La vida interior de un barrio

Begoña Rodríguez Sotelino
begoña r. sotelino VIGO / LA VOZ

FIRMAS

M. MORALEJO

Carmen Olego Cacharrón relevó a sus padres, Gonzalo y Josefa, al frente del comercio que abrieron en Teis hace 43 años, al regresar de la emigración en Buenos Aires

12 ene 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Los lazos de sangre fueron el motivo de que Gonzalo Olego Voces y su mujer, Josefa Cacharrón Torres, se asentaran en Vigo. La pareja, él de León y ella de Lugo, ya se había aventurado antes yendo mucho más lejos de sus lugares de nacimiento. Buenos Aires fue la gran ciudad elegida para labrarse un futuro próspero, primero por separado y luego juntos, ya que se conocieron en la pensión que había abierto la hermana mayor de ella, a la que él llegó como huésped. Y allí estuvieron hasta que la situación económica se fue complicando en el país. Fue entonces cuando decidieron volver a Galicia, y Vigo, donde ella tenía otra hermana, fue su destino.

«Llegamos un 12 de octubre de 1970», recuerda su hija Carmen, hoy al frente del negocio tras la jubilación de sus padres. No lo olvida, porque según explica, para ella, que nació en la capital argentina y contaba 13 años, fue muy duro adaptarse a la nueva situación en una etapa del crecimiento ya de por sí complicada.

Gonzalo y Josefa cogieron el traspaso de La Monfortina, conservando el nombre del comercio que llevaba un año y pico abierto, en el que estaba una sobrina suya de empleada. «Era en el local contiguo, pero con el tiempo se fue deteriorando, requería una reforma integral, así que hace once años nos movimos a este, que era un antiguo almacén de frutas».

Carmen, hija única, ayudaba en la tienda en sus ratos libres. Tras acabar el bachillerato hizo los estudios de administrativo, pero sus padres la convencieron: «Eran otros tiempos, en aquella época se hacía mucho dinero con el comercio. Además era hija única y me decían ?¿Adónde vas a ir? Quédate con nosotros?. Y bueno, me quedé, aunque yo tenía posibilidad de haber entrado como administrativa en Citroën», relata. Cuando empezó a enfermar su padre, fallecido hace una década, ella ya se introdujo en el negocio más en serio, aún al lado de su madre, que hoy en día, a sus 92 años, la acompaña sentada en una silla.

Su marido, Gerardo Pérez Lago, también pertenece al gremio tras abandonar el sector del automóvil. «Trabajaba en Citroën, pero pidió la cuenta y decidió hacerse viajante de Ferrys y lleva toda Galicia», explica. La marca textil con fábrica en Valencia es una de las firmas españolas de las que dispone, «aunque cada vez hay menos, porque van desapareciendo», lamenta. Pero en su establecimiento en el que fueron abandonando la mercería por razones de espacio, se pueden encontrar algunas de las que siguen peleando contra el textil asiático, como Punto Blanco o la gallega Selmark, puntera en el sector de lencería, género que trabaja junto a ropa interior y de andar por casa tanto de adultos como de niños, para los que también tiene desde pañales de tela de gasa a prendas de calle.

En la Monfortina hay alegría y conversación. El diálogo que en otras tiendas se reduce a «En efectivo o con tarjeta?», aquí se transforma en un intercambio familiar de estados de ánimo y salud. «Soy un poco psicóloga», afirma ella sobre el trato con su clientela, que llega desde otros barrios de Vigo, desde Cabral a Coia.

La zona también cambió mucho desde que la tienda abrió sus puertas tras el mercado de Teis. «Donde ahora está el súper antes estaba la plaza del pescado y cuando cerraba, las pescantinas venían a hacer sus compras», recuerda.

Sus hijas, Patricia y Marta, se criaron literalmente en el local donde su madre instaló durante su infancia un parque para bebés y donde hacían sus deberes al salir de clase. Pero su dedicación profesional al sector sanitario y al turístico hacen poco probable el relevo.