El sueño de dos viajeros

Begoña Rodríguez Sotelino
b. r. sotelino VIGO / LA VOZ

FIRMAS

Oscar Vazquez

Delfina Cendón y su marido dejaron su profesión de maestros para levantar un gran hotel

20 oct 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Delfina Cendón y Adriano Rodríguez Rivas son desde hace décadas empresarios de hostelería con un prestigio ganado a base de trabajo y dedicación cuyo emblema principal es uno de los hoteles más estables y carismáticos de Vigo. Pero sus comienzos en el sector fueron pura aventura. Ambos eran maestros y a los dos les encantaba viajar. En una de sus escapadas, en Cartagena, empezó a gestarse un cambio de vida radical.

«Entonces se viajaba sin reserva, llegabas y siempre encontrabas donde dormir, pero en aquella ocasión no fue así. No había ni una plaza. Mi marido, que ya se había iniciado como empresario con un proyecto modesto, se vino rumiando la idea de que si algún día hacía una gran inversión, sería para construir un hotel. Vigo entonces tampoco tenía muchos, estaba en pleno crecimiento y empezaba a recibir a muchísimos turistas», cuenta Delfina. La directora del establecimiento recuerda que antes de lanzarse encargaron un estudio de mercado cuyos resultados confirmaban sus teorías. El negocio del turismo estaba en ebullición.

Poner en pie un proyecto de envergadura no era tarea fácil: «Llevó largo tiempo comprar los solares donde, entre otras cosas, había una tonelería, ya que eran varios terrenos de distintos dueños y la edificación fue lenta porque el crédito no llegaba», recuerda. Pero también piensa que aunque se trataba de una apuesta de riesgo, eran tiempos en los que ser emprendedor era lo común. «La sensación de miedo ni se contemplaba», asegura.

Cendón explica además en ese momento se exigía la carrera de técnico de empresas y actividades turísticas para dirigir un hotel, «con tan buena suerte que en Vigo estaba la Escuela San Jorge, donde se podía hacer la carrera». Pero no veía tan claro culminar con éxito unos cursos de mañana y tarde teniendo dos hijas pequeñas a las que atender. «Pensé que no podría, pero lo hice. Terminé la carrera al tiempo que se terminó de construir el hotel». Pero seguía siendo inexperta y tomó una sabia decisión. «Contratamos a un director portugués con una gran experiencia y nivel, un hombre del que aprendí muchísimo porque yo, recién salida de la escuela, no tenía la destreza suficiente para ponerme al frente de una empresa de la que dependían y dependen un montón de familias. Dediqué muchas horas de mi vida a que fuera un éxito, pero no hubiera llegado a nada si no tuviera la enorme colaboración de la cadena humana que se formó con toda la gente que trabajó aquí», reconoce.

Delfina Cendón opina que su hotel, que ya tiene 36 años pero no se le notan porque se renueva periódicamente, nació como lo hace un hijo deseado, «vino ya con un prestigio, con cariño, siempre sentí que la ciudad estaba contenta con su existencial», asegura.

El carácter familiar, a pesar de tratarse de un hotel de cuatro estrellas con muchas habitaciones (101) para conseguir imprimir este trato hogareño al cliente, siempre ha caracterizado a su empresa. Y el mismo talante quiso imprimir a su segundo hotel, el Axis, que consiguieron inaugurar en julio del 2010 después de años de trabas burocráticas que recuerda como una pesadilla interminable. «No me extraña que a la ciudad se le escapen tantas oportunidades. No te lo ponen fácil para invertir», opina.

El hermano menor, con 74 habitaciones y también cuatro estrellas, fue bautizado así porque la palabra, en latín, significa eje, como el céntrico enclave urbano en el que se asienta y desde cuya terraza que se usa como restaurante, se contempla una magnífica panorámica.

Delfina y Adriano van soltando poco a poco las riendas de un negocio, que reconocen, les cuesta soltar. «Nunca creí que ninguna de nuestras hijas iba a dedicarse a esto», confiesa. Marta es ingeniera agrónoma, pero Patricia, tras estudiar Derecho, márketing y dirección de empresas, encarna el revelo generacional.