles de olvidar. «En el 2013 llevaba diez años de servicio y aún me quedan unos cuantos por delante, pero estoy convencido de que lo peor de ser policía ya lo vi», sostiene Camba, que todavía tiene clavadas situaciones concretas que prefiere obviar para respetar el dolor de las víctimas. Con el tiempo, dice, las revive con «la sensación de que estuve dentro de una película, que nada fue real».