Siempre sobre dos ruedas

El yerno de Ángel Carrera, fundador de la empresa nacida como tienda de bicis y motos, se ocupa de la administración de la empresa en la que también trabaja su hijo


vigo / la voz

A finales de los años 50, Ángel Carrera tuvo un sueño que no dudó en tratar de convertir en realidad. El emprendedor de origen ponteareano era empleado de una de las tiendas de bicicletas más famosas de la ciudad, Delio Rodríguez, y no dudó en abrir negocio propio teniendo al principio como socios a sus cuñados.

Eran buenos tiempos para los emprendedores, apoyados por el Plan de Estabilización de 1959 conocido como Ullastres, apellido del ministro de Comercio del Gobierno de Franco que empezó a sacar del aislamiento a la economía española. «Por eso hay tantos negocios que se abrieron ese mismo año», cuenta Juan González-Carpintero, que es el actual administrador de la empresa fundada por su suegro y bautizada con las dos primeras letras de su nombre y primer apellido.

El establecimiento siempre tuvo como eje principal las dos ruedas, con o sin motor. Motos y bicicletas eran el pilar de la actividad mercantil, aunque Carrera, con ojo comercial, siempre tuvo inclinación por despachar en su local todo aquello que veía que podía tener salida. Así, recuerda su yerno que a lo largo de su trayectoria en Anca se han vendido desde carritos de bebés hasta juguetes, objetos de regalo, motosierras, fuerabordas o maquinaria agrícola.

Pero hace ya mucho que no es así. La bici y la moto vuelven a ser el motor, aunque ahora el negocio principal es la venta de recambios, «formamos parte de Motogrupo Europa, que reúne a los grandes mayoristas del sector», aclara, siendo además servicio oficial de varias marcas, incluso en el área del taller de montaje de neumáticos.

Atrás quedaron los tiempos en que en aquella tienda nacida en el meollo del barrio de As Travesas, en la esquina de Camelias con González Sierra donde hoy hay una perfumería, casi todos los niños vigueses iban allí con sus padres a comprar su primer vehículo, llámese BH (de la que llegaron a vender 25.000 unidades anuales), Orbea o Torrot, o incluso de la propia marca Anca, de fabricación propia.

Y lo mismo los jóvenes, que también acudían al mismo establecimiento para salir acelerando con los modelos de Derbi, Montesa, Bultaco, Ossa, Ducati o Lambretta.

A mediados de los años 90 dejaron aquel local para trasladarse a escasos metros de allí, pero con mucho más espacio para dar cabida a su creciente actividad. Carrera tuvo dos hijas y un hijo. Ellas nunca tuvieron relación con el negocio, pero sí el vástago varón, también llamado Ángel. Sin embargo, el fundador, que se jubiló en el 2002 y falleció hace cuatro años, decidió poner la administración en manos de su yerno. «En eso era muy claro, la familia es la familia, pero el criterio empresarial está por encima de los lazos consanguíneos», cuenta Juan, que se formó como abogado pero como gran aficionado a las motos no tardó en engancharse a su nuevo cometido.

Según rememora, el patriarca era un hombre hecho a sí mismo, «un autodidacta que se preocupó de su formación en cuanto tuvo oportunidad y siempre dio mucha importancia a la educación, por eso instauró un famoso galardón, el Premio Anca al alumno más brillante, que un año entregó Manolo Escobar».

Carrera, además, era un apasionado de los deportes, que apoyaba patrocinando equipos de muy diferentes disciplinas, como el ciclismo o el balonmano. Además estaba muy relacionado con los corredores de los equipos de motociclismo en sus diversas categorías. Ahora la moto y la bici siguen buscando su espacio como medio de transporte urbano en Vigo.

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